NOTA DE TAPA
NUESTRA CIUDAD NO ES UNA ISLA
Es el corazón de un sistema vital que late mucho más allá de sus fronteras meramente administrativas. La región metropolitana exige un modelo de cooperación que supere la fragmentación actual. La avenida General Paz no puede separar lo que la realidad social y económica une.
Escribe: Lic. MÓNICA RODRÍGUEZ. Dirección.
La ciudad de Buenos Aires junto a cuarenta municipios del conurbano bonaerense conforman una enorme megalópolis que se enfrenta a desafíos que necesitan ser atendidos. Las respuestas que se den a cada uno de los temas y problemáticas que hay que enfrentar, sin duda afectan de manera directa la vida diaria de quienes residimos en estos territorios y al mismo tiempo en materias más abarcativas, como es la infraestructura y cuestiones ambientales, impactan en el presente y condicionan el futuro.
Lo ideal, cuando abordamos temas tan complejos es comenzar exponiendo algunos datos básicos.
En términos poblacionales, el último censo (2022) determinó que dentro de los límites de la ciudad de Buenos Aires residimos 3.120.612 habitantes.
Cuando contemplamos a nuestra ciudad desde una perspectiva más integral, vemos que está inserta en un conglomerado mucho mayor, llamado área metropolitana de Buenos Aires -AMBA- en la que viven más de 16 millones de habitantes en una superficie de apenas 13,267 km2. Y lo único que separa es el límite interjurisdiccional de la avenida General Paz, una “frontera” por demás difusa en términos físicos, sociales y culturales.
Es decir, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 40 municipios de la Provincia de Buenos Aires (Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, Berisso, Brandsen, Campana, Cañuelas, Ensenada, Escobar, Esteban Echeverría, Exaltación de la Cruz, Ezeiza, Florencio Varela, General Las Heras, General Rodríguez, General San Martín, Hurlinghan, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, Lanús, La Plata, Lomas de Zamora, Luján, Marcos Paz, Malvinas Argentinas, Moreno, Merlo, Morón, Pilar, Presidente Perón, Quilmes, San Fernando, San Isidro, San Miguel, San Vicente, Tigre, Tres de Febrero, Vicente López, y Zárate) conforman una megalópolis, un fenómeno urbano, demográfico y político único en nuestro país porque en una superficie de apenas 0,4% del total del territorio del país, se concentra aproximadamente el 37 % de la población, el 50% del PBI y el 38% del padrón electoral.
Respecto a la movilidad, el AMBA es una región interconectada por las dinámicas propias de sus habitantes: diariamente se realizan 29 millones de viajes en todo el territorio, cruzando diferentes jurisdicciones municipales.
Más de 1 millón de vehículos ingresan diariamente a la Ciudad de Buenos Aires provenientes de la Provincia de Buenos Aires y alrededor de tres millones de personas cruzan entre la Ciudad y la Provincia a trabajar, estudiar, por atención médica, esparcimiento y/o para visitar a familiares y amigos.
Aproximadamente seis millones de personas utilizan la red de transporte público del AMBA; un porcentaje considerable de bonaerenses se atienden en la salud pública de la ciudad y forman parte del sistema de educación pública porteño. Al tiempo, nuestra ciudad genera cada día 7.000 toneladas de residuos, una parte considerable la envía a rellenos sanitarios de la provincia de Buenos Aires, con el consiguiente impacto que esta disposición tiene sobre las localidades en las que se realiza.
Otro tema central, que no puede ser soslayado son las cuencas hidrográficas que comparte la ciudad con algunos de los municipios de la provincia, como el sistema del río Matanza – Riachuelo, los arroyos Cildañez, Maldonado y Medrano.
En el plano político, nuestra ciudad autónoma, sigue siendo la capital de la República Argentina y como tal, no podemos olvidar que a lo largo de la historia se vio beneficiada por una infraestructura que fue dotada con recursos del Estado Nacional. Un ejemplo claro son los 22 hospitales y los numerosos establecimientos educativos que pasaron de la órbita nacional a la jurisdicción local cuando en la década del ´90 el presidente Menem decidió municipalizar la salud y la educación. Como capital de la república, sigue manteniendo la responsabilidad institucional y constitucional de no discriminar a ningún residente del país.
