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lunes, 26 de octubre de 2026

EDITORIALES

NOTA DE TAPA


UNA CIUDAD, DOS MODELOS

De la Ciudad soñada en nuestra Constitución, a la ciudad real en la que hoy habitamos.


Escribe: Lic. MÓNICA ALEJANDRA RODRÍGUEZ. Dirección.


Nuestra Constitución, la que rige en la ciudad de Buenos Aires, cumplió 30 años de vigencia ininterrumpida. 

Más allá de los actos académicos y protocolares que movilizaron a especialistas, ciudadanos con una participación más intensa, a una parte de la dirigencia y funcionarios de gobierno, para la inmensa mayoría de los habitantes la fecha pasó totalmente desapercibida. Se perdió así una oportunidad histórica de haber hecho una campaña de concientización sobre la importancia que los principios plasmados en la letra de molde de ese libro tienen (o deberían tener) en la vida cotidiana que quienes habitamos la ciudad.

Lo cierto es que cuando esta Carta Magna se dictó, fue absolutamente disruptiva. Marcó un antes y un después. Hasta ese momento, quienes vivíamos en este territorio éramos meros habitantes de la Capital Federal, con derechos políticos muy acotados en el ámbito local. Residíamos en un municipio cuyo intendente no podíamos elegir, ya que era un delegado del Poder Ejecutivo Nacional designado por el presidente con acuerdo del Senado. En ese entonces solo votábamos a los miembros de un Concejo Deliberante que tenían facultades muy limitadas y a consejeros vecinales, cuyas funciones, en rigor, eran bastante difusas.

La Constitución no solo sentó las bases de nuestra autonomía, pasando de ser un mero municipio y asiento del gobierno federal a transformarnos en una ciudad-estado con jerarquía similar a la del resto de las 23 provincias argentinas; también trazó el rumbo de un modelo de ciudad con principios innovadores para la época. Una ciudad co-gestiva, con respeto por los derechos de tercera generación: ambientales, de consumidores y de usuarios; normas con perspectiva de género, descentralización política y desconcentración administrativa.


Celebración del 30º aniversario de la Constitución de la Ciudad

Pese a la indiferencia generalizada, un grupo de organizaciones no gubernamentales reunidas a instancias del Foro Vecinal Ciudadano impulsó una agenda conmemorativa y reflexiva. De este grupo participaron también las siguientes organizaciones de la sociedad civil: Rumbos, Basta de Mutilar Nuestros Árboles, Instituto Argentino Ferroviario y la Asociación Ciudadana por los Derechos Humanos.

Como puntapié inicial, realizaron una encuesta para evaluar cómo percibe la ciudadanía el texto normativo; sobre esos resultados, redactaron un Manifiesto reflejando los avances que los encuestados consideran que se fueron dando a lo largo de estos treinta años y las asignaturas que aún están pendientes. Finalmente, organizaron un encuentro institucional en el salón San Martín de la Legislatura de la Ciudad que fue encabezado por la Legisladora Bárbara Rossen (Fuerza por Buenos Aires)


¿Cómo percibe la ciudadanía la Constitución de la Ciudad?

A partir del relevamiento realizado, el Foro Vecinal Ciudadano concluyó que la Constitución es “percibida como invisible en la vida social” y que los habitantes consideran que se aplica de manera “fragmentaria”.

En ese sentido, el informe observa que hay un menosprecio hacia los derechos socioambientales y un flagrante incumplimiento de los derechos sociales básicos (salud, educación, vivienda y trabajo), sumado a una gran deuda pendiente: la sanción de un Código Ambiental.

Asimismo, el relevamiento enfatiza que los mecanismos de participación contemplados en la ley fundamental “pese a ser utilizados, no funcionan adecuadamente”. Ocurre con las audiencias públicas, las comunas, los pedidos de acceso a la información pública (ley 104) y organismos de control, los cuales, debido a una implementación ineficaz, no brindan respuestas satisfactorias.

De la encuesta surge que los vecinos perciben los derechos enunciados en la Carta Magna como meras declaraciones de intenciones, carentes de ser garantías institucionalizadas. Por ello, el documento exige la obligación institucional de desplegar “una acción política que difunda la Constitución para su apropiación, implementación y transformación urbana y democrática”.

Una ciudad autónoma pero no autosuficiente

Al abordar la cuestión autonómica, el análisis expone que hace 3 décadas se consagró una autonomía completa en lo formal, pero relativa en la práctica territorial y funcional, al ser la ciudad de Buenos Aires parte de un conglomerado mayor como el AMBA.

En la vida cotidiana, en la economía, en la movilidad y en materia ambiental, no hay fronteras político-administrativas- que valgan. Por eso, la ciudad posee autonomía, pero adolece de autosuficiencia. Frente a esta realidad, el documento plantea la necesidad imperiosa de una gobernanza metropolitana cooperativa, capaz de coordinar políticas ambientales, de seguridad y redes de transporte e infraestructura verde articuladas entre la ciudad, la provincia y la Nación.

La democracia participativa, subutilizada

En su diagnóstico el foro concluye que la institucionalidad no se respeta plenamente, mostrando avances parciales y tensiones permanentes. Esto se evidencia en la falta de uso de herramientas clave como el referéndum o la revocatoria de mandato, el escaso tratamiento que reciben las iniciativas populares y las limitaciones de hecho impuestas a las comunas, que carecen de presupuesto propio y quedan subsumidas a la delegación de partidas determinadas por el Poder Ejecutivo de turno.

