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jueves, 10 de septiembre de 2026

OPINIÓN

TRANSPORTE PÚBLICO DE PASAJEROS


GOLPES AL BOLSILLO Y SERVICIOS DE PEOR CALIDAD


La disparidad de tarifas entre distritos, el desmantelamiento de la Red SUBE y el congelamiento de subsidios empujan el costo de viajar. En medio de promociones bancarias y pagos digitales, la demanda se desploma y la calidad del servicio empeora.


 
Viajar en transporte público en Buenos Aires y más aún en "horas pico" no suele ser cómodo ni placentero. Esto es así desde hace muchísimos años. Las unidades suelen ir colmadas de pasajeros y el viejo chiste que traducía la palabra colectivo como "suban, empujen, estrujen y bajen" parece una definición casi perfecta de cómo deben viajar miles de pasajeros a diario en el área metropolitana de Buenos Aires.

Pero al hecho de viajar mal, en los últimos tiempos se han sumado otras cuestiones como el costo del boleto. Una cuestión que antes casi no incidía en la economía individual, hoy se transformó en una variable de peso a la hora de trasladarse.

El transporte público de pasajeros del área metropolitana de Buenos Aires ha sufrido desde  2023 a la fecha una serie de transformaciones donde se superponen la reducción de subsidios, un aumento de boletos, políticas de desregulación y descoordinación de las medidas que llevan adelante la nación, provincia y la ciudad de Buenos Aires.


CADA CUAL ATIENDE SU JUEGO

Este lema parece calzar muy bien para definir la realidad que hoy vivimos los usuarios del sistema de transporte público de pasajeros del AMBA.

La reducción de subsidios y los aumentos autorizados hizo que  el boleto mínimo de colectivos de la ciudad de Buenos Aires pasara de valer $53 en noviembre de 2023 a $887,99 a partir del 1º de septiembre de 2026, lo cual implica un aumento de 1575%.

Pero a diferencia de lo que sucedió hasta 2023 donde el gobierno nacional definía las actualizaciones para las tres jurisdicciones, hoy la nación, la provincia y la ciudad manejan sus propias políticas y esto generó sustantivos desfasajes en los cuadros tarifarios, con distorsiones que hacen que haya pasajeros que abonan hasta un 56% más el costo de un pasaje por trayectos de similar extensión.
 
 


Pongamos un ejemplo: un boleto mínimo (de 0 a 3 km) en una línea de colectivos que depende del gobierno nacional (interjurisdiccionales) sale $742,81; mientras que el mismo trayecto en líneas que dependen de la ciudad de Buenos Aires cuesta $887,99 y si viajás en una empresa que tiene recorrido solo en la provincia pagando por el mismo tramo  $1164,47 . Estos valores rigen para quienes tienen la SUBE registrada, sino el valor es bastante más alto. Es decir, si tengo que viajar de Villa del Parque a Chacarita y decido subir al  78 pagaré un boleto de $742,81 porque es una línea que regula la Nación, mientras que si tomo el 47 pagará $887,99 porque la línea está bajo jurisdicción de la ciudad que estableció otra escala de tarifas.

LOS MÁS DÉBILES, LOS MÁS DESPROTEGIDOS

A las medidas mencionadas se sumó que, a partir del 30 de junio, el gobierno nacional decidió congelar el mecanismo de subsidios al transporte mediante la Resolución 40/2026.

Hasta esa fecha los beneficiarios de la tarifa social abonaban el 55 por ciento del boleto, mientras que el 45% restante lo financiaba el gobierno central. Sin embargo, ese equilibrio se va rompiendo a medida que pasan los meses y se actualizan los cuadros tarifarios por encima del valor congelado, de esta manera se va reduciendo progresivamente la incidencia del subsidio nacional.

A partir de julio, todos los aumentos que fueron dispuestos por la provincia, municipios y/o la ciudad ya no impactan en el aporte nacional, que quedaron congelados sobre aquel parámetro de junio.

En la práctica, cada vez que un distrito sube el boleto, la porción que paga el Estado nacional no crece, por lo que la diferencia recae directamente sobre los pasajeros o sobre las arcas locales que deciden asumir la diferencia porcentual del subsidio que va quedando rezagado.

