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miércoles, 25 de junio de 2025

INSTITUCIONALES

INSTITUTO EVANGÉLICO AMERICANO


LITERARIAS


EL ENSAYO ETERNO

Escribe: CAMILA TAMASI. Estudiante de 5º año


El teatro estaba más silencioso que de costumbre cuando Bianca llegó esa madrugada, lista para otro ensayo sola. Desde hacía semanas, cada noche después de l a última función , se quedaba a practicar en el inmenso escenario vacío, buscando alcanzar la perfección en cada giro. La tranquilidad y el silencio a esas horas le brindaban la concentración que necesitaban lejos de las miradas de los demás. Esa madrugada, como tantas otras, había regresado a su lugar de siempre.

Aquel espacio estaba desordenado, con todos los vestuarios abandonados. A un costado, un gran espejo de marco dorado, parte del decorado de una vieja obra, reflejaba la escena mientras Bianca, calentaba sus músculos y repasaba mentalmente la coreografía. Después de unos minutos, comenzó a girar, buscando un giro perfecto que había perseguido por tanto tiempo.

Fue entonces cuando, mientras trataba de lograr ese giro preciso, notó algo extraño en el espejo. En lugar de reflejarla, mostraba el mismo escenario vacío, pero con un aire sombrío, como si hubiera captado otra realidad, un teatro alterno donde el polvo cubría los asientos y extras voces resonaban en los pasillos. Intrigada, Bianca extendió la mano hacia el cristal, y su reflejo, en lugar de acompañar su gesto, se detuvo, observándola fijamente.

Sin retroceder, Bianca presionó la superficie del espejo y su mano se hundió en el vidrio como si fuese agua. Dio un paso adelante y pronto se encontró en otro teatro. El aire era pesado y las luces, aunque encendidas, iluminaban poco el escenario. El ambiente estaba totalmente quieto. Daba la impresión que el tiempo pasaba lento y un escalofrío recorrió su espalda.

Miró hacia la platea, y había filas y filas de personas vestidas con ropa de época antigua, observándola en absoluto silencio, con ojos que la seguían en cada movimiento. Sus rostros eran difíciles de distinguir, pero permanecían quietos, lo que hacía que Bianca se sintiera un tanto juzgada. Intentó dar un paso atrás, pero sus pies no se lo permitieron y la impulsaron a bailar. Y así, comenzó a girar y a girar. Su cuerpo se movía sin control en una coreografía que no recordaba haber ensayado, pero que de cierta manera reconocía.

Las figuras de la audiencia, sin producir ningún sonido, comenzaron a levantarse. En sus ojos, Bianca pudo ver tristeza, pero también ilusión, como si hubieran esperado mucho tiempo para verla bailar. Sintió entonces que sus fuerzas se agotaban, pero la coreografía continuaba. En su último intento, miró hacia el espejo de donde había venido y, por un instante, creyó ver su reflejo, esperándola, con los ojos perdidos.

Cuando las luces dejaron de iluminar el escenario, todo quedó en silencio. Su último giro se desvaneció y el espejo volvió a reflejar tan solo el escenario vacío.

Nadie vio salir a Bianca esa mañana ni las siguientes. Sus giros quedaron perdidos para siempre entre las paredes del teatro, y se vería obligada a actuar eternamente.

sábado, 14 de septiembre de 2024

EDUCATIVAS Y CULTURALES

RELATOS DE VILLA DEVOTO


AQUELLA SEMIFINAL INOLVIDABLE


Escribe: NORBERTO PEDRO MALAGUTI

Presidente de la Junta de Estudios Históricos de Villa Devoto. Vecino del barrio


Eduado Lettieri
Angelito vino a verme al almacén de mi viejo, estaba totalmente sacado y lo primero que me dijo: donde te metiste que hace dos días que te ando buscando?

- Para un cachito, que te pasa?
- Como nadie te dijo nada?
- De que me estás hablando?
- Del partido por la semifinal con el Ciclón de Migueletes.
- Si ya lo sé, y qué?
- Como no te enteraste, que a Pepe lo internaron con apendicitis en el Alvear.
- Uh, estamos jodidos nos quedamos sin arquero. Perdóname, y como anda Pepe’
- Por suerte la operación salió bien, pero tiene reposo para varias semanas.
- Que macana, y con la racha que veníamos de eliminar al Villa Piaggio y al Boquerón.
- Pero ellos vienen de golear al Extramuros, que vos sabes era el candidato. Encima ninguno de nosotros somos duchos en el arco.
- Y ahora qué hacemos? 
- Como que hacemos, Hay que conseguir un arquero urgente, pedazo de gilun.
- Haber, déjame pensar...
- Mira que no tenemos mucho tiempo.
- Si, Si, ya se, en mi laburo hay un pibe nuevo que dicen que es bueno, mañana le hablo.
- Vos lo vistes atajar?
- No, pero ya no hay otra.
- Bueno, esperemos que no sea un paquete, si ganamos pasamos a la firnal con el Renacimiento.

Y llego el domingo, nublada mañana, son casi la diez, hubo orden de que nadie saliera a bailar, nervios y curiosidad, todos pensando como atajara ese pibe.

Muchachos aquí vengo con mi compañero de laburo, Eduardo, que cubrirá los tres palos. Le puse énfasis, como si presentara a Pedernera, era para superar los nervios.

- Sos bueno, pregunto El Bocha
- Bueno, eso dicen.

Media hora después, ingresaba el Ciclón de Migueletes, encima agrandados, porque ya sabían que nuestro valuarte, Pepe, no cubriría la valla. Encima habían volteado a la Academia de Campaña y Franco.

Ingresamos, dando alaridos de ánimo, la idea era que no trataran de acercarse al área nuestra, que no era más que una raya marcada con lavandina y un poco de cal viva que muy pronto desaparecería en esa cancha polvorienta, allí al costado de la futura avenida General Paz, que parecía que nunca se iba a inaugurar.

Los primeros minutos fueron de tanteo, ambos nos cuidábamos bastante, muchos pases cortos, pocas gambetas y bastante patadones que el réferi parecía no ver.

Se rompió el equilibrio cuando el insider nuestro Carlos, le puso un pase milímetrico al forward Chuto, mote por los chutazos que metía, la agarro de sobre pique y saco un remate que se estrello en el ángulo del poste y el travesaño, el rebote llego casi al medio campo.

Todo parecía morir en esa forma, pero en un descuido el wing de ellos, que era muy veloz, dejo nuestro half en el camino, encaró al arco y saco un shot al ángulo.

El pibe pegó un salto, giró en el aire y desvió en forma increíble la pelota al córner.