Y vale tomar como ejemplo los hospitales y las escuelas. En el caso de los hospitales, no solo se transfirieron los edificios sino todo su equipamiento, y quizás, lo que es más importante y trascendente en el tiempo: los recursos humanos y el know how que se fue transfiriendo de generación a generación de profesionales formados en esos nosocomios. En el plano de la educación sucede algo similar. Y para poner solo un ejemplo en nuestra comuna, baste mencionar que el recientemente remodelado y restaurado Palacio Ceci fue una expropiación que hizo la Nación durante la presidencia de Onganía para que sea destinado a escuela de niños y jóvenes hipoacúsicos. A partir de la década del `90 pasó a ser patrimonio de la ciudad de Buenos Aires.
Desde una perspectiva federal, por su peso demográfico, político y en la economía real, lo que sucede en el AMBA repercute con fuerza en todo el país.Por eso, se requiere un diagnóstico y tratamientos adecuados.
Existen algunos dispositivos específicos que se fueron desarrollando enfocados a temas metropolitanos. Del agua y el saneamiento (AySA), de los residuos (CEAMSE), de la cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR), de la distribución de frutas y verduras (Mercado Central) y del transporte de personas y bienes (Agencia Metropolitana de Transporte).
Antecedente más recientes de conseguir mayor institucionalidad a en el AMBA fue la creación de un gabinete metropolitano en el año 2016 y la creación, en esa misma época de la Comisión Consultiva del Área Metropolitana de Buenos Aires (COCAMBA), integrada por representantes del gobierno nacional, provincial y de la ciudad.
Pese a estos esfuerzos, la pandemia se transformó en un espejo del estado de situación de la región metropolitana. Al verificarse una serie de efectos producto de la misma, que tenían que ver con la realidad metropolitana, se expresaron cuestiones como la fragmentación del sistema sanitario, la falta o deficiencia de estadísticas e indicadores sociales confiables sobre los cuales tomar decisiones de política pública, y sobre todo la carencia de espacios institucionalizados de cooperación entre los actores gubernamentales.
Avanzar en un modelo de cooperación y gobernanza en el AMBA es uno de los grandes desafíos que enfrenta hoy nuestro país, la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Es necesario promover mayores instancias de diálogo en el nivel político, para avanzar en la conformación de espacios institucionalizados, de forma progresiva y capitalizando la experiencia de los entes existentes.
Es importante desarrollar una mirada integral que favorezca la coordinación de esfuerzos, recursos y acuerdos entre la diversidad de actores que pesan sobre estos territorios.
Favorecer la cooperación a nivel metropolitano permitirá identificar prioridades y definir objetivos; involucrar a los distintos actores de gobierno y de la sociedad civil que deben y pueden contribuir con estos fines; diseñar modalidades de trabajo entre los diferentes niveles y sectores; y en definitiva, articular esfuerzos y consensuar políticas públicas metropolitanas.
Millones de personas dependemos de ello y el bienestar de todos es el principal objetivo que debería estar en el horizonte de quienes nos gobiernan.
En definitiva, nuestra ciudad no es una isla, es el corazón de un sistema vital que late mucho más allá de sus fronteras meramente administrativas. Ignorar la realidad metropolitana es darle la espalda a la cotidianidad de millones de personas que día a día cruzan de un lado a otro de la avenida General Paz para trabajar, estudiar, sanar o simplemente para visitar a familiares y amigos. El gran desafío de nuestra época no es trazar límites, “levantar muros” y establecer compartimentos estancos, es construir puentes de gestión sólidos y transparentes. La “General Paz” debe dejar de ser vista como una frontera para consolidarse como un gran punto de encuentro que nosotros desde la comunidad unimos a diario. Hoy más que nunca, es necesario anteponer el bienestar común y la mirada integral a cualquier interés sectorial. Porque, al final, los gobiernos cumplen sus mandatos, los funcionarios en algún momento dejan sus cargos y los ciudadanos de a pie nos quedamos, disfrutando de las buenas políticas públicas o padeciendo las malas decisiones. Necesitamos que quienes nos representan fomenten la integración que nosotros practicamos en cada viaje, en cada encuentro y en cada abrazo.”








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