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miércoles, 10 de abril de 2024

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SALUD MENTAL


¿MI HIJO ES BORDER?

¿Qué significan las categorías borderline, límite de personalidad o fronterizo?


Escribe: ADRIANA DEZA
Lic. en Psicología (M.N. 55836). Magister en Neuropsicología clínica


Los términos bordeline, trastorno límite de la personalidad o fronterizo son prácticamente sinónimos. En el sentido de estar al borde de un estado normal. Sin embargo, cada vez se hace más difícil establecer una conceptualización sobre lo "normal" y también acerca de las otras nomenclaturas expresivas de ciertas patologías mentales. Incluso el vocablo mental, ha sufrido muchas críticas a lo largo de los años, señalado con más énfasis por el psicoanálisis. El objetivo de esta nota no es profundizar el contexto de di-chas palabras o mejor, el marco teórico, sólo se menciona lo básico, en cuanto a constructos categoriales temáticos para introducirnos brevemente en el tema.

Como padres, educadores y profesionales de la salud mental, nos interesa identificar ciertos conflictos psíquicos específicos a efectos de poder contribuir a la inserción de los niños en el mundo social, evitar que sean discriminados, contribuir a un buen desempeño escolar. En resumen, mejorar la calidad de vida de ellos y nosotros.

Si bien, cada uno de los actores nombrados padece desde un lugar diferente la frustración de estos niños y niñas con problemas, los padres parecen ser los más afectados, por muchos motivos y uno de los más llamativos, es la negación y el estado defensivo hacia los profesionales que señalan ciertas complejidades conductuales. Esto resulta, lo más común y luego de la aclaración arriba manifestada, lo normal.

En general, los padres somos seres a los que les preocupa más la felicidad de nuestros niños que la nuestra. Y por ello, en principio no podemos aceptar, así como así, la primera observación realizada venga de donde venga. ¿Qué hacer? Un psicodiagnóstico, una evaluación neurocognitiva y un estudio conductual, suelen ser los más habituales para decidir si el menor necesita la intervención de un neurólogo, de un psiquiatra o simplemente psicoterapia. En ocasiones, ni siquiera. En un test neurocognitivo se puede establecer con bastante seguridad lo que afecta al pequeño o pequeña, púber o adolescente. Es verdad, que a medida que los chicos crecen se hace más difícil actuar de manera preventiva y corregir ciertas conductas pasibles de ser reeducadas con el adiestramiento adecuado.

Hablamos de aprender habilidades personales y sociales para responder de manera correcta. Y encuadrarse dentro del encastre cultural de "normal".

¿Puede aprenderse la normalidad? Si. ¿De forma acabada? No. ¿En qué medida? La proporción varía en relación al efecto buscado, el ámbito y la meta. ¿Por qué? Porque algunos chicos tienen un razonamiento que funciona desde lo simple a lo complejo y otros al revés. ¿Por qué? Son múltiples los factores. Uno: el desarrollo de las funciones cerebrales en los niños es asimétrico.

¿El sufrimiento psíquico de un niño bordeline es mucho? Sí. ¿De los otros casos enunciados al comienzo? Sí.

¿Por qué decidimos recortar en trastorno límite de la personalidad? Porque muchos no detectados a tiempo terminan mal. Consumen sustancias, contraen HIV, terminan privados de su libertad. Además, porque existen en la actualidad concepciones teóricas que los señalan como un tipo de personalidad y no, como una enfermedad. Así como el DSM V y la Cie 11, sacaron definitivamente la homosexualidad como una patología, lo mismo ocurrió con el TLP. No obstante, si no se trata tempranamente, las consecuencias son muy dolorosas.