Recobramos la respiración, y así nos fuimos en cero en el primer tiempo.

En el intervalo, nuestro Delegado Don Luis, nos increpa y en seco nos dice¨¨

- Que mierda les pasa, estamos pensando en el arco propio y no en el del contrario...
- Ahora nos mandamos al frente, que joder.

Debe haber sucedido lo mismo en el equipo contrario, que el segundo tiempo fue un ida y vuelta, llegamos varias veces, pero no se concretaban, hasta que El Chuto recibió un pase largo, la adelanto para acomodarla y saco un cañonazo infernal que el arquero ni la vio.

- GOL; GOOOOL, nos pusimos 1 a 0, festejos y a reanudar.

Se nos vinieron encima, estaban hecho una furia, nos pelotearon de todos lados, no los podíamos parar, y allí Eduardo nuestro imprevisto arquero las paraba todas, arriba, abajo, de lejos de cerca, fue el héroe de la jornada.

Faltaban tres interminables minutos, robé una pelota, me mandé hasta el medio campo, estaban desarmados, eludí al último defensor y encaré, eludó al arquero y se me colgó de la cintura.

- Penal, Penal, grito la multitud y el Inglés, como le decían al réferi, no pudo dejar de sancionarlo.

La acomodó el Chuto, para que el tiento de la pelota no le molestara, le apunto a la cabeza al guardameta, y este se agacho sino iba a parar al hospital, a acompañar a Pepe.

- GOOOOOOOOOL, y allí prácticamente se acabo el partido, algún intercambio de empujones mutuos y pensar en enfrentar al Rena.

Nuestras camisetas blancas se volvieron color tierra de los revolcones, saltos de festejos.

Todos al serenarnos, fuimos a felicitar al pibe por su desempeño, cuando de pronto se acercó un señor con pinta de importante, se identificó y agregó:

-  soy buscador de cracks y represento a River Plate. Se acerca a Eduardo y le preguntó
- Cómo te llamas?
- Eduardo, señor.
- Eduardo cuanto?
- Eduardo Antonio Lettieri (*)
- Bueno, tomá esta tarjeta, y venirte con tu padre a verme, que te queremos probar.

Ese fue uno de los últimos partidos en esas canchas, la General Motors instalaría después su inmensa fábrica.

(*) Eduardo Lettieri jugó en la primera de River Plate

sábado, 15 de junio de 2024

EDUCATIVAS Y CULTURALES

LITERARIAS


MAGIA Y NATURALEZA


Para chicas y chicos a partir de los 4 años


Silvia Elena Fernández
es vecina de Villa del Parque. Ama escribir y a lo largo de su vida fue una práctica habitual que abrazó desde su juventud, se intensificó a lo largo de su carrera docente y ahora que ya se jubiló, disfruta esta etapa de la vida asumiendo nuevos desafíos y sigue encontrando en la escritura una de sus mayores pasiones.

Recientemente presentó su novela “La Niña de Agua” en la Asociación Cultural Helena Larroque de Roffo (Simbrón 3058). Lo hizo frente a un auditorio que escuchó atentamente la lectura de algunos pasajes de la obra y luego entabló un ameno diálogo con el público donde pudo contar cómo vivió la experiencia de editar su primer libro.

Unos días antes nuestro medio había conversado con Silvia a raíz de esta presentación y en una amena charla pudimos conocer más aspectos  su vida.

P: ¿Cuándo descubriste este amor por la escritura?
R: Hace muchos años. Empecé escribiendo como maestra. Siendo docente de nivel inicial, la literatura siempre fue una herramienta fundamental para mi. Solía escribirles rimas a mis alumnos con sus nombres, poesías que les leía en clase y hacía guiones escolares. También cuando tuve que hacer ponencias en seminarios y exposiciones, me gustaba iniciarlas con algún relato breve.

P: ¿Cuál es la trama de esta novela?
R: Es una novela infantil, orientada para niños de 4 a 5 años, en adelante. Es la historia de una nena que se va de vacaciones al campo con sus abuelos porque sus papás están de viaje. A lo largo de esta experiencia pasa por diferentes circunstancias: imagina cosas, sueña, el abuelo le relata cuentos y también va teniendo vivencias propias de la vida en el campo, como es el nacimiento de un potrillo o un pichón que se cae del nido. En ese entorno natural hay un lago en el que ella suele ir a jugar y se refleja en el agua como si fuera un espejo, y es por ello que la niña siempre dice “Yo soy la niña de agua”.

P: ¿Cómo surgió la idea de hacer esta novela?
R: En realidad siempre escribí relatos cortos, incluso parte del material que compone la obra eran historias independientes que fui adaptando y otras nacieron a medida que fui desarrollando la novela.
El nombre apareció en un taller de escritura. La profesora fue dando consignas y todos los participantes debíamos escribir en un papelito un título, después de mezclaban y los volvíamos a agarrar. Cuando me tocó el turno, mi papelito decía "La niña de agua". A partir de allí escribí un primer cuento corto, medio mágico. Fue el disparador. Un día decidí seguirlo y se fue alargando a tal punto que empecé a dividirlo en capítulos y la novela terminó teniendo 14 capítulos.

P: ¿Y cómo diste el gran salto hacia tu primera publicación?
R: Hace mucho que tenía ganas de editar. El año pasado comencé a investigar un poco más y a averiguar. Descubrí esta editorial y fui dando los pasos hasta poder concretarlo y hacerlo realidad.

P: ¿Cómo viviste toda esa experiencia?
R. Al principio con mucho miedo, porque no sabía cómo eran las pautas, cuáles eran los pasos y si iba a poder afrontarlo económicamente. Una vez que tomé la decisión y comenzamos a avanzar, me encontré con mis propias limitaciones tecnológicas, las correcciones y pruebas de galera tuve que hacerlas todas online y la informática tampoco es mi fuerte, pero tuve la suerte de recibir una gran ayuda de mi vecina. Otra etapa importante fue elegir las ilustraciones que hizo una dibujante con algunos pasajes relevantes de la novela.

P: ¿Y una vez cumplido este objetivo, te trazás otros?
R: Me gustaría volver a publicar otra novela pero en esta segunda oportunidad sería para adultos.

jueves, 16 de mayo de 2024

VILLA DEVOTO

RELATOS DEL BARRIO


UN CURIOSO DIALOGO EN AQUEL 25 DE MAYO


Escribe: NORBERTO PEDRO MALAGUTI


Aún no eran las diez de la mañana, el cielo apenas tizado de nubes, ese otoño que nos abandonaba no parecía demostrarlo, una brisa tibia parecía acoger a los músicos de la banda de Operai Italiana para ejecutar un breve concierto en la plaza Arenales, lógicamente como parte de la celebración de nuestra máxima fiesta.