Entre las demandas principales este foro sostiene la necesidad de:

• Una descentralización real y efectiva hacia las comunas
• Difusión plural y masiva de los principios constitucionales.
• Instancias de participación vinculantes (audiencias, referéndums e iniciativas populares).
• Democratización ciudadana en el presupuesto participativo
• Ordenamiento urbano y ambiental integral
• Fortalecimiento de la independencia judicial y la ampliación del acceso a la justicia.
• Políticas públicas preventivas con estrategias metropolitanas de largo plazo compartidas entre los distintos niveles de gobierno.


Ejercicio de la memoria para construir el futuro

El encuentro en el Palacio Legislativo reunió a organizaciones civiles como Rumbos, Basta de Mutilar Nuestros Árboles, el Instituto Ferroviario Argentino motivados por el Foro Vecinal Ciudadano. Contó además con la participación de referentes urbanos como Manuel Ludueña, la convencional y legisladora (M.C.) María José Lubertino y legislador (M.C.) Pablo Bergel, el Observatorio de Derecho a la Ciudad, el colectivo #SinBarrerasNiTuneles-Comuna 11 y miembros de diversos consejos consultivos comunales, entre otros.

En la mesa redonda que se constituyó, María José Lubertino -protagonista directa de la gesta de 1996 como convencional constituyente- destacó “Para mi hoy es un día de celebración”, y a renglón seguido pasó a contextualizar aquel momento histórico: “A pesar que en el gobierno de De la Rúa imperaban ideas bastante conservadoras, se dio la confluencia de las ideas progresistas que traía el Frente Grande, un grupo rebelde del radicalismo y personalidades de profundas convicciones como Elio Brailovsky”.

La convencional ponderó los avances que significó la Constitución en materia ambiental y de autonomía política, aunque expresó su preocupación por los retrocesos recientes, en particular la pérdida de la perspectiva de género en las políticas públicas y los déficits de accesibilidad que aún tiene la ciudad para las personas con discapacidad. Asimismo, recordó la intensidad de los debates de 1996 y el rol determinante de las organizaciones sociales y de las mujeres, que discutieron de igual a igual con los convencionales en cada una de las comisiones hasta alcanzar consensos que dieron sus frutos porque según el entender de Lubertino “mejoraron sustantivamente la calidad de la norma”.

Por su parte, Pablo Bergel, legislador (M.C.) y referente del Foro Vecinal Ciudadano, señaló que “esta constitución construyó un modelo de ciudad con una fuerte autonomía, aunque quedando a mitad de camino entre una provincia y un municipio”. Bergel recordó el papel precursor que impuso el Foro Ambiental Ciudadano y luego el Foro Vecinal en la construcción de una fuerte presencia y participación que tuvieron las más de 150 organizaciones no gubernamentales que formaron parte de aquellos debates, fueron escuchadas y algunas de sus ideas incorporadas al texto constitucional.

Legisladora de la ciudad de Buenos Aires
Bárbara Rossen
Entre los aspectos vanguardistas de la norma porteña, Bergel subrayó la condición de Buenos Aires como Ciudad No Nuclear —que prohíbe la fabricación, transporte y almacenamiento de material radiactivo no médico— y la prohibición expresa (artículo 28, párrafo 2º) de ingresar tecnologías, métodos o productos prohibidos en sus países de origen. Este último punto cobra especial relevancia en el debate actual sobre la radicación de data centers o industrias de alto impacto ambiental que actualmente están prohibidas o restringidas en otros países.

El cierre de la jornada estuvo a cargo de la legisladora Bárbara Rossen, quien advirtió que la Ciudad fue pensada para quienes la habitan, pero con el tiempo derivó en un modelo asentado como «un plan de negocios».

Esta legisladora que responde al espacio Fuerza por Buenos Aires, profundizó en la idea que transformó el modelo urbano: de una ciudad que aspiraba a ser fuerte en ejes como el medio ambiente, la salud y educación pública pasó a convertirse en campo propicio para alquileres temporarios, donde los jóvenes son prácticamente obligados a migrar a la provincia de Buenos Aires por falta de oportunidades y el acceso a la vivienda dejó de ser un derecho para transformarse en un activo financiero y reserva de valor. Y afirmó sin titubear que “Hoy la toma de decisiones es a puertas cerradas y sin escuchar a nadie”. No obstante, no quiso dejar una señal pesimista, instando a los presentes a sostener la participación comunitaria y a no renunciar al derecho de seguir participando activamente en la construcción de una ciudad más equitativa y democrática.

martes, 18 de agosto de 2026

EDITORIALES

NOTA DE TAPA


EL VALOR DE LA COMUNIDAD

Unir voluntades, la mejor manera de transformar dificultades en oportunidades


En un contexto signado por el endeudamiento y la precarización, tenemos caminos a elegir: la indiferencia, la confrontación y la discriminación o abrazarnos a la cooperación y a la solidaridad que tantas veces nos ha sacado de realidades tan o más complejas que las que hoy toca atravesar. Si nos guiamos por las premisas del bien común, la paz social y el consenso, la segunda sería la única vía segura hacia un futuro sostenible.


Escribe: Lic. MÓNICA ALEJANDRA RODRÍGUEZ. Dirección.



Como ya ha sucedido en otros momentos, hoy vemos que una porción cada vez mayor de argentinos atraviesa una dura realidad.

Mientras el ajuste inicial que encaró la actual gestión durante los primeros meses de su gobierno pudo ir paliándose con ahorros, a medida que se extiende en el tiempo y los ingresos no acompañan los gastos, que crecen muy por encima de la inflación, la situación se va tornando cada vez más difícil. Más allá de restringir consumos, muchas personas se vieron obligadas a recurrir a préstamos o a financiarse mediante tarjetas de crédito.

Pero cuando esas deudas comenzaron a abultarse debido a los llamados “pagos mínimos”, que traen aparejadas tasas de interés más altas sobre los montos no saldados, la deuda sigue multiplicándose.

Dentro del universo de deudores que presentan problemas para pagar sus cuotas, los más complicados son aquellos que contrajeron préstamos para evitar que les corten los servicios públicos, como la luz, el gas o el agua o peor aún es la situación de quienes tuvieron que endeudarse para comprar alimentos de la canasta básica.

Suele suceder que esos hogares van quedando atrapados en verdaderos “callejones sin salida” porque, salvo que perciban un ingreso extraordinario, las deudas se suman a los gastos corrientes del mes, que continúan sin poder solventarse. De este modo, la economía familiar se vuelve inviable y los hogares van cayendo progresivamente en situaciones de mora hasta transformarse en deudores incobrables.

Según Chequeado.com, un relevamiento correspondiente al mes de junio da cuenta que, dentro de los deudores que registran atrasado, el Banco Central considera que un 35% de esa deuda es “irrecuperable”, debido a que registra atrasos superiores a un año. Otro 40,3% presenta atrasos entre seis y doce meses, mientras que el 24,3% restante registra atrasos entre tres y seis meses.

Según ese mismo medio, en la Ciudad de Buenos Aires existen 255.805 deudores únicos en mora, que en conjunto suman una cifra cercana a los $1.600 millones. Los barrios con mayor proporción de deuda son La Boca (21%), Villa Soldati (20%) y Constitución (20%). La mayor cantidad de deudas impagas corresponde a proveedores no financieros, como son las casas de electrodomésticos. Les siguen las tarjetas no bancarias, las aplicaciones fintech, los bancos privados y, por último, los bancos oficiales.

Este panorama se da en un contexto de creciente pérdida de puestos de empleo formales, a la par que aumenta la informalidad y se expande la figura del monotributo, no necesariamente porque crezcan los emprendedores, sino porque cada vez más personas se dedican a trabajar para aplicaciones. La contracción de las ventas también la sienten las pequeñas y medianas empresas, al igual que los profesionales, que no escapan a esta realidad.

Entre quienes más están sufriendo, no podemos dejar de mencionar a los adultos mayores que cobran la jubilación mínima y que, si no cuentan con ingresos extras, son empujados a situaciones de creciente desesperación. A esto se suma la realidad de quienes ya no tienen un techo donde refugiarse ni un hogar al cual volver.

A medida que la economía familiar se resiente y las deudas la van ahogando, la crisis se profundiza y se generaliza, a tal punto que, como ya viéramos hace 25 años, volvió el triste club del trueque.

Pero, como todo en la vida, podemos quedarnos con una mirada del vaso medio lleno o medio vacío. Esto forma parte de la cosmovisión de cada uno y de la manera en que elegimos asumir la realidad: con pesimismo o, por el contrario, convencidos de que somos parte de una comunidad a la que podemos aportar para que las dificultades se transformen en oportunidades de cambio positivo.

Quienes creemos que es posible romper con la inercia y superar las dificultades a las que nos exponen estos tiempos difíciles somos conscientes de que el fin último que debe prevalecer es el bien común. En función de este objetivo, toca unir voluntades, establecer consensos e insuflar optimismo para ir alcanzando, objetivo por objetivo, las metas necesarias de manera precisa y transparente.

En lo personal y en lo colectivo se requiere tener confianza y vislumbrar perspectivas, no como parte de un idealismo ingenuo, sino basándonos en una realidad insoslayable a nivel regional y planetario, de la cual no estamos ajenos.

Como aliciente, partimos de saber que en la base de nuestra comunidad siempre han surgido soluciones con raíces solidarias, como contrapartida a muchos males que han buscado disgregarnos, dividirnos y aislarnos.

El diálogo se hace fecundo cuando los interlocutores están motivados a perseguir el bienestar general, priorizando la dignidad de la persona humana, su seguridad y la cohesión de cada hogar.

Lo más preocupante es la indiferencia o pensar que no está en la responsabilidad de cada uno modificar el estado de necesidad que, paulatinamente, va degradando formas de vida y acentuando la marginalidad.

La cooperación, el tender una mano y comenzar a participar activamente, ejerciendo a pleno los derechos que habilita nuestra Constitución, son parte de la solución y constituyen el mejor antídoto frente al flagelo que acarrean el materialismo voraz, el individualismo a mansalva y la insensibilidad de quienes pregonan “la ley de la selva” y el “sálvese quien pueda”.

Preservar la paz social, peticionar y presionar a nuestros representantes con presencia y colaboración mutua puede ser el método más eficaz para producir los cambios imprescindibles y construir una prospectiva acorde con la necesidad de revertir este estado de cosas.

En definitiva, son tiempos en los que resulta imperativo activar los diálogos y buscar puntos de consenso que se traduzcan en acuerdos sin exclusiones. Para ello, debemos alejarnos de la confrontación, la estigmatización, la agresión y el insulto, que nos van encerrando en círculos de violencia de impredecibles consecuencias.

Como ciudadanos de a pie debemos tener como insignia aquellos versos de Martín Fierro:

“Los hermanos sean unidos

porque esa es la ley primera

Tengan unión verdadera

en cualquier tiempo que sea.”


lunes, 20 de julio de 2026

EDITORIALES

LO QUE EL MUNDIAL NOS DEJÓ...


EL AMOR ES MÁS FUERTE

Garra, corazón y mucho más que fútbol.

Ojalá podamos darle un abrazo colectivo a nuestra selección y celebrar todos juntos ser una vez más subcampeones del mundo.



Acabamos de atravesar cuarenta días que para aquellos que tuvimos el privilegio de vivirlos quedarán sellados para siempre en nuestra memoria y en nuestros corazones.