El universo afectado son los jubilados, pensionados, personal doméstico, veteranos de Malvinas y tenedores de la Asignación Universal por Hijo, entre otros.


TARJETA SUBE: AL HORNO

La Tarjeta SUBE parece tener sentencia de muerte y en la lenta agonía que la van haciendo transitar, le van quitando beneficios a los usuarios.

Otro golpe al bolsillo de los ciudadanos de a pie es la medida que comenzó a regir a partir del 10 de agosto que eliminó el descuento del 50% que ofrecía la RED SUBE al realizar la combinación entre el tren y el subte en la Ciudad de Buenos Aires.

De manera que si tenés que tomar tren y luego combinarlo con el subte, ya no tendrás el beneficio del 50% de descuento en la tarifa del subte, abonás tarifa plena. Para quienes van en sentido contrario -primero toman subte y luego tren-, el beneficio se mantiene para el segundo medio de transporte.

La anulación del beneficio en la combinación tren-subte se suma a las otras modificaciones mencionadas, y van profundizando la desarticulación del transporte público en el AMBA.

Especialistas del sector no dudan en afirmar que la falta de integración tarifaria desincentiva el uso combinado del transporte masivo de pasajeros y encarece notablemente los costos de movilidad diaria para los usuarios, especialmente a quienes viajan desde la periferia hacia el centro de la Ciudad.

Las malas noticias no terminan ahí. El saldo negativo de la tarjeta SUBE hoy apenas alcanza para cubrir menos de dos viajes mínimos, evidenciando la creciente dificultad de la población para costear un derecho tan básico como el desplazamiento diario.

A esto se suma que los últimos días el Gobierno Nacional anunció que está evaluando reemplazar progresivamente la "SUBE" por formatos de pago 100% digitales, considerando un período de transición durante el 2027.

En este sentido, diversas fuentes sostienen que el gobierno estaría en conversaciones para celebrar convenios con las principales billeteras virtuales del país, como son Mercado Pago y Ualá, de manera que los usuarios puedan pagar el pasaje directamente desde sus cuentas digitales. La manera que encuentren de incentivar el uso de esta tecnología sería con descuentos y beneficios exclusivos que otorgarían las plataformas.

La pregunta que surge es: cuando el sistema digital esté 100% implementado, ¿ qué va a pasar con aquellos que no cuentan con esta tecnología o no estén adheridos al sistema financiero formal?, ¿estarán vedados de usar el transporte público de pasajeros?


PAGO ABIERTO

Lo cierto es que el uso de tarjetas bancarias, contactless, teléfonos, relojes inteligentes y códigos QR son una modalidad que ya está en vigencia, se viene dando y compitiendo con la tarjeta SUBE a partir de las desregulaciones impuestas.

Esta apertura en las formas de pago de los boletos de colectivo ha sido útil para usuarios que cuentan con equipos que tienen incorporada esta tecnología y capacidad de acceder a entidades bancarias, financieras o billeteras virtuales.

Descuentos en los viajes

El pago abierto sumado a la competencia entre entidades financieras por captar o mantener clientes activos, se ha transformado para muchos en la posibilidad de reducir los costos de los viáticos.

Algunos bancos y billeteras brindan reintegros para quienes abonen el boleto con transporte NFC o QR. Algunas bonificaciones llegan al 50% aunque es recomendable prestar atención a los medios de pago y los topes mensuales.

En septiembre relevamos las siguientes promociones:
Mástercard mantiene el 50% de reintegro pagando desde el celular mediante tecnología NFC. El tope de reintegro es $15.000 mensuales por mes y por tarjeta. Para utilizarla es necesario incorporar la tarjeta a una billetera virtual compatible y acercar el teléfono al lector contactless del colectivo.

Galicia, 50% con Mástercard crédito.  Quienes paguen viajes en colectivos habilitados utilizando una Mástercard de crédito Galicia mediante NFC, desde celular o reloj inteligente, recibirán un 50% de reintegro, con un máximo mensual de hasta $15.000.

Banco Macro: la entidad devuelve el 20% del valor de los viajes en colectivos y subtes con un tope de $10.000 al mes por usuario.

Santander continúa promocionando un 50% de ahorro en subtes y colectivos dentro de su cartera de beneficios.

Tarjeta Naranja: ofrece 50% de reintegro con un tope de $5.000 mensuales.

Es importante, antes de adoptar formas de pago que no sean la SUBE, prestar atención a las condiciones, porque el porcentaje de devolución no es el único dato que hay que tener en cuenta. También es importante contemplar los topes mensuales, el medio de pago exigido y la tecnología que debe utilizarse para acceder a los beneficios (NFC o QR). También hay que atender si se debe tener dinero en cuenta o hay que usar una tarjeta determinada.

Todo este tipo de promociones solo funcionan en colectivos cuyos validadores se encuentran habilitados para aceptar esos medios de pago.


CAÍDA DE LA DEMANDA, PEOR SERVICIO

Uno podría suponer que un aumento del 1575% del costo del boleto debería haberse convertido en un mejor servicio, pero esto no sucedió.

Las empresas reportan que más allá de los aumentos, se ven superadas por los costos operativos que se suman a una fuerte caída de la demanda.

Según un informe de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), a principios de agosto de 2026 la cantidad de pasajeros que viajan en días hábiles se desplomó un 19% interanual.

Según datos del Ministerio de Transporte de la Nación, la cantidad de usuarios de transporte público de pasajeros en los últimos tres años bajó en todas las modalidades.

En los últimos tres años, el subte registra una merma de usuarios del 60% mientras que en tren viaja un 48% menos de pasajeros y las líneas de colectivo sacrificaron 1.700.000 personas transportadas, lo que representa una baja del 46%.

En consonancia con los números, el ajuste se tradujo en menores frecuencias e incluso ciertas líneas han suspendido los recorridos nocturnos , mayores tiempos de espera, largas filas y peores condiciones de viaje en las horas pico.

Nada de esto ha resultado en beneficio del sector que va profundizando la crisis. Ante la baja de la rentabilidad esperada, hay empresarios que optan por vender o fusionarse. De esta manera, se observa que paulatinamente grandes holdings van acaparando las líneas de colectivo, comenzando a definirse un modelo de transporte público de pasajeros cada vez más concentrado y en menos manos.

viernes, 10 de julio de 2026

OPINIÓN

CHICOS DE BARRIO


¿ALGUNO PARA JUGAR AL CHUPI?


Escribe: SERGIO LOMBARDO. Vecino de Villa Pueyrredón


La letra del tango “Como dos Extraños” dice “como cambian las cosas los años”.

Antes los chicos éramos más independientes. Madurábamos junto a los otros chicos. Pasábamos horas en la calle, a media cuadra, una o dos cuadras a lo sumo de nuestras casas. Sin que un adulto estuviera vigilando cada movimiento. De repente aparecía un vecino en camiseta ballenera, sentado en la puerta de su casa, abrazado al respaldo de una silla dada vuelta. Estuviera solo o conversando con otro, su mirada de soslayo alcanzaba para poner orden entre nosotros. Casi todos los vecinos nos conocían, en general trabajaban menos horas que ahora. El ritmo era más tranquilo, menos frenético.

Eran tiempos de ir a la escuela en un solo turno. Después llegaron las de doble turno que nos quitaron tiempo de calle.

No había salvo excepciones, algunos que tomaran clases de inglés – karate - natación. Eran los menos, los distintos. Para la mayoría la vida era escuela y calle.

Nadábamos estilo pecho en los charcos y espalda en las zanjas que dejaban las lluvias sobre las calles de tierra. Porque esa palabra que hoy escuchamos a cada rato “ciclogénesis”, que el decirla nos valoriza, el fenómeno es más viejo que el jopo.

Fuera del centro y cercanías las calles de los barrios eran de tierra con alguna principal de adoquines- made in- Isla Martin García hechos por los presos. Así era buena parte de la Capital Federal, ahora CABA, en el inicio de la segunda mitad del siglo pasado.

Todo este rodeo viene a cuento para meternos en un tema que hoy moviliza a grandes y chicos: “Las Figuritas”.


Hoy los papás están igual o más ilusionados que sus chicos en llenar el álbum. No recuerdo un momento con mi papá, jugando o pegando figuritas. Esa experiencia estaba negada. Por esto no quiero instalar la idea que “todo tiempo pasado fue mejor”. Me parece muy lindo que los papás compartan la ilusión de llenar el álbum con sus chicos.

Pero algo cambió, ese mundo era exclusivamente nuestro, de los chicos.