Aun la plaza no tenía un mástil, eso si algunas banderas las enarbolaban vecinos que en nutrida presencia querían adherir al festejo patrio.

La escarapela en cambio presencia unánime en los abrigos.

Entre la multitud con un block de hojas y lápices, contenidos en una especie de sobre estaba Leónidas sumergido en distraídas cavilaciones, si no era otro que Leónidas Barletta, el del diario escolar del Colegio de Panamá en sus años escolares.

Pero alguien lo sustrajo bruscamente de sus pensamientos.

-Eh, Leónidas hace rato que te vengo junando y ni me notaste, en qué mundo andas.

Quien podría ser, sino el descarriado, Lorenzo, nada menos que Lorenzo Stanchina, con una valija de cartón,seguro con una buena cantidad de ejemplares de la última edición de La Razón de Villa Devoto.

-Si estoy aquí porque sabía que en cualquier momento aparecías, pero me diste un lindo julepe.

-No te alcanzo el barullo que metiste con la fecha del cincuentenario del barrio que ahora nos enredaste con tu último libro de cuentos Desgraciados, desgraciados nosotros, Nicolas y yo que te avalamos en esta joda.

-El mundo está reventado como lo decía El Astrólogo en los Siete Locos de Roberto, que esperabas de mí, el lumpen de la literatura, como dicen los chirusos de Martin Fierro.

Además porque en Noruega, Knut Hamsun, se podía enterar que después de la curda que se habrá pegado con el premio Nobel, que yo lo usara como autor de mi libro, si no lo desmerezco para nada.

-Vos mismo decís que ya está en decadencia.

-Ahora andas proclamando que el tipo te plagio.

- Mira empieza la banda, córtala, ojala se mande unos buenos tangos lunfardos para deleitarnos.

La Banda sonaba muy bien templada y ante cada final la multitud respondía con intensos aplausos y algunos con el Bravo, como si estuvieran en el Colon.
Entre la multitud, algunos pibes jugaban a las canicas, una de ellas llego al calzado de Lorenzo, quien pícaramente le piso el pie encima para ocultarla.

Un pibe se le acerca.

-Señor, me devuelve la bolita.

-Que bolita pibe.

-La que escondió debajo de su zapato

-Estas seguro

-Sí, y lo hizo a propósito

-Bueno, era muy bonita y me la quería llevar de recuerdo, no me la regalas

-Si Usted me regala algo a cambio

-Lo único que tengo en la valija son periódicos

-Si ya se Usted es el periodista que busca líos, verdad

-Puede ser que tengas razón

El pibe le extiende la mano, como rogándole.

Lorenzo, mete su mano en el bolsillo saca una moneda de veinte, la chancha, se agacha recoge la bolita, la limpia de tierra con su pañuelo y se la entrega.

-Gracias señor, Usted me parece una buena persona como dice mi padre, sé que quiso jugar un ratito conmigo, ojalá algún día una plaza lleve su nombre.

Por iniciativa de la junta de Estudios Históricos de Villa Devoto, con el aval y la consulta a vecinos, logro que la Ley 5326/2015 de la Legislatura Porteña una de las siete plazoletas nuevas del bulevar Chivilcoy lleva su nombre.

sábado, 4 de mayo de 2024

EDUCATIVAS Y CULTURALES

CUENTO


TRENDING TOPIC

Escribe: LUÍS DUARTE - Escritor


De pie, con la bolsita de remedios en una mano y la tarjeta de crédito en la otra, espero mi ticket. La empleada que me estaba atendiendo se evaporó.

Pasa una rata entre los demás clientes, y atrás un tipo embanderado en su escoba. Debe ser el dueño de la farmacia, y la carrera es frenética.

Me doy vuelta. Trato de comprender, ya que a mi edad la realidad ha perdido consistencia, toda credibilidad.

Otro cliente le pone el pie, y el tipo cae. El mosaico gana en sangre y el tipo no se mueve. Un chico le pisa la cola a la rata, que corcovea, empuja y se libera. Corre hasta la puerta del negocio. Se para en dos patas, hociquea el vidrio. Se da vuelta y nos mira. Imagino que sólo debe ver paredes con gente dibujada. De tan aterrados que estamos, no sabemos ni dónde meternos. Yo me uní a los que se apoyaron contra los muros, sin saber por qué. La rata se ve exhausta, de no mediar semejante barullo, podríamos escuchar su respiración. Permanece quieta y contra el vidrio.

El griterío confunde a todos. Los trazos de la superficie exhiben las desigualdades. Dos señoras se tapan la cara y rezan. Nadie ayuda al tipo a levantarse. Si alguien se asomara del otro lado del vidrio, vería el local vació, o al dueño tirado en el piso, no más.

El tipo deber sentirse Dios en su peor día: sabe que el espanto y la risa burlona de los clientes han trasformado a la rata en una heroína. Aún así, se levanta. Se pasa la mano por la frente, ríe de su sangre. Empuña la escoba, señala a la rata con la punta. Es en este momento un toro que aborrece a todos los colores. Bufa, putea, y al hacerlo escupe las palabras, que se sumergen en una humedad dialéctica.

Un señor de traje le grita si matás a ese animalito te denuncio en la Sociedad Protectora de Animales. Otro se suma al ultimátum, y agrega que sabe de muchos casos parecidos que terminaron en cana. El tipo se da vuelta, nos mira, lleva el dedo índice a su boca.

— Shhhhhhhh. Cierran el orto, o los escobazos son para ustedes.

Una señora de ruleros se pone a filmar. Varios la imitan. Alguien dice que está transmitiendo en vivo para Facebook. Es un muchacho que tiembla y filma. La epidemia alcanza a casi todos, que sacan los celulares. La de ruleros vocifera que su video ya es trending topic. Lo mira al tipo por arriba de la pantalla: le hace señas de que siga, de que ejecute al maldito roedor.

—Si no —dice—, la gente del otro lado se va aburrir como un hongo.

El tipo mira a la rata, la encuadra, la mensura. Se moja las cejas, saca la lengua. Se aferra a la escoba y, ante el griterío, corre hasta el frente del local.

La rata no se mueve. La colisión es inevitable. El tipo, a muy poca distancia, seguro que ya se imagina entrevistado por Chiche. Sonríe y se zambulle.

Alguien abre la puerta, la rata huye. El tipo vuela a lo Harry Potter, pero sobre el pavimento. Juro que me dolió el golpe. La de ruleros grita que el video ya es viral, y la abrazan. Todos aplauden.

Una vez que apagan los celulares, discuten cuáles eran sus respectivos lugares en la fila antes del incidente.

Yo paso al lado del tipo, que apenas se mueve. Me agacho con dificultad.

—No se preocupe, señor —le digo— al ticket me lo dan mañana.

jueves, 4 de abril de 2024

EDUCATIVAS Y CULTURALES

RELATOS DE VILLA DEVOTO


ENCUENTRO EN OTOÑO


Escribe: NORBERTO PEDRO MALAGUTI


El rigor de los primeros de los primeros días de Abril han ido desnudando los plátanos, sus veredas están cubiertas de una alfombra marrón extensa que parece ondular con alguna brisa.

Hace poco tiempo que Oran ha cambiado de nombre, pienso, que representa ese nombre de un personaje que me es ajeno. Trato en mi marcha de evitar esas grandes hojas para no afectar el reciente lustre de mi calzado, tarea que además me es de enorme desagrado.

Allí voy a ese encuentro, bastante abrigado lógicamente pero que le quita elegancia a mi figura, esa que se supone se representa en los jóvenes años.

Mis pasos me llevan hacia la avenida San Martin, en busca del colectivo, pues el encuentro es en una confitería de Medrano y Rivadavia.

Que sorpresa me llevare esta tarde, ya que Jorge me espera con su novia y una amiga, pues conociendo mi extrema timidez quiere como él dice, desea socializarme con el sexo opuesto.

No puedo negar que me invaden los más diversos sentimientos, ansiedad, vergüenza, miedo a la torpeza, no estoy preparado para esas situaciones

Pero como hijo único, abundancia de primos varones y una escuela unisexual, estoy sufriendo mucho este encuentro.

Me repito en el viaje que palabras decir, como actuar, pero sé que no hay encuentro más incómodo que una cita a ciegas. Encima tengo una injusta fama de "engrupido", pero cuido mi imagen del ridículo y la vulgaridad, que suelo trasladarla a los demás, lo cual es muy injusto.

Ese viaje de unos veinte minutos, lo sentiré muy largo, mi amigo que me conoce muy bien me advirtió: "quédate tranquilo, es una piba a tu medida, piensa y siente cosas que se parecen mucho a vos", esforzándose en ejemplos, pero mi incertidumbre me hace dudar de todo.

Pero porque habría de engañarme?

No puedo mentir, en varios instantes, cuando el vehículo se detenía en alguna parada me venía un impulso de bajarse y descender. Podía ser tan estúpido, y tan descortés?

Final de recorrido, desciendo último, creo que al verme en el espejo retrovisor estaba pálido.

No fue difícil ubicar la confitería, estaba en la misma esquina, un edificio algo antiguo, muy bien conservado, con ingreso por tres puertas vaivén diferentes, en sus vidrieras muy amplias se lee "Las Violetas, respire hondo tome valor e ingrese.

Mi mirada busco encontrarlos, pero la voz de Jorge hizo que girara mi vista hacia la izquierda allí casi a escasos metros estaban los tres.

Al arrimarme a la mesa Jorge facilito todo, me anuncio, aquí esta Juan Carlos, mi mejor amigo, acomodo una silla donde me senté casi como un autómata, y siguió ella es Cristina mi novia y te presento a su amiga Mary.

Mary, era rubia, pelo enrulado, relativamente corto, su carita de adolescente con cierto rubor en sus mejillas asemeja a una manzanita deliciosa, unos ojos verdes parecían iluminar aquel momento.

No sé porque pero pensé que ese encuentro era significativo, Mary emanaba una sensación de paz y naturalidad que normalizo mi pulso.

Casi de inmediato me recrimine que tanta estupidez había girado en mi cabeza antes de ese encuentro.

sábado, 23 de diciembre de 2023

VILLA DEVOTO

RELATOS


UNA VELADA INOLVIDABLE


Escribe: NORBERTO PEDRO MALAGUTTI (*)


Antiguo programa del cine Devoto
Ese sábado, como casi todos los sábados, teníamos un compromiso ineludible, ir a sufrir al Cine Devoto, a ver la proyección de tres películas en continuado, infaltables encuentros con Christopher Lee y Peter Cushing, con sus inolvidables actuaciones de Drácula y el Doctor Van Helsing, y al incomparable Frankenstein de Boris Karloff, una delicia del terror.

Después de almorzar, Rubén, Ricardo y yo, nos íbamos caminando por la avenida San Martín, hasta Nueva York, para disfrutar de nuestra cuota de masoquismo.

Ya en ese entonces el cine, mostraba sus años de deterioro, nadie se quejaba de ello, su platea estaba casi repleta, sobre todo de niños adolescentes como nosotros, creo que tiempo después, ya como Eurocine, con sus películas eróticas, no tendría tanto público como en nuestra época.

Qué lejos estaba el cine de viejos esplendores, como aquel marzo de 1930 cuando inauguraba el sistema sonoro, proyectándose “Amor Pagano”, con Ramón Novarro y Renne Andoree y unos días después a platea llena “El Beso” con Greta Garbo.

Llegaba el momento en que levantaban un telón medio desvencijado, con propagandas impresas en papel afiche de los negocios del barrio, se entornaban las luces y empezaba lo bueno, y con ello los primeros aplausos.

Eran unas cinco horas, de apretarnos las manos, gritar y asustarnos a lo bruto, una diversión única.

Era muy común que en algún momento la proyección se cortara inesperadamente, y allí, todos gritábamos, silbábamos y pataleábamos en el parquet de la platea. El acomodador se acercaba como para poner orden, pero no mucho, era raro ver que sacaban a alguien de la sala.

Tiempo después me convencí, que esos cortes eran exprofeso, como para dar una descarga necesaria a tanta monstruosa energía acumulada.

Terminada la función, ya de noche, salíamos los tres del cine, y vuelta a hacer la caminata a pie hasta la pizzería de José, ahorrarnos el boleto del colectivo 8, para comernos cada uno una porción de pizza, chorreante de muzzarella, una delicia inigualable, compartíamos entre los tres la Coca, hasta allí llegaba el presupuesto.

Una noche, no sé por qué razón, no volvimos por la avenida, fuimos por calles interiores, por supuesto caminando por el medio de la calle, no sea que fuéramos atacados por detrás de un paredón por Drácula, caminábamos bien juntos, y no era por un juego, era que aún nos duraba el miedo.

De pronto Rubén, gritó: ¡miren! Cuando giramos la cabeza, una enorme figura con los brazos en alto emergía de las sombras de un jardín, cuando lo vimos, disparamos como un cohete, hacia el farol de la esquina.

Seguramente en aquel tramo debimos haber batido todos los récords de velocidad.

Esa noche no hubo porción de pizza, en silencio derechito a nuestras casas.

Sin lugar a dudas debe haber sido: ¡La velada de cine más inolvidable de nuestras vidas!

(*) Este relato forma parte del Libro ¿ANTONIO DÓNDE ESTÁS? Y OTROS RELATOS DE LA VILLA DEVOTO. Si querés adquirir un ejemplar, comunícate con su autor al 4571.9389


RECUERDOS DE ANTAÑO


LOS CINES DE VILLA DEVOTO


Fortunato Nicolás Troisi, más conocido como “Colito” en su libro “La Villa Devoto que vi crecer” repasa las salas que tuvo el barrio

El primer cine que tuvo Villa Devoto existó en la calle Mercedes 4390. En el frente del viejo edificio tenía escrito en su mampostería “biógrafo”, llamado “San Carlos”. La entrada costaba diez centavos los días de semana, treinta los sábados y domingos y la vermouth, setenta centavos.

Las famosas películas mudas fueron muchas, pero para los chicos la Pandilla del Pecoso, Carlitos Chaplin, Jacquie Coogan, el perro Rin-Tin-Tin, las de cowboy, el gran actor Tom Mix, Greta Garbo, Lon Chaney, Rodolfo Valentino, Harold Lloyd, Ben Turpin y otros, eran sus preferidos.

No faltaba un piano que sonaba al compás de la película, ejecutado sin luz para el pianista.

Además, en “Operaci italiani” sito en Vallejos y Chivilcoy también se acostumbraba a hacer cine y después baile.

Alrededor de 1936 se inauguró el Cine-Teatro Febo, que existió en la calle Álvarez Jonte entre Segurola y Sanabria, de mucha categoría, con palcos arteciopelados color rojo, adornos artesanales y finos cortinados, que se conoció como el primer cine hablado.

Este espacio, además de cine, también contaban con espectáculos en vivo: faquires, grandes cantores, músicos de la época, obras de teatro, fiestas de aniversarios y de cooperadoras y otras organizaciones solían realizar allí sus acontecimientos sociales. Sus dueños fueron la familia Corradini.

El último cine con edificio exclusivamente destinado para tal fin que funcionó en el barrio fue el cine “Devoto”, ubicado en la calle Nueva York 3326, que en sus último años pasó a llamarse Eurocine.

Otro popular cine fue el cien teatro “Universal”, ubicado en la calle Lácr y Av. San Martín.

El cine “Lastra” que existió en v. Beiró 4389 englorió por su categoría al barrio.

Y por último, también tuvo gran resonancia el cine-teatro “Nobel, en Av. Beiró y Lope de Vega.

Actualmente el shopping Devoto cuenta con varias salas de cine donde se transmiten los últimos estrenos de la cartelera fílmica del segmento comercial.

jueves, 31 de agosto de 2023

EDUCATIVAS Y CULTURALES

LITERARIAS


LAS DOS CARAS DEL LIBERTADOR:
Un relato histórico


Escribe: Ona RC Alumna de 7º grado de la Escuela Primaria Nº26 DE 14 "DELFINA DE VEDIA DE MITRE".



Días pasados ​​Maia Alzugaray, a cargo de la Biblioteca "La historia sin fin" de la Escuela N°26 DE 14 de la Ciudad de Buenos Aires, se comunicaron con nuestra redacción para solicitarnos la publicación de una composición sobre el General San Martín, escrita por una alumna que está cursando séptimo grado en dicho establecimiento.

Por supuesto, aceptamos difundirla.

A continuación compartimos con nuestros lectores esta redacción, que invita a conocer a un prócer humanizado y cercano que "habla en primera persona". Y el mensaje medular de este relato sobrevendrá sobre el final cuando la escritora de apenas 12 años expone su sentir y convoca desde estas líneas a comprometernos con el presente que nos une en nuestro devenir histórico.

"Yo soy San Martín o, mejor dicho, era, porque ahora no soy nada. La gente piensa que yo era súper valiente, que nunca tenía miedo y que era un héroe. Pero había días en los que mi cuerpo no sentía nada más que Miedo y mi corazón latía tan fuerte que me dolía. Y sí, sí crucé la cordillera de los Andes, sí liberé a Perú, Argentina y Chile, sí me arriesgué a perder la vida, pero esas son solo las cosas buenas que pasaron en aquella. guerra. También hubo dolor y tristeza por todos los amigos y compañeros que morían, hubo miedo de no poder volver a ver a nuestra familia, hubo enojo hacia el ejército contrario y hubo alegría por todas las peleas ganadas.

Cada vez que recordaba a mi esposa, Remedios y a mi pequeña hija, Mercedes, me ponía a pensar en qué me hubiera gustado decirles antes de morir. A veces sentía tanto odio hacia la guerra, que me enojaba con mis soldados o con mi esposa. Ella era la persona que me soportaba todos los días y que lo iba a hacer hasta que alguno de los dos muriera. Ojalá la hubiera tratado como se lo merecía. Ojalá mi esposa se hubiera casado con un hombre mejor. Como yo lo hubiera hecho cuando ella falleció.

Yo era un hombre muy atractivo, no lo digo por alardear, sino porque tenía muchas amantes. La que más recuerdo es a Jesusa, que trabajaba entre la servidumbre de la familia de mi esposa, los Escalada. Esta mujer servía las mesas en las tertulias. Al servirme la comida, rozaba su brazo con el mío y me decía algo al oído, que yo nunca lograba oír por el ruido de la música. En ese momento, yo estaba perdidamente enamorado de Remeditos y mi intención era casarme con ella. Una noche, acostado en mi cama, escuché que alguien tocaba levemente la puerta. Parecía una mujer con intenciones. Empecé a imaginar que era Remeditos y mi corazón no dejaba de palpitar. Cuando abrí la puerta, estaba con una mano en la cadera y vestida provocativamente ¡Jesusa! Pensé en invitarla a pasar la noche conmigo, pero no podía dejar de pensar en Remeditos, entonces le dije que no quería tener nada con ella y se fue con los ojos húmedos a punto de llorar. Aunque, cuando me acompañó a Chile y a Perú, sí tuvimos algo y unos días antes de morir me enteré que había tenido un hijo con ella.

También tuve otro hijo llamado Joaquín Miguel de San Martín y Mirón, este lo tuve con otra de mis amantes, de la que no recuerdo el nombre. Lo conocí en Europa, pero no tuvimos una buena relación, porque ya era muy tarde y pensaba que había sido un error. Él tenía razón, pero aunque no lo quería tener, lo iba a querer como a Mercedes.

Además de gustarme las mujeres, en especial Remeditos, me gustaba jugar al ajedrez con mis soldados. Pero no era solo un juego, también era un entrenamiento para la astucia y la estrategia. Yo lo pensaba como si cada una de las piezas fuera una parte del ejército: el rey era la patria, la reina el general, los alfiles los comandantes, los caballos la caballería, las torres la artillería y los peones la infantería. Siempre ganaba, hasta con los mejores jugadores del mundo.

Cuando Remeditos me acompañó con Merceditas ella se sentía muy mal porque tenía tisis, así que se tuvo que ir. Ella no quería irse ya que había ayudado bastante, pero yo le dije que era lo mejor. Cuando se fue se llevó a Merceditas y un ataúd que ya tenía destinatario. Cuando Remedios murió y yo ya estaba en Buenos Aires, fui a buscar a mi hija. Con mi suegra, Tomasa, no teníamos muy buena relación. Mercedes había pasado más de la mitad de su vida con su abuela, por ende, ella no quería dármela. Por esta razón, Manuel actuó como mediador y a regañadientes, hizo que Tomasa accediese a darme a mi hija.

Hice que construyeran una lápida sobre el sepulcro de Remedios en el cementerio de Recoleta. Mientras esto pasaba yo me quedé meditando solo. En su ceremonia vi una cara conocida, no me salía el nombre hasta que recordé. Era Jesusa, ella venía ya que conocía a Remeditos desde pequeña porque había sido su sirvienta. Cuando me saludó, pensé que iba a intentar conquistarme, pero ya tenía esposo. Me puse un poco triste, no porque me gustara sino porque al parecer yo ya no le gustaba a todo el mundo, pero también me puse muy contento por ella.

Mucha gente me decía que me creía lindo, inteligente, aplicado, entre otras cosas. Es un poco verdad. Bueno, bastante verdad. Cuando yo estaba en Perú, José Bernardo Alzedo Retuerto, un compositor peruano, escribió una canción en donde mencionaba mi apellido, solo por esa razón, la distribuí, para que fuera el Himno Nacional Peruano. No recuerdo todo el himno, ya que era muy largo, pero recuerdo la estrofa de mi apellido, creo que era algo así:

Por doquier San Martín inflamado
libertad, libertad pronunció
y meciendo su base los Andes
la enunciaron también a una voz

También había una canción muy popular en las tertulias, llamada La Palomita, esta también me nombraba, y por esto, hice que se escuchara mucho.

Cuando conocí a Remedios, yo estaba en una fiesta. Ella tenía un vestido claro de estilo imperio. Cada vez que la miraba parecía esconderse con su abanico. Mientras la seguía con la mirada pregunté quién era. Niños, adultos y ancianos me dijeron que era la preciosa Remeditos, hija de los Escalada. Estábamos en el patio de la casa de donde se hacía esta fiesta. La empecé a seguir como si fuéramos niños jugando a «La Mancha». Ella corría levantando su vestido un poco para no tropezarse. Llegamos a una parte del lugar, en donde casi no se escuchaba la música. Nos sentamos en el pasto a mirar la luna. Luego volvimos para entrar a la casa ya que había empezado a refrescar. En el camino charlamos, pero no recuerdo sobre qué. Estuvimos toda la noche juntos bailando minué, tomando y comiendo. Cuando volví a mi casa no podía parar de pensar en el mejor día y la mejor fiesta de mi vida. Después nos casamos, tuvimos a Mercedes y seguíamos teniendo el mismo amor que teníamos cuando nos conocimos.

Cuando envejecí, mi hija y mis nietas venían a visitarme. A veces dábamos una vuelta en coche y yo la hacía detener a Mercedes en la rambla para ver el mar. Cuando me di cuenta de que ya no podía moverme solo y que estaba casi ciego perdí las ganas de comer. Un día fuimos a la tarde con mi hija y mis nietas a ver el mar de nuevo. Cada vez me costaba más respirar y pensando que iba a ser la última vez que veía el mar, dije por lo bajo: C'est l'orage qui méne au port. [Es la tormenta que lleva al puerto]. La mañana siguiente me fui a acostar con mareos mientras mi hija me leía las noticias. Deliré. Sentí convulsiones. El hombre con la capa negra había venido por mí. La muerte. Mientras sentía todo esto me puse a pensar en que al final, fui una persona normal. Cometí errores, lloraba, me enojaba, decía cosas de las que después me arrepentía y tenía miedo. Sí, hice cosas muy buenas y luché por la libertad. Pero era igual que todos, y ese «todos» te incluye, y podés hacer lo que yo hice y hasta cosas mejores."

Bibliografía:
GARCÍA HAMILTON, José Ignacio. Don José: la vida de San Martín. Buenos Aires, Sudamericana, 2000.

lunes, 31 de julio de 2023

EDUCATIVAS Y CULTURALES

RELATOS DE VILLA DEVOTO


¿ANTONIO, DÓNDE ESTÁS?


Escribe: NORBERTO PEDRO MALAGUTTI


Ese inicio de abril, nos anticipaba un invierno riguroso, allí los tres, en el viejo café billar de la avenida Santa Fe, degustábamos entre sorbo y soplido un chocolate caliente.

Walter traía de ablandar un gomoso churro e intentaba introducirlo en su pequeña boca, que solo parecía hecho para silbar.

Raúl, me miraba en una forma entre inquisidora e indiferente, y sacándome de mis pensamientos, me inquiere – Gordo, son las cuatro y media- ¿Cómo te volvés a tu casa?

Tengo el San Martín – respondí, me bajo en Devoto.

Walter que seguía luchando, con su mentón húmedo de chocolate, interrumpe diciendo -me voy en tacho hasta Saavedra, si les viene bien, los acerco.

No sé por qué extraña magia, siempre tenía un resto de dinero en sus bolsillos.

Llamamos al mozo, pagamos y nos despedimos.

Mientras subía por esas escaleras atuneladas de la estación Palermo, rumiaba, Raúl me tiene seco con eso de gordo, si pesa como diez kilos más que yo.

¡Pero cómo baila el turro este!

En la boletería, el empleado disimulando un bostezo, espeta - ¿adónde? – a Devoto, ida solamente. Respondí.

Miro la cartelera de horarios, tengo suerte, en nueve minutos llega el primer tren.

Con la mirada perdida en las vías, comienzo a notar que empiezan a vibrar, me arrimo al bode del andén, empapado de rocío y veo asomar la máquina de vapor, el haz de luz de su foco atraviesa la niebla como una cuchillada.

Me llama la atención la placa roja de ese monstruo de acero, tiene el número 343, ¡capicúa! Qué feliz sorpresa me deparará este día.

Subo los tres escalones del vagón, ingreso al salón de la derecha, la intensa luz de las bombillas incandescentes hiere mis fatigados ojos.

Casi vacío, lógico, deduzco, un domingo a semejante hora.

En la fila de la derecha, observo una señora, con un pulóver celeste intenso, tejido a mano.

Pienso, siempre con esa manía de encontrarle una explicación a todo, debe ser una enfermera que vuelve del laburo.

Dos filas más adelante, un hirsuto caballero, vestido con un traje negro, agrisado de tanto uso, dormitaba, apretando con fuerza entre sus manos un pequeño paquete envuelto en papel de diario.

Ese traje lo debe haber heredado, deduje, le queda chico, las mangas no llegan a cubrir los puños de una camisa celeste deshilachada.

Me siento solo en uno de esos duros asientos de madera, del lado de la ventanilla, paso la manga de mi campera para limpiar el vidrio empañado, como si se pudiera ver algo en medio de esa desoladora oscuridad.

El silencio que predomina en el ambiente hace más notoria esa música monótona que generan las ruedas en las uniones de las vías, acompasadas de acuerdo a la velocidad de la marcha, como esas interminables variaciones del Bolero de Ravel.

Ese particular clima me llena de placidez.

Chirrean los aceros, el tren está empezando a detenerse, miro por la ventanilla, van apareciendo en fila esos centenarios eucaliptos, estoy llegando a la Villa, me levanto

La supuesta enfermera se ha ido, dejo solo al caballero, vaya saber a que rumbo desconocido.

La formación se detiene en el andén mas lejano a mi destino, bajo por las escaleras al túnel y mientras lo recorro, recuerdo la cantidad de veces que Edgardo comentaba…

- Este túnel fue recorrido por el Príncipe de Gales, por la década del veinte, en una agitada visita a la Villa.

- Respiro profundo como si quisiera rescatar algunos de los perfumes de ese emblemático personaje.

Encaro por la avenida Fernández de Enciso, la niebla es cada vez más intensa, allí está el Rodis Bar, mostrando su presente agonía. Nada queda de sus tertulias políticas, de la vitrolera y su música, que, a pesar de no ser muy agraciada, despertaba algunas fantasías a más de un parroquiano. No se escuchan a los discutidores de las carreras de caballos, ni los golpes de los tacos de los artífices del billar.

Al pasar frente al lugar, quiero gritar, ¡Pero si hasta el techo se ha derrumbado!

Empiezo a divisar la silueta de la plaza, y sus deslucidas casuarinas, la cruzo diagonalmente, para continuar por Enciso.

Bordeo el monumento a la bandera, orientando mi mirada buscando a Don Antonio, allí reproducido en bronce por aquel artista florentino, Zocchi.

Cuántas veces habrá viajado a Italia, para modelar, y a pesar de ello nunca pudo verla terminada.

Pienso, con insólita ocurrencia, si alguna vez, responderá a mi silencioso saludo.

¡No, no puede ser! Exclamé con sorpresa, el monumento del aquel Antonio de bronce, no estaba en el descuidado pedestal.

Acercándome a la pequeña verja de metal, caído sobre el césped, encontré un pedazo de caño, ¿será el bastón suplente de aquel que alguna vez le robaron?

Al costado del pedestal, se denotaban algunas huellas de pisadas, bastante profundas, pero no se veían señales de que hubiera sido arrastrado.

No sé qué razón me llevó a ir a la ante galería, de la escuela secundaria, a la que recientemente la bautizaran con su nombre, por votación de sus alumnos, allí sobre ese ante patio que da a la calle Mercedes, sólo se ven cicatrices de cemento en el suelo donde alguna vez estuvo su estatua.

Dentro del edificio de la escuela, se ve una tenue luz, enfilo entonces hacia el bulevar Del Carril, el césped continúa alto, indisciplinado, afeando, lo que había sido una importante residencia, que compartía algunos fines de semana con su primera esposa, Rosa Viale y algunas destacadas personalidades de la época.

En la galería de la derecha, curiosamente se encontraban tres sillones de maciza madera, tapizados en una engobelinada tela, me acerqué, y a pesar del intenso fresco reinante, uno de esos sillones tenía el respaldo tibio.

Ya allí, me asomé al ventanal, para observar el interior, no se percibía presencia alguna. En cambio, me impresionó sobremanera, la brillantez y luminosidad del piso de veneciana, con sus vívidos motivos, como nunca lo había percibido antes.

Sólo eso.

Enfoqué hacia el bulevar, la pequeña puerta, curiosamente estaba abierta, salí apresurado, mientras la residencia se desdibujaba en la cada vez más intensa niebla.

Ya por la calle San Nicolás, asomaba sobre los techos de las residencias, un cielo rojo titilante, anunciando el próximo amanecer.

Retomando mis pasos, constante que ese hombre de bronce, seguía ausente, ¿dónde se habrá ido?, cansado de la falta de respeto de las palomas, de las agresiones de los estudiantes con sus marcadores, harto de los chillidos de las cotorras, que herían sus cultos oídos, amante de la ópera italiana.

No sé por qué decidí enfilar para el Asilo, obra de su generosidad, donde alguna vez en su puerta de entrada estuviera presente ese hombre en bronce.

Quise acelerar el paso, llevado por mi ansiedad, pero sin embargo más quería apurarme, más lento era mi andar, como si estuviera calzado con zoquetes y zapatos de plomo

Al fin llegué al Asilo, bautizado con el nombre de Humberto Primo, en homenaje al asesinado heredero del trono de Italia.

El rojo intenso, no era causa de un nuevo amanecer, partía de dos puntos distintos del Asilo, que estaba siendo rápidamente consumido por las llamas.

Esta extraña atmósfera de niebla, fuego, humo y cenizas del arder de las maderas, me ubicaba fuera de lo temporal, si esto había ocurrido cincuenta años atrás.

En medio de este fantástico panorama, ¿no sería lógico que Antonio, en su desesperación, se haya apresurado en volver allí.

¡Acaso no había estado abandonado entre sus ruinas tanto tiempo en ese lugar! Solo faltaba un encuentro con el Duque de los Abruzzos, como en aquel año de 1904, cuando colocaron la piedra fundacional.

El edificio se iba consumiendo, sin embargo, mi rostro, no recibía su calor, todo lo contrario, estaba el ambiente tan frío y destemplado como mi espíritu.

Imaginariamente intenté reproducir ese mundo repleto de sonrisas y pesares de las niñas y los niños, las atenciones y rezongos de las mojas de la orden de la Virgen Niña y en medio de ese cavilar, no podía encontrar aquel Antonio de bronce.

Apesadumbrado, encaminé mis pasos hacia mi casa, cuando giré para tomar Emilio Lamarca, por detrás de mí, una pesada y fría mano apretó mi hombro, sentí un sacudimiento estremecedor.

Lo que pasó por mi mente en ese instante, no se podría explicar, sólo sé que mi estómago se estranguló, extrañé el ritmo de mi respiración. Y de pronto una voz me sacudió.

- ¡Su pasaje por favor!

Desperté abruptamente.

El inspector soltó mi hombro, mientras yo hurgaba en el bolsillo de mi campera el boleto, mientras con la mano frotaba mis párpados, el tren empezaba a detenerse, vi con dificultad a través del vidrio, nuevamente empañado, un cartel de letras en sobre relieve blanco sobre fondo negro, anunciaba la Estación Caseros.

Este cuento forma parte del libro ¿Antonio dónde estás? y otro relatos de la villa, escrito por Norberto Pedro Malaguti. Editorial Relatos barriales.

jueves, 29 de diciembre de 2022

EDUCATIVAS Y CULTURALES

CUENTO


EL DÍA QUE DESAPARECIÓ VILLA DEVOTO


Escribe: NORBERTO PEDRO MALAGUTI
Integrante de la JUNTA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE VILLA DEVOTO




Ese 28 Diciembre, viernes para mayores datos, era de esperar que se sucedieran las habituales bromas que terminan con la tradicional frase “que la inocencia te valga”. No fue así, en un mundo en que la naturaleza parecía vengarse de las enormes agresiones que le ocasionábamos, nos respondía con una epidemia arrasadora, y la insensatez humana revivía otro episodio de guerra, no cabe duda que no había animo ni para bromas.

Regresando del trabajo recorría ese pueblerino y bucólico Villa Devoto, su alma provinciana parecía no tener imprevistos, un grupo de adolescentes salían de la academia de danzas de Fernández de Enciso, con sus risas como flores de distinto tono, parecían adornar nuestro barrio jardín. Crucé las vías y aunque las barreras estaban elevadas mire para ambos lados, signo de desconfianza, no lo sé.

Parecía terminar el día sin novedad, el teléfono en silencio, mientras buscaba algo en la heladera para hacerme algunos tostados, casi automáticamente apretaba el control remoto para someterme a la dictadura de la televisión.

Que puede encontrar un solterón en la heladera, una lata de paté de foie abierta, pan de molde, mayonesa, todos productos elaborados industrialmente, algo por lo menos para un emparedado.

Un alerta aparecía e interrumpía un programa de entretenimientos, luego unas letras rojas anunciaban, “existe la probabilidad de que un asteroide de unos ochenta kilómetros de largo se estrelle en la tierra", música adecuada para el caso. Me causo gracia, al fin aparecía el Día de los Inocentes.

Estaba realmente cansado, fui al baño, me cepillé los dientes y creo que llegué a la cama ya dormido.

El alarma del reloj despertador, que había olvidado desactivar me despertó a las ocho menos cuarto del día siguiente, me putee a mí mismo, porque soy de los que no puede reanudar el sueño, me llevé el teléfono al baño, puse radio Con Vos y elegí el toallón menos húmedo para secarme después de la ducha.

Justo cuando tenía los ojos picantes por la espuma del shampoo, un locutor se refería al tema de la posibilidad de que el asteroide hiciera impacto con nuestro planeta.

No era joda pensé, acelere el chapuzón y me fui a la compu a buscar en páginas científicas como era la cosa, y las habituales informaciones sensacionalistas.

Varios observatorios de Alemania, Rusia, Estados Unidos, el de Chile, habían detectado, analizado y proyectado su trayectoria y confirmaban hasta cual era la velocidad en que se aproximaba, todos los datos con impresionante la precisión.

A ello sucederían reuniones en las Naciones Unidas, con los principales científicos que llegarían a la conclusión que en unos sesenta días estaría ingresando a nuestra estratosfera.

Las conclusiones en que llegaron varios días después es que era absolutamente necesario impactarlo con misiles para desviarlo ya que si ello ocurriera podría convertirse en el fin de la existencia de la vida en la tierra.

Con la precisión que hoy la ciencia tiene, calcularon que 29 días antes de su impacto era el momento adecuado para destruirlo, se prepararon en distintos puntos de lanzamiento con diversas alternativas.

Se disparo un misil con carga atómica que interceptaría al asteroide unas dos semanas antes de su ingreso a la atmósfera. Como pudo observarse en todo el mundo el impacto produjo una explosión impresionante, se necesitaron tres días más para que se disipara el entorno y se pudiera analizar la situación.

El resultado fue que se había logrado el objetivo en un 93,547219% de acierto pero en realidad para la gente era lo menos importante, sino que el riesgo desapareciera.

A través de una evaluación se detectó habían quedado dos esquirlas que tenían una nada despreciable magnitud, uno de una circunferencia de ocho metros y el otro de cinco metros pero que aún su trayectoria continuaba hacia la tierra, y que dicho tamaño podría producir datos locales importantes.

Se analizó nuevamente y se estimó que sería posible que se desintegraran o estallaran en la atmósfera terrestre, las últimas precisiones indicaban que cayeran en el Atlántico Sur, próximo a la desembocadura del Rio de la Plata.

Lamentablemente no fue así, si bien gran parte se desintegro en la atmósfera, los dos restos apuntaban directamente a la Ciudad de Buenos Aires, y así fue, cayeron con una distancia de 500 metros entre sí en el barrio de Villa Devoto.

Problema menor para el mundo del “Norte civilizado”

El primero se estrelló en pleno Hospital Zubizarreta y dos segundos después el otro estallo a escasos metros de los jardines de la Facultad de Agronomía.

Ambos impactos fueron devastadores, cenizas quedaron del Hospital, la Biblioteca, los colegios de la residencia de Antonio Devoto, ni sombra de la casa de Tamini, del Castillito, del Palacio Ceci, en un área de más de tres mil metros a la redonda solo cenizas y escasos escombros.

Gran parte de Villa Devoto eran ruinas, su alma pueblerina, sus jardines, aquellas hermosas residencias del Devoto primitivo, esfumadas.

Curiosamente unos aficionados al periodismo astronómico y poseedores de extraordinarios equipos fotográficos, en una secuencia de exposiciones lograron fotografiar ambas esquirlas instantes antes de estallar.

Analizando posteriormente las fotografías les llamo mucho la atención su forma, por eso en el informe ponían que una tenia forma de botella de vino y la otra de una hamburguesa.