Este mundial para los argentinos no fue solo un evento deportivo más. En la previa e incluso en los primeros días, cuando arrancó, nos encontramos a muchos, sobre todo a aquellos que no somos demasiado futboleros y que nos vemos atraídos sólo cuando juega la selección nacional, casi indiferentes, quizás por el hecho de estar atrapados en la realidad del día a día, embargados en preocupaciones que no vislumbran un futuro demasiado prometedor para la gran mayoría de los argentinos y se teme por el destino de nuestro país como nación soberana.

Sin embargo, bastó que la selección saliera a jugar el primer partido para comenzar a ilusionarnos. A medida que avanzó en el calendario FIFA el conjunto nacional comenzó, a demostrar no solo las virtudes a las que nos tiene acostumbrados y que los llevó a ser Campeones del Mundo en Qatar 2022, sino a ser portador de un mensaje mucho más profundo, conmovedor y talentoso, que redobla su valor en tiempos donde la desesperanza se ha hecho hábito.

Una vez más la selección corroboró que la grieta es ficticia, ha sido fabricada por quienes pretenden dividirnos, basta una excusa como esta cita deportiva, para volver a abrazarnos y querer celebrar todos bajo nuestra misma bandera.

Pero esta vez el mensaje llegó aún más lejos. No le resultó sencillo a nuestra selección atravesar los partidos después de la fase inicial. Cada uno de los que sobrevino desde dieciseisavo debía ser trabajado, luchar pelota a pelota, incluso a veces corriendo en desventaja los jugadores mostraron ser un equipo capaz de dar vuelta resultados que parecían tener finiquitado un partido que nos había dejado fuera de competencia mucho más temprano. Allí no faltó profesionalismo, no faltó coraje y mucho menos corazón para llevar a Argentina a avanzar “un pasito más” .

Un reclamo que el poder mundial no pudo silenciar.

La competencia contra Inglaterra fue un capítulo aparte. Aunque en la previa el mandato “oficial” intentara convencernos de que era tan solo un “encuentro deportivo” , ni propios ni ajenos se creían esa frase hecha. Nuestra historia dentro de la cancha con Diego como protagonista en aquel Mundial de 1986 como en los tristes acontecimientos de heridas que no cierran, marcaban que se jugaba mucho más. Y nuestros jugadores no esquivaron esa representación. Lejos de asumirla como una pesada carga, no se amilanaron y entendieron que a como diera lugar, ese partido había que ganarlo. Aun cuando el marcador los puso en desventaja, no perdieron la calma, se mantuvieron organizados y no perdieron la concentración, con agallas decidieron no darse por vencidos, correr y defender cada pelota como si fuera la última, y ​​en el último minuto, como sucede en las películas marcadas por la épica, pusieron el marcador arriba. Lo más emocionante sobrevino después, en esos instantes de comunión entre los jugadores y una hinchada que nunca deja de alentar, y tuvo su momento más sublime cuando se desplegó aquella sábana convertida en bandera con la leyenda “las Malvinas son argentinas” , transformándose en el catalizador del sentimiento nacional. Esos jóvenes jugadores ya no solamente eran nuestros representantes deportivos, sin quererlo (o queriéndolo) esa acción los convirtió en abandonados de un reclamo que desafía a buena parte del poder mundial.

Es cierto, en la final no pudieron coronarse campeones del mundo dentro de la cancha, el juego no fluyó. Nos queda el sabor amargo de no haber visto en esa última fecha la mejor versión de nuestra selección contra España. Sin embargo, quizás el valor de ese último partido fue mostrar que ante un rival que no les permitió jugar el juego que más les gusta, tuvieron la capacidad de mantener una defensa férrea, cerrada y aún con la desventaja de haber sufrido la expulsión de uno de sus bastiones, lograron sostener el 0 a 0 hasta bien avanzados los minutos suplementarios.

La hinchada argentina nunca dejó de alentar

Esta vez no están en el trono del fútbol mundial, no tienen la medalla dorada colgada de sus cuellos, pero alcanzaron la gloria que solo unos pocos elegidos tienen, esa que no se consigue con pases extraordinarios ni caños que te dejan con la boca abierta, una que no se acuña en goles "de otra galaxia" ni atajadas magníficas, su victoria se mide en hombría, valor, en la audacia de asumir derroteros aun cuando las fuerzas parecen flaquear y el adversario hace sentir el peso de todo su poderío, es el triunfo del ejemplo que llegó a miles y miles de niñas, niños y adolescentes. Y finalmente, y quizás la más importante es la honorabilidad de haber sido capaces de representarnos y mostrar con valentía los más puros sentimientos por nuestra Patria.

Nuestra selección nunca nos “dejó tirados” , como alguna vez prometió su capitán. Por eso, en el día después a los argentinos solo nos queda darles GRACIAS ENORMES . Amamos el camino que nos invitaron a transitar en estos últimos cuarenta días, lo disfrutamos, nos emocionamos, temblamos, tuvimos taquicardia, nos abrazamos con nuestros compatriotas y nos emborrachamos de alegría ante cada triunfo. Por un ratito nos ayudaron a distraernos y apartarnos de la dura realidad que transitan millones de argentinos.

Ojalá que, en algún momento, cuando pase la tristeza inicial de no haber podido cumplir el último objetivo deportivo, los jugadores y el cuerpo técnico nos permitan al pueblo argentino ofrecerles el abrazo colectivo que se merecen y demostrarles que el amor es más fuerte, por sobre cualquier resultado y cualquier copa.

jueves, 25 de junio de 2026

EDITORIALES

NOTA DE TAPA


UNA COMUNIDAD QUE SE CONSTRUYE DÍA A DÍA CON QUIENES SE COMPROMETEN


Educadores, emprendedores, militantes sociales y ciudadanos solidarios: el mapa humano de los que deciden involucrarse y no mirar para otro lado.
En el mes del vecino, un homenaje especial a todos ellos


Escribe: Lic. MÓNICA ALEJANDRA RODRÍGUEZ. Dirección


El 11 de junio de cada año se celebra el “Día del Buen Vecino”, un festejo que nació en Villa del Parque para homenajear a residentes que se distinguen por su generosidad, compañerismo y activa participación en la vida comunitaria, consientes de la importancia que sus aportes pueden hacer para mejorar el bienestar general. Este día fue creado a propuesta de Don Romeo Raffo Bontá, un fomentista que se inspiró y al que conmovió la enorme generosidad de sus pares a la hora de ser convocados a hacer donaciones cuando ocurrió el terremoto de San Juan (1944).

Ese espíritu solidario siempre fue una característica muy propia de nuestra vecindad y de alguna manera se internalizó hasta pasar a formar parte de nuestra idiosincrasia, por eso Villa del Parque tiene como lema ser “La Villa del Buen Vecino”.

Más acá en el tiempo, esa generosidad colectiva se hizo palpable durante los duros meses de cuarentena en los que tuvimos que permanecer encerrados por la pandemia (2020). En ese momento, muchos no dudaron en colaborar desde donde podían y las entidades intermedias -clubes, colegios, asociaciones civiles- se convirtieron en los epicentros desde donde se organizaban y repartían las ayudas a quienes estaban siendo golpeados por estas circunstancias tan particulares.

En este mes y desde estas páginas queremos destacar a aquellos buenos vecinos que día a día desde su lugar eligen no encerrarse en el individualismo, no permanecer indiferentes y sentirse parte de una comunidad. Y en esta oportunidad queremos saludar y celebrar especialmente:

• A Quienes brindan su ayuda solidaria, pensando en el prójimo sin hacer distinciones.

• A Quienes aportan a nuestras instituciones intermedias: iglesias, cooperadoras escolares y y hospitalarias, asociaciones culturales y de fomento, clubes de barrio…

• A quienes emprenden, educan y atienden el cuidado de la salud con amor y dedicación.

• A quienes participan en reuniones de vecinos y autoridades.

• A quienes se autoconvocan, se comprometen, organizan y luchan tras causas comunes.

• A quienes, desde la función pública gestionan anteponiendo el bien común.

Cuando retrotraemos nuestra mirada a aquellos años que inspiraron a la creación del día del vecino, observamos que los tiempos han cambiado, los estilos de vida también, los desafíos de antaño son muy diferentes a los actuales, sin embargo, la esencia para ser un buen vecino sigue siendo la misma y quedaron bien plasmados en el decálogo redactado por José César Rodríguez Nanni (otro vecino que fomentó y bregó por el progreso de su barrio amado), aprobado por el Congreso Vecinal de 1958. Y dice así:

1. Ser solidario, amigo y compañero de sus vecinos

2. Respetar y hacer respetar las ideas, sin prejuicios de orden racial, religioso o político

3. Fomentar y apoyar a las instituciones de carácter social y cultura establecidas en el vecindario. Crearlas y ayudar a ello donde no las hubiera

4. Platear, discutir y buscar soluciones a los problemas de índole vecinal, en común con su vecino, exteriorizándolas a las autoridades constituidas.

5. Ser unidos en la emergencia, brindando ayuda moral y material a quien lo necesite

6. Proceder a ayudar todo estímulo o inquietud que tienda a la afirmación de los lazos de la familia contemplándola como institución básica.

7. Fomentar y estimular toda obra o acción que propenda al desarrollo físico e intelectual de los niños y jóvenes vecinos.

8. Cumplir con los deberes cívicos, recordando o festejando las fechas memorables de la Patria.

9. Ser respetuoso de la ley y hacer culto de ella

10. Festejar anualmente un día, dedicado al vecino, difundiendo lo enunciado.

miércoles, 20 de mayo de 2026

EDITORIALES

NOTA DE TAPA


RECONSTRUIR EL HORIZONTE


El desafío de devolverle a la educación su lugar protagónico, como motor del progreso personal y desarrollo del país.


De la Argentina del guardapolvo blanco y nuevas generaciones universitarias al debate actual. Un análisis que abraza la memoria histórica y la fuerza de la comunidad educativa. La crisis como nueva oportunidad.


Escribe: Lic. MÓNICA RODRÍGUEZ. dirección



Históricamente la educación ha sido en Argentina un puente al progreso individual y una esperanza para el desarrollo colectivo. Durante décadas nos enorgullecimos de contar con una educación pública, de calidad, libre y gratuita para todos , una educación que supo no discriminar ni por origen ni sector social y abrió horizontes a jóvenes que pudieron insertarse en el mundo laboral. Una educación pensada para contribuir a forjar un futuro de crecimiento personal pero también concebida para un país que aspiraba al desarrollo a partir no solo de la explotación y exportación de productos primarios y extracción de recursos naturales, sino también cimentando una estructura económica con sólido mercado interno producto de la fuerza de la industria, el impulso de la ciencia y tecnología, el fortalecimiento de las economías regionales y el dinamismo del comercio, como factores de sostenimiento de la actividad y motores de transformación.

Hoy ese modelo está siendo puesto en crisis. Una vez más. En los últimos cincuenta años Argentina ya atravesó por pasajes similares. Y cada uno de ellos dejó un tendal de sectores sociales dañados, pérdidas de empresas de capital nacional y ciudadanos que no fueron capaces de reinsertarse. Sumado a ello los aciertos y desaciertos de gobiernos que pretendieron ir por otros caminos, nos trajeron hasta aquí. Pero esta vez, a diferencia de otras, los cambios son más profundos, más acelerados y pueden ser determinantes e irreversibles. Vamos hacia un perfil de país muy distinto al que conocemos, al menos quienes hoy somos contemporáneos. En este proyecto, los replanteos no son sólo económicos, son transformaciones multidimensionales, que llevan la bandera de la denominada “batalla cultural”.

Ante eso y como simples ciudadanos de a pie, no podemos menos que preguntarnos ¿Hacia qué tipo de sociedad vamos? ¿Qué implicancias y consecuencias tiene este nuevo proyecto de país? ¿Qué sectores serán los ganadores y cuáles estarán entre los perdedores? ¿Qué tipo de educación necesita el modelo que se está implementando hoy? ¿Una educación para todos o segmentada, a la que solo pueda acceder una parte de la población? ¿Cómo podrán insertarse los individuos al mercado de trabajo? ¿Habrá trabajo para todos? ¿Qué papel jugará la tecnología y la Inteligencia Artificial en la modificación de las reglas de juego? ¿Es un modelo hacia una sociedad más justa e inclusiva? ¿Qué pasará con los que quedan fuera del sistema? Y principalmente, ¿Es el tipo de país en el que queremos vivir? ¿Es la nación que soñamos dejarle a nuestros hijos?

Esta última pregunta es medular. Mi papá, que nació en 1927 en el seno de una familia humilde, siempre me contaba que desde muy chico y ante la imperiosa necesidad, se vio obligado a dejar sus estudios cuando terminó la escuela primaria, a pesar de ser el mejor promedio de la clase y abanderado de la escuela. Él no pudo elegir, no le dieron la oportunidad, tuvo que ir a trabajar. En el caso de mi papá, su prodigiosa capacidad y tenacidad, le permitieron ir forjándose a lo largo de su vida una formación autodidacta, pero siempre me pregunté ¿Qué hubiera pasado si él hubiera tenido la posibilidad de seguir estudiando y contar con un título bajo el brazo?, ¿Hasta dónde habría llegado una persona dotada con su inteligencia y empatía? Es un análisis contra fáctico imposible de responder, pero lo cierto es que en aquellos tiempos estudiar era un privilegio difícil de alcanzar para quienes provenían de familias pobres. A las niñas de las clases más desfavorecidas se las solía enviar a estudiar corte y confección para que tuvieran una salida laboral o pudieran hacer su ropa; a los varones, desde muy corta edad se los ponía como aprendices de carpintería, construcción, zapatero o cualquier otro oficio... Pero llegarían épocas donde los hijos de aquellos trabajadores sacrificados tuvieron mejores oportunidades desde un Estado que cambió las reglas. Las mejores condiciones de vida y el reconocimiento de ciertos derechos hicieron que muchos pudieran soñar con que sus hijos concluyeran estudios secundarios e incluso llegaran a la universidad. Así la tan mentada y aspiracional frase “m'hijo, el doctor” comenzó a ser una realidad que enorgullecía a padres que veían a su descendencia convertida en profesionales, un pasaporte casi asegurado a un mejor porvenir. En la Argentina del día de hoy sigue habiendo primeras generaciones de jóvenes universitarios y a juzgar por las últimas y masivas movilizaciones es algo que de manera transversal e independientemente del pensamiento político de cada uno, el conjunto social parece querer defender como un derecho adquirido que no está dispuesto a soltar.

Pero la realidad de hoy es mucho más compleja. Los jóvenes no solo se enfrentan a un contexto de incertidumbre económica. No menos desafiante es para ellos la transformación tecnológica impulsada por la IA que está trayendo modificaciones superlativas en el mundo laboral. Ya no alcanza con encontrar una vocación como pasaje a un mejor futuro, el desafío es mucho mayor, los chicos deben ser capaces de darle sentido y proyectar su vida.

Llegar hoy a los estudios superiores no es tarea sencilla, partiendo que muchos jóvenes no logran visualizar su futuro y no pueden imaginar qué trabajo tendrán a los 30. Así lo reflejan distintas investigaciones.

Un informe publicado por Radar Educativo señala que “más de la mitad de los adolescentes argentinos (52%) no proyecta su futuro laboral” . Guillermina Laguzzi , una de las autoras de este trabajo expresa “estamos ante una señal de alerta sobre cómo la escuela y la sociedad están preparando a las nuevas generaciones para transitar el mundo del trabajo”. Y agrega: “Esta incertidumbre se concentra más en quienes ya parten en desventaja por su nivel socioeconómico o su rendimiento académico”.

Es cierto, no todos los chicos cuentan con las mismas herramientas. Elegir el camino puede ser más sencillo para aquellos que crecen rodeados de profesionales universitarios, manejan idiomas, viajan, poseen mejor acceso a la información y cuentan con redes de contacto, mientras que otros están más condicionados porque provienen de hogares donde los adultos tienen trabajos inestables o viven en ambientes donde la lucha diaria por la supervivencia se antepone a cualquier sueño compartido. Estas realidades se agudizan aún más en familias numerosas, hogares monoparentales donde la mujer es el único sostén de familia o lugares en los niños y adolescentes que conviven con la violencia y/o adicciones intrafamiliares.


Las posibilidades concretas que rodean a cada adolescente son  distintas, mientras algunos amplían sus horizontes a otros se les va  van cercenando, no es falta de sueños, es falta de referencias . Existen chicos muy capaces pero desconocen ciertos caminos porque nadie de su entorno transitó esas experiencias y no los pueden guiar. Es ahí donde la escuela y las políticas públicas cumplen un rol clave: acercar mundos que hoy parecen muy ajenos.

Pero la escuela secundaria se ha convertido en mucho más que eso y está obligada a cumplir roles para los cuales no fue pensada. Es el epicentro, el punto en el que convergen múltiples emergentes, es en definitiva una “caja de resonancia” de una sociedad cada vez más heterogénea y segmentada, donde la desigualdad ya no es circunstancial, sino que se está volviendo estructural y estamental.

Veamos algunos datos. Según el Observatorio de Argentinos por la Educación , en la ciudad de Buenos Aires los jóvenes que egresan en tiempo y forma (sin repetir ni abandonar, con niveles académicos satisfactorios en las pruebas estandarizadas de Lengua y Matemática) es el 23% . Y si este número parece bajo, hay que decir que es el más alto del país, porque en otras provincias apenas el 10% de la población escolar cumple con estos estándares. Si se deja de lado el desempeño académico y solo se mide el flujo escolar (es decir, el estudiante que ingresa a primer año y logra alcanzar el último año de la secundaria en el tiempo estimado), el índice trepa al 61% de los estudiantes.

Pero estos son valores promedio. Los porcentajes varían significativamente según el sector de gestión (estatal o privado). En las escuelas de gestión privada el desgranamiento es menor, mientras que en la gestión estatal el abandono o la repitencia estiran el tiempo de egreso de los chicos, llevando a que muchos terminen sus estudios más tarde a través de planes de terminalidad o bachilleratos de adultos.

En esta línea, un reciente relevamiento realizado por FUNDAR y CIAS en quince escuelas de barrios populares del AMBA da muestra de ello. El informe reveló que el 42% de los jóvenes encuestados de entre 19 y 24 años abandonan la escuela y de los que asisten el 59% tiene sobre edad. De los chicos que asisten a estas escuelas, el 79% comenzó a trabajar antes de los 18 años y un 36% antes de los 16 años. Algunos chicos también suelen acumular insistencias o abandonar la escuela para cuidar a hermanos más pequeños por la necesidad de los padres de enfrentar largas jornadas de trabajo.

Estos no son solo “datos” , detrás de cada número hay jovencitos y familias que atraviesan realidades muy disímiles y el único punto de encuentro para muchos de ellos es precisamente la escuela, que no está preparada para barajar ciertas realidades que irrumpen en el aula y la sacan de foco del proceso enseñanza-aprendizaje , que es la tarea esencial que deben cumplir estas instituciones.

La investigación cuenta que dentro de las aulas conviven perfiles con trayectorias muy distintas, y lo que las diferencias no son capacidades individuales sino condiciones de vida. Los docentes diferencian a los comprometidos de los desconectados (que asisten pero no se involucran en el aprendizaje y priorizan el trabajo) y luego están los conflictivos , que reproducen en el aula la dinámica de la calle en la que no están exentos los malos comportamientos y la violencia. La directora de una de estas escuelas estima “sólo un 40% de sus estudiantes tiene un proyecto de vida vinculado al estudio”.

El documento detalla que las escuelas públicas de barrios populares del AMBA deben hacer muchas más cosas además de enseñar... "Distribuyen alimentos, median conflictos familiares, consiguen turnos médicos, detectan situaciones de abuso y violencia, alojan a quienes sufren inundaciones y enfrentan una pandemia invisible de salud mental que las hace operar en modo bombero. El 52% de los jóvenes encuestados reporta haber sufrido ansiedad y el 37% depresión. El 51% dice que la mayoría de sus amigos consumen drogas y el 15% reconoce ser o haber sido adicto.” El resultado es que muchas escuelas están desbordadas por estas problemáticas.

En sus consideraciones finales la investigación subraya que "los niños, jóvenes y adolescentes no crecen solos, crecen en tramas sociales. Tramas que entretejen familias, escuelas, servicios y espacios de sociabilidad que, cuando funcionan, les permiten acumular los recursos que necesitan para imaginar una vida que les organice el presente". Y a modo de advertencia, dicen "Lo que este trabajo muestra es que en los barrios populares bajo estudio esas tramas están fuertemente deterioradas: muchas familias ya no pueden acompañar la crianza de sus hijos, los servicios están sobrepasados, el barrio carece de alternativas a 'a esquina' (donde las malas juntas llevan a que los chicos que quedan fuera de la escuela caen rápidamente en la droga y/o delincuencia".

Desde las entradas de la enseñanza secundaria este tema surge en cada sala de profesores, aunque esas charlas suelen quedar entre esas cuatro paredes. “Más allá de la catarsis” es un podcast realizado por un grupo de docentes de escuelas medias públicas de la ciudad de Buenos Aires que se anima a analizar estas realidades que atraviesan los claustros escolares. Realizan entrevistas a especialistas, invitan a un debate abierto y hacen propuestas partiendo de su experiencia y su mirada.

En una de sus entregas analizaron algunas de las problemáticas de la escuela media. 

Seleccionamos algunas para compartir en estas páginas:

• Aulas superpobladas. Sostienen que décadas de desfinanciamiento llevaron a una falta de infraestructura adecuada. Y aseguran que la baja de la natalidad puede ser una oportunidad para elevar la calidad educativa. Proponen que en vez de cerrar cursos, se vaya disminuyendo la cantidad de alumnos por aula hasta llegar a un número ideal de 25 chicos por curso.

• Espacio escolar para estar y estudiar. Los deterioros en la infraestructura no solo se limitan a cuestiones edilicias. Los chicos suelen estar en ámbitos donde no ven verde ni cielo. Es necesario que las instituciones tengan un lugar para correr, jugar un partidito de fútbol, ​​espacios verdes para sentarse y charlar debajo de un árbol… No solo pesan las cuestiones básicas.

• Desinterés de ir a la escuela. Para muchos jóvenes está en crisis el sentido de estar en la escuela. Es otra de las preocupaciones de estos docentes. Según su visión "la escuela ya no es señal de salida futura. El título de la secundaria ya no garantiza nada. Hoy los chicos empiezan a laburar antes de tener el título. La escuela no está demostrando un propósito real".  Muchos jóvenes lo ven “como un trámite que hay que cumplir o que 'lleva a…'”.
Estos profesores creen que “hay que volver a construir un contrato pedagógico con los estudiantes. La escuela debe formar, enseñar y dejar algo valioso".
Observan que hay escuelas que funcionan mejor que otras. Y las que funcionan bien son aquellas que tienen un propósito claro, por ejemplo: las técnicas, artísticas, normales… La clave para ellos es vincular más la escuela con el mundo del trabajo y los estudios superiores. Dentro de los incentivos, puede ser clave promover viajes de estudio, becas, materiales y convocatorias de investigación que le abran a los chicos nuevos horizontes. La escuela debe buscar una forma de premiar el estudio y el esfuerzo; que no pierda valor.

• Reglas claras.  Ni punitivismo ni antipunitivismo.  ¿Cómo lidian las secundarias con el desorden, el mal comportamiento y la violencia? ¿Cómo se generan las condiciones que establecen una convivencia sana en la escuela? Los docentes señalan que hay chicos revoltosos que no permiten que se dicten clases. Esto es normal. Lo anormal es la inacción desde la escuela. Establecer reglas de no sanción muchas veces hace que los docentes sientan que no se puede hacer nada. Hay que defender que en la escuela haya orden para poder aprender. El orden no se construye solo con sanciones disciplinarias, se construye con el ejemplo, con un proyecto de escuela coherente y ante los problemas, que haya reglas claras y consecuencias que se apliquen. Actualmente, de acuerdo a los códigos de convivencia se sigue un protocolo: poner notas en el cuaderno, citar a la familia, un acta de compromiso con el estudiante y si ese compromiso se rompe, está la última instancia que es el consejo de convivencia que evaluará que medida tomar, que puede ser el cambio de curso, cambio de turno o incluso cambio de escuela. El sentido del protocolo es que el estudiante pueda en cada paso ir reflexionando sobre su comportamiento, pero lo que suele suceder es que el tiempo que se demora en seguir todos esos pasos, la ruptura de las reglas hace ver que no se está tomando ninguna decisión. Y esto es malo para la escuela y para la convivencia porque hace ver que en la escuela se puede hacer cualquier cosa.
Los profesores apuntan una reflexión: "muchas veces centrarse en los problemas lleva a que no se atiendan las necesidades de los otros. Por eso, quizás se tienen que evaluar medidas disciplinarias fuertes, que existen, pero generalmente no se aplican (suspensiones con efecto real sobre las faltas y la regularidad) y por otro lado la expulsión de los estudiantes que ya pasaron por todas las instancias de diálogo".

En este último punto cabe preguntarse ¿Qué pasa con los revoltosos, “inadaptados” o “desconectados” si se los saca de las escuelas?. Según los registros, ya hay una importante deserción escolar en el nivel medio, si a ello le sumamos más chicos que queden expulsados ​​del sistema por “inadaptados” o porque no responden a los estándares académicos, puede significar que más de ellos terminen en la “esquina” y expuestos a las “malas juntas” . Las autoridades han constatado que el ciclo que lleva a un chico que abandona la escuela a quedar atrapado por las drogas y/o la delincuencia puede ser un corto lapso de apenas seis meses. Debe haber un plan “B”.

Ese "plan B" no puede ser el calabozo ni el desamparo de la calle; debe ser una red contundente de políticas públicas, comunidad e instituciones intermedias que sostienen allí donde la escuela tradicional ya no llega. Implica pensar en trayectorias alternativas, escuelas de oficios conectadas con el siglo XXI, espacios de salud mental accesibles y un rol del Estado que no actúe solo como “bombero”  o permanezca indiferente ante la crisis, sino que sea un arquitecto de oportunidades .

La escuela pública argentina tiene una historia dorada que la respalda, pero no puede cargar sola con el peso de un tejido social que se viene deshilachando y con estados que la vienen desfinanciando.

Redefinir la escuela y su régimen de convivencia es urgente para cuidar a los que quieren aprender, pero no podemos perder de vista el mapa completo. La educación fue históricamente el motor de la movilidad social en Argentina, si el nuevo modelo de país prescinde de la educación como herramienta de desarrollo colectivo y la reduce a un bien de consumo segmentado, la fractura será irreversible.

Al final del día, la pregunta sigue siendo la misma que nos desvela como sociedad: ¿qué vamos a hacer con los que se caen del mapa? Porque un país que se resigna a perder a sus jóvenes en "la esquina" oa encerrarlos en una cárcel, es un país que está rifando, inexorablemente, su futuro.

Recordando a mi papá ya su ejemplo de vida, no me gustaría volver a esa Argentina en la que él se crió, quiero ese país donde el mérito y el trabajo se encontraban un Estado que abría puertas a un mejor porvenir individual y aspiraba al desarrollo en todas sus potencialidades.

La educación no es un gasto, es la inversión más elemental en defensa propia que podemos hacer como comunidad. No se trata de romantizar el pasado ni de ignorar que la Inteligencia Artificial está cambiando las reglas del juego; se trata de dirimir cuestiones mucho más elementales y es dilucidar en la nación que vale la pena soñar para nuestros hijos.