Había que salir a negociar, discutir, perder y ganar. Uno se exponía frente a los otros y jugando iba descubriendo sus virtudes y limitaciones.

Cuando veo hoy un tumulto de gente, no es un encuentro político, están cambiando figuritas.

El Domingo pasado caminando por la orilla del Tigre, vi un encuentro nutrido de gente cerca del embarcadero a las lanchas de Paseo. Pensé cuanta gente con ganas de navegar por el Delta. Pero no. Estaban cambiando figuritas.


Antes era distinto. Más lúdico. Las figuritas se compraban, sí, pero sobretodo se ganaban. Casi no existían cambios.

Uno compraba algunos sobres y después salía a jugarse. Por eso era normal no completar el álbum. Casi ninguno lo llenaba. Y quizás ahí estaba el secreto, la ilusión.

Jugábamos “Al Punto”: desde unos tres metros había que hacer planear la figurita hasta una pared. El que la dejaba más cerca se llevaba todas.

Estaba “La Tapadita”: Se tiraban las figuritas y si uno lograba cubrir a otra quieta en el suelo, premio mayor, todas al bolsillo.

También “El Espejito”: se apoyaba una figurita contra la pared, apenas inclinada y había que voltearla con otra lanzada desde cierta distancia. Si lo conseguías te llevabas el botín.

Pero mi especialidad era “El Chupi”. La regla era simple: se apoyaba la figurita en el piso y había que darle un golpe con la palma de la mano para darla vuelta. Si lo lograbas seguías pegando. Si fallabas el turno pasaba al rival.

Con toda humildad debo decir que fui Campeón Mundial de Chupi durante una década. La llamo mi Década Dorada.

Tenía una palma zurda endemoniada. Y eso que competí contra otros que en vez de palma parecía que tenían manoplas.

Hasta que un día cerca de los veinte, mi viejo al verme jugar, siempre diplomático con buenos modales me dijo: “Pendejo de mierda dejá las figuritas y andá a laburar”.

Y así terminó la “Época Dorada” del mejor jugador de Chupi que vieron estas tierras. Ahora díganme.

¿Alguno para jugar al Chupi?

miércoles, 4 de enero de 2023

OPINIÓN

LA VIDA MISMA …


DESPEDIMOS UN AÑO…

y estamos en enero de 2023, expectantes ante lo que viene

Escribe Lic. FELIPA MARÍA DE ABAJO


Siempre pienso que cuando se quiere, se puede…frase que más de una vez utilicé conmigo misma, con mis alumnos, con mis hijas y nietos. El transcurso del año 2022 fue, a mi entender, muy especial, por decirlo de alguna manera. De pronto revivieron situaciones que nos despertaron del letargo en el que estuvimos debido a la pandemia, lo cual nos mantuvo en una especie de encierro necesario, al que nos vimos obligados para preservar la salud de uno mismo y del otro.

De pronto, al finalizar esa situación, y como seres fuertes que no se dejan vencer, nos animamos a salir a la calle, a retomar obligaciones diarias que habían quedado relegadas esperando salir nuevamente a escena; parecía raro dejar de lado barbijo y alcohol. Fueron cambiando nuestras emociones, esos estados afectivos que experimentamos en el diario vivir. Y así, poco a poco, pasamos de la inseguridad, la confusión, el miedo y hasta de la incomprensión y el enojo; a la serenidad, la confianza, la felicidad de ver y vivir los cambios positivos. Todos, sin distinción de edad, atravesamos esta situación.

Y como toda experiencia nueva, ese tiempo también sirvió para readaptarnos a otras formas de resolver las actividades del día a día, una de ellas fue el gran avance del uso de la tecnología para tareas o costumbres que hacíamos de manera diferente; un aprendizaje nuevo y útil.

Otra vez, y ya con más confianza en volver a acercarnos al otro, retomamos reuniones, la posibilidad de los viajes, las clases presenciales, los clubes y asociaciones a pleno con sus actividades, el ir y venir cotidiano … en fin, la vida.

Y en un abrir y cerrar de ojos, llegó diciembre, y con él, entre otros acontecimientos, nos absorbió el futbol a través del mundial, y aquí sí, las emociones a pleno con un hermoso final. Dicen los que entienden que, si hay un buen liderazgo, un buen equipo, convicción y acción, el sueño se logra. Asistimos a la finalización de las clases con sus actos respectivos; las reuniones de diferentes grupos para festejar juntos un año vivido; el armado del arbolito en algunos casos, las compras, los saludos, las vacaciones…

Y estamos en enero 2023…expectantes ante este nuevo año, reorganizando agenda. Seguramente echaremos mano de esas emociones positivas que nos hacen vibrar alto, buscando el equilibrio, la energía que nos pone de pie, los pensamientos asertivos, las buenas compañías, las palabras positivas. Todo un paquete de actitudes y decisiones que nos ayudan a emprender cada día con el deseo de agradecer siempre, aún con las dificultades de las que nadie está exento, y proyectando nuestra voluntad en construir lo nuevo. Por eso…fuerza, convicción y acción para este nuevo año. Cada día es un desafío nuevo y… cuando se quiere, se puede!

Nos vemos en la próxima.

(FUENTES: formación profesional; apuntes varios, entrevistas, viajes. Colaboración ad honorem)

viernes, 14 de octubre de 2022

OPINIÓN

CAMBIOS


UNA SOCIEDAD POSTPRESENCIAL

Escribe: FRANCO CINALLI


El tan mentado “retorno a la normalidad” resulta un problema. Luego de dos años de pandemia, y con indicadores de contagio bajos, porcentajes muy altos de vacunación y el fin de todas las restricciones oficiales que impuso una pandemia sin precedentes en la historia contemporánea; asistimos a un vacío de propuestas que tomen los aprendizajes que deberíamos haber hecho, gracias a todas las restricciones que tuvimos que atravesar hasta hace muy poco.

A lo largo de la pandemia, hemos escuchado diversas frases como “nadie se salva solo” o “de esta salimos mejores”. ¿qué pasó con esa recreación de un sentido colectivo en un mundo que parece apuntar en la dirección contraria? ¿en qué momento se desdibujaron o incluso se olvidaron esas frases? ¿ya no tienen sentido porque la pandemia “ya pasó”? ¿necesitamos una pandemia para darnos cuenta de que somos uno con la Tierra y entre nosotros? ¿cómo es posible que nos olvidemos tan rápido de tan valiosas lecciones?

Uno de los cambios más importantes que parece haberse asentado luego de la pandemia es la acelerada virtualización de un conjunto cada vez más amplio de actividades, ya sean laborales, educativas, sociales o culturales en una gran y diversa gama.

Esta virtualización trajo consigo una mejora sustancial de la calidad de vida de la población y del ambiente urbano. Basta ver los resultados de diversas encuestas a trabajadores de estos sectores “no esenciales” para corroborarlo. Como así también la percepción generalizada de aire más limpio, entornos públicos más habitables, y hasta una mayor presencia visual y sonora de pájaros. Existen numerosos testimonios y análisis sobre la importancia de frenar una buena parte de las actividades humanas que generan emisiones de gases de efecto invernadero. Uno de ellos puede verse acá.

En septiembre de 2021 Newmark Argentina mostró los resultados de una encuesta realizada a trabajadores de más de 190 compañías en la cual el 67% de la planta elige la modalidad de trabajo híbrido con un fuerte componente de “home office”. No hay razones para suponer que en el sector público esto sería diferente. Los resultados completos de dicha encuesta los podés ver acá.

También un estudio de Advanced Workplace Associates señala que sólo un 3% de los trabajadores prefiere asistir a la oficina los cinco días de la semana, mientras que el 86% quiere trabajar desde su casa al menos dos días a la semana.

A su vez, numerosos especialistas se han expresado en favor de estas tendencias, incluso antes de la pandemia, tales como la abogada Viviana Laura Díaz y el juez nacional del trabajo Julio Grisolía. En el caso de Díaz, ella es la autora del libro “La oficina en casa. Mitos y realidades del teletrabajo” donde demuestra con datos, estudios y sólidas explicaciones conceptuales y constataciones empíricas lo deseable que resulta para el conjunto de la comunidad el teletrabajo como modalidad laboral. Este libro se publicó en 2013 cuando aún una pandemia como la del coronavirus era imposible de imaginar. Más recientemente, esta abogada se ha expresado críticamente acerca del, a su juicio, acelerado retorno a la modalidad laboral prepandémica, incluso en sectores que habían trabajado de manera remota sin ningún problema. Como puede leerse en esta nota.

En el ámbito educativo se pueden ver tendencias similares, aunque en este caso, mucho más condicionadas por el peso inercial de tradiciones normativas. Por lo cual, el regreso a la presencialidad ha sido más considerable, aunque no siempre justificado, ni siquiera en términos pedagógicos. En este sentido, también numerosos especialistas en educación se han expresado en favor de migrar hacia universidades que adopten de forma inteligente una mixtura entre actividades y clases presenciales y a distancia. La mayoría de estos considera, en general, que se trata de dos instancias del proceso de enseñanza-aprendizaje que se pueden retroalimentar positivamente a medida que docentes y estudiantes lo consideren necesario. En ningún caso se aboga por una presencialidad o una virtualidad totales, dejando de lado todo fetichismo posible.

Entre los numerosos autores que abonan por este paradigma se encuentran la Doctora en Educación Mariana Maggio, Hugo Pardo Kuklinski y Cristóbal Cobo, Silvia Andreoli y Diana Mazza, entre tantos otros.

Asimismo, quiero expresar mi preocupación ante el avance irreflexivo, regresivo, nocivo para la salud física y mental del grueso de los trabajadores y para el ambiente y calidad de vida urbanos de esta presencialidad innecesaria. Creo que todavía estamos a tiempo de generar políticas públicas que rescaten todos los aportes y enseñanzas positivos que nos ha facilitado la pandemia. Los datos que respaldan esta afirmación son contundentes.

Por todas estas razones, creo yo que mantener a distancia todas las actividades posibles, necesarias y deseables es algo bueno para el conjunto de la sociedad. Por supuesto, siguiendo la jurisprudencia vigente, toda forma de teletrabajo o teleeducación debería ser voluntaria y preferencial; pero a su vez, debería estar garantizada si es que el trabajador o el estudiante así lo desea, prefiere o necesita. Es, sin ninguna duda, un aporte individual que repercute en un bienestar colectivo. Por si hace falta explicarlo, menos personas circulando en la calle, aún sin pandemia, permite un tránsito más fluido, una conducción más placentera y segura, menor riesgo de accidentes, menos estrés, malestar y violencia social, mayor comodidad en el transporte público, menores niveles de interferencias por obras, menos smog y ruido, una mayor eficiencia energética global, menor exposición a la inseguridad, mayor ahorro en gastos de transporte, alimentación y vestimenta, mayor productividad por ahorro de tiempos improductivos, mayor disponibilidad de tiempo y energía para actividades recreativas, familiares y ambientales (entre las cuales podemos destacar el dedicarse a una mejor alimentación). Sin mencionar los beneficios que también han reportado las empresas por todo esto. Este nuevo paradigma al que nos invita -y yo agregaría, casi que nos obliga- la pandemia lo tenemos enfrente de nuestras narices. Da la impresión de que nunca fue tan sencillo dar el salto. Si a todas las razones mencionadas más arriba agregamos la movilidad sustentable, el mayor uso de la bicicleta, del transporte público y todo el conjunto de políticas “verdes” que ya tenemos en nuestra caja de herramientas, más otras que creativamente podremos generar, el resultado estará a la altura de las circunstancias y tal vez nos libere de otras pandemias.

Esto último nos remite a otro de los ejes de la postpresencialidad. Que la mayor proporción de los desplazamientos posibles deberían ser de carácter voluntario. Cuando a fines de 2020 y comienzos de 2021 el Estado Argentino decretó el fin de la cuarentena, fue sin duda una buena noticia en el sentido de que podíamos salir de la casa si así lo deseábamos. Pero todavía en ese momento no había, en una buena parte de empleos y de centros de estudio, un retorno a una presencialidad obligatoria, lo cual a muchos nos hacía pensar: “¿Para qué tendríamos que volver a eso?” O por lo menos, que ese regreso no fuese de manera total. Esto es así ya que pudimos percibir durante todo 2020 que habíamos ganado un montón de cosas buenas para nuestra vida que ahora -y creo yo, con todo el derecho del mundo- ya no estábamos dispuestos a abandonar. Es sin duda una herida enorme que hayamos tenido que pasar por una pandemia tan dolorosa para darnos cuenta de esto.