Existen varios criterios diagnósticos para determinar si un niño, púber o adolescente padece esta patología o tipo de carácter conflictivo. Uno de ellos, es la incapacidad de empatizar con el prójimo, la crueldad y la temeridad. Estos rasgos de por sí, dañan al sujeto enfermo y los posibles afectados del accionar de este. Como la inteligencia en sus diferentes funciones puede ser incluso, más elevada que la media promedio, nuestros bebés como solemos decirlo, pueden acabar hasta con nosotros. La manipulación es un atributo marcado en el TLP como lo es, la capacidad para mentir compulsivamente. Sin entrar, en conjeturar acerca de la posibilidad de que estos sujetos lleguen a un cargo de autoridad y sus terribles consecuencias. Imaginemos por un momento que nuestro ama-do hijo o hija, termina preso por haber incendiado el auto del vecino, haber acosado por una red de internet o lo que es peor, haber amenazado a alguien. Las víctimas reaccionan de distintas formas. La ley, los medios, las redes, mano propia. Hay que pensar que las víctimas pueden ser también TLP. Con lo cual, el panorama se oscurece.

La historia reafirma cada día que pasa la condición de psicótico de Hitler. ¿Cuántos casos son sospechados de locura? Llegados aquí. ¿Y si podemos evitarlo con una simple consulta psicológica? Y cuando decimos una, no nos referimos a una sola sesión sino a un estudio de varias. ¿Vale la pena?

La crisis económica y social nos afecta a todos. Dentro de esta totalidad los niños la padecen con mayor dificultad. Dependientes por necesidad de sus cuidadores (padres o no), poco entienden de los recortes a sus útiles y elementos didácticos para mejorar su desempeño escolar.

Son tiempos en dónde pocos pueden o no quieren, hacerse eco del dolor ajeno. Tiempos mundiales en dónde, ni por ser niños se salvan en algunas regiones de ser señalados con los peores adjetivos.

¿Cómo afrontan los padres los déficits de atención? Y si además ¿hay un tras-torno de aprendizaje?

Los papás trabajan y los chicos utilizan más de la cuenta los celulares o la TV. Los Juegos que hasta en algunos casos, los ayudan a pensar, contribuyen negativamente en la etapa de lecto-escritura. Abundan pequeños con sospecha de Dislexia y trastorno en el neurodesarrollo. Si bien, algunos casos cuentan con una etiología genética, otros casos se han forjado día a día, por falta de ejercitación. Se sabe, que un miembro que no se utiliza se atrofia. Pues, los mismo ocurre con algunas funciones del cerebro y, por ende, sus consecuentes fallas en la motricidad fina.

En ocasiones, durante las tres o cuatro sesiones de una evaluación neurocognitiva, los pequeños aprenden a escribir correctamente su nombre, comprender una historia breve y ciertas pautas de conducta, si se quiere, escolares. ¿Hay rehabilitación para el déficit de atención? Si. ¿Se puede mejorar un trastorno de aprendizaje? Si. Los niños lo merecen. Tratemos de darles un espacio accesible dentro de la comunidad.

De esto se trata esta nota.

lunes, 2 de enero de 2023

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SOCIEDAD

SALUDO PARA LOS DOLIENTES

Tu mejoría no empieza hoy, empieza cuando puedas dejar de llorar.


Escribe: ADRIANA DEZA  -  Psicóloga (MN: 55.836)




Según la teoría ocupada en la investigación de las personas con dificultades psíquicas o problemas existenciales no resueltos, se enuncia al consultor de diferentes maneras. Todos los nombres y sus variadas acepciones se encuentran equidistantes a una distancia exacta del dolor. En esta oportunidad, elijo llamarlos dolientes.

Los dolientes son por lo general sujetos/as con un pasado complejo ¿por qué no? triste. En el presente está muy de moda ignorar a la tristeza, exaltar la capacidad resiliente, fortaleza, la no victimización, creo que a un extremo perturbadoramente insensato. Porque la realidad de algunos seres es cruel y por lo tanto, el tiempo de recuperación, largo. Largo y difícil. Con esto no desestimo para nada, las ayudas de los libros de autoayuda, los videos y todo el material actual y pasado, para generar resistencia en los seres parlantes (nosotros) y hacernos sentir mejor. Pasa que muy pocos se detienen en el duelo, en la melancolía, en el dolor, en la angustia. Y muchas veces, los padecientes, pacientes, consultantes o dolientes, como elegí llamarlos aquí, se sienten peor. Es algo así como contar dinero delante de los pobres, o comer muy rico delante de un niño desamparado, con la ñata contra el vidrio como dice el tango, cirujano eximio de la vulnerabilidad en carne viva.

Siempre sostuve que perdonar a los injustos, es ser cómplice del delito, potencial o consumado. Lo sigo pensando. Ciertos principios no cambian. El cambio lo operan las personas. En un mundo mejor, la gente se aferraría más a los principios y nos los dejaría fácilmente. No hablo de instalarse en la melancolía para no salir más, hablo de la comprensión humanitaria de la angustia del doliente.

Doliente que padece un vacío existencial desde niño. Doliente que quisiera erguirse y aprender a sortear obstáculos, doliente que aún sabiendo que su hogar lo intoxica tiene motivos para quedarse. Doliente que no sabe cómo comportarse y percibe con claridad, que su indecisión genera rechazo. Doliente, observador de las máximas triviales al estilo de “mirar la copa llena y no la vacía” y tiene el alma apretada por múltiple amarguras sin superar.

A ese hombre o mujer, le dedico esta nota. Los quiero saludar desde el anonimato, les quiero decir, que los felicito por su lucha para seguir respirando, ya que, en cada respiración hay un poco de esperanza. Esperanza de un futuro que todavía no tiene forma, no tiene imagen y por momentos pareciera, no estar. Sin embargo, aunque hoy, no me creas, un día cualquiera te despertarás y empezarás a sentir un pequeño alivio. Cual animal herido y perdido en la calle, asomarás tu rostro y una sonrisa podrá resultar un estímulo para avanzar unos pasos.

Sabemos que a la amargura le sigue un descenso del aparato inmune, por eso, a los dolientes les comento, que caminen, vayan a un parque, miren flores, pájaros. La naturaleza genera milagros. La naturaleza alivia. La naturaleza nos ayuda a pensar y a sentir. Podemos colocar una rosa en la tumba de un ser amado, enterrar papeles escritos con nuestros peores recuerdos y hacer volar globos con nuestros deseos más íntimos.

Comenzamos un nuevo año y lo común es recibir saludos de buenos augurios. Como sostengo en esta nota, puede que hoy, no te resulte satisfactorio nada de ello. Entonces, te saludo de todos modos y te digo con mis mejores intenciones: date tiempo de llanto, soledad y reflexión. Porque lo último que necesitamos en este momento, es agregar alguna nana, por tener las defensas bajas.

Hoy no hay sugerencias, ni métodos.
Hoy. Te acompaño con mi mejor energía y deseos conscientes, de que tus penares terminen pronto.

Recuerda: tu mejoría no empieza hoy, empieza cuando puedas dejar de llorar.

La Lic. Adriana Silvia Deza es Psicóloga, Magíster en Neuropsicología clínica. Ex profesora de Filosofía secundaria y universitaria. Especialista en investigación educativa. Ex perito psicológica laboral.

sábado, 10 de diciembre de 2022

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SOCIEDAD


LOS ACUMULADORES


Escribe: Lic. en Psicología ADRIANA SILVIA DEZA (M.N. 55.836)



Existen varios nomencladores de salud de Mental. El más validado hasta hace poco es el DSM 5. Si bien, existe un consenso mundial en psiquiatría al realizarlo, hay varios puntos en el mismo, que consideran atenuantes. Es decir, factores socio-culturales incidentes en el sujeto padeciente, al punto de enmascarar su cuadro mental. Por qué digo: atenuantes, término más jurídico si se quiere que ¿psicológico? Porque me parece adecuado. Efectivamente, existen casos en dónde los criterios diagnósticos deben ser atenuados, por factores que escapan a dichos criterios.

Los acumuladores de animales y los acumuladores de objetos tienen algo en común, juntan ganas de tener algo que no pueden y entonces, juntan. A pesar de esta coincidencia las diferencias son demasiadas como para realizar una analogía. El tema de los animales y sobre todo, por tratarse de seres vivos, formará parte de otra nota y a futuro.

Acumular objetos implica rodearse de elementos importantes para esa persona sola interiormente y a veces, sola también exteriormente. Las piezas la abrazan, le dan seguridad y en ocasiones, forman un muro facilitador para alejar a los intrusos. Esos intrusos, que nunca supieron o no pudieron ver, la necesidad afectiva y material de ese prójimo sufriente. Ser humano que encuentra como defensa psicológica abrigarse con elementos útiles. La utilidad se convierte en real. Una blusa, un saco, un pantalón. Esa cosa que para el otro, no sirve, es empleada para vestirse. Acá no hablo de acumular y vender como forma de vida. A no equivocarse. Estoy enunciando una carencia. Un poder decir la verdad íntima de ese sujeto/a. De no poder actuarla. Convertirla en acto. Si para Aristóteles la semilla es un árbol en potencia y el árbol la semilla en acto. Para Hegel, un adulto es la actualización de un niño, que conserva en él, parte de ese niño y como tal, se relaciona consigo mismo y los otros.

El acumulador quiere actualizar su verdad. Sabe que no puede. Sigue manteniendo a su niño en su adultez, aunque a ese pequeño no le permiten dormir más con el peluche, sin dejarlo de considerarlo "loco" o "loca".

El acumulador tuvo que desacumular parte de su vida. Separarse de seres queridos y además de hacer duelos, aprender a soltar (está de moda). Tuvo que encontrar un lugar dónde estar. Juntar fuerzas, juntar desesperanzas y convertirlas en esperanzas. Juntar dinero cuando no se tiene y aprender a conformarse con mercadería de trueque Si, el acumulador cambia sus ganas de tener un calzado nuevo por uno usado. También sucede, que aún con dinero, compra muchas chucherías en lugar de un objeto determinado.

El acumulador junta y junta. Con cada juntada cubre en cierta medida la falta. La falta quizás alguna vez se satisfaga. Por lo menos, por un tiempo. Ese tiempo puede durar años. Y aquí, hay que celebrar y no, juzgar para criticar mal.

En muchas oportunidades, el acumulador dejó de aceptar ofertas laborales interesantes para cuidar a sus padres o a uno de los dos, deja de lado posibilidades de salvarse solo/a para seguir acompañando a un hermano/a. No lo hace porque la soledad física es insoportable, lo hace por solidaridad. Lo hace porque tiene valores propios, pero valores al fin.

El acumulador suele tener una historia de entregas existenciales. Por eso, ahora necesita guardar, necesita no volver a perder. Juntar es su única forma de saciar el hambre de tanto despojo.

Como el acumulador no puede tener lo que quiere, junta ganas. Y esas ganas, se transforman en juntadas.

martes, 9 de agosto de 2022

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SALUD MENTAL

LA SUPUESTA O NO, PELIGROSIDAD DE LOS ENFERMOS MENTALES


Escribe: Lic. ADRIANA SILVIA DEZA - PSICÓLOGA (*)
Magíster en Neuropsicología clínica M.N.55.836

En general cuándo se trata de explicar cómo se forma alguien peligroso, se apunta a su traumática infancia, pubertad o adolescencia. Ya es, una verdad de perogrullo, la conocida historia de qué hacer con los niños pequeños víctimas de abusos. La mayoría, suele decirse, se convierte en victimario. ¿Entonces? ¿Qué hacemos con las víctimas? los psicólogos tratamos de suturar las heridas con diferentes métodos psicoterapéuticos ¿por qué? las víctimas son inocentes y es de seres canallas, pensar en otras alternativas diferentes, que no sean, ayudarlos a reparar y repararse, tal vez una forma, es enmendar en otros, el calvario padecido. Acá obviamente, no menciono los avatares propios del consumo de sustancias. Los datos empíricos sobre la importancia de la adicción y efectos nocivos abundan por encima de otros aspectos psíquicos, abundan sí y en extremo. Un esquizofrénico medicado puede vivir y hasta trabajar, sin significar un peligro para nadie. Y así, podría enumerar diferentes casos. Ahora bien ¿hay certeza? No. Esto no se da únicamente por ser un padeciente portador de alguna enfermedad psíquica, se da, en cualquier persona, en un momento límite de su existencia.
Todo humano puede convertirse en un violento, perder el control, dar una trompada, gritar, enojarse, responder a una provocación con un insulto, un video o una crisis de angustia. Si esto no fuera así, seríamos androides. Luego, prevenir esta posibilidad es según mi criterio, una suerte de utopía. Es imposible saber cuándo a un sujeto se le salta la térmica, hablando en criollo estricto.
La defensa y la ira, forman parte de las emociones básicas de casi todos los seres vivos. El ser humano las tiene también. ¿Cualquiera puede ser un asesino? Difícil. Con la excepción de que la violencia inesperada surja en defensa propia. Me refiero a un acto necesario o inconsciente, en dónde no nos queda otra cosa, qué defendernos. A esta altura, calculo que nos entendemos y son innecesarios los ejemplos.
El hilo conductor de esta nota pretende justificar lo absurdo de estigmatizar a los abusados como posibles abusadores, colocar el mote de peligroso a un padeciente psíquico, cuándo en verdad, cualquiera puede ser igual o más peligroso, sin ser un enfermo mental. No voy a meterme con la delincuencia. No forma parte de esta nota.
Las personas peligrosas suelen tener una historia de maltrato animal y otros hechos de conflictos callejeros severos. No hablo de una discusión banal. Hablo de conducir a una persona a una internación clínica por la golpiza. Acá, estoy descartando un acto de defensa de otro, que pone en riesgo nuestra vida. Estoy pensando en algo tan absurdo como hacerlo por un choque automovilístico u otra causa, sin demasiada importancia. Me viene a la mente un recuerdo, iba paseando a mi pequeño perro en un parque, de repente otro mucho más grande vino en posición de ataque. Lo espanté. Creo que aplaudí con las manos y le dije algo así como ¡fuera¡ Ipso facto, apareció una mujer enardecida y con un palo, dispuesta a partirme la cabeza. A la distancia, pensó que le había pegado a su perro. Me costó bastante, hacerla entrar en razón. Finalmente, se impuso la racionalidad y la evidencia. En ningún momento, agredí a su perro, sólo defendí al mío. Este es un claro ejemplo de la pérdida del control por motivos, si se quiere, poco importantes. O por el mero presupuesto de que un semejante puede hacer algo, que a otro, lo saca. Hay mucha gente sacada. Hay muchos posibles violentos por cualquier motivo y en cualquier situación inesperada. ¿Se puede prevenir? Repito: difícil.
La única manera de mantener la calma, es autoexigirse un control extremo. ¿Y el otro? ¿Qué pasa cuándo nos provocan al límite del desgarro existencial?
Por desgracia, cuando ocurre un infortunio se buscan antecedentes porque antes, no tiene sentido. Un ejemplo reciente, es el hombre preso por asesinar a tiros a un perro cuyo ladrido le molestaba.
La búsqueda de posibles señales peligrosas, suele darse dentro de cada familia, afectada por violencia familiar. Aquí, suele ser conveniente, separarse. Y esta conducta de alejamiento es una toma de posición reduccionista, una arista ¿por qué? no es el tema interpelante de este artículo.
Hoy, hablo de la posible peligrosidad de todos, todas y todes. También de la imposibilidad de prevenirlo. ¿Qué hacemos? ¿Nos quedamos encerrados para siempre? O pasamos de ser, seres civilizados a dejar de serlo, por etiquetaciones absurdas, sin ningún rigor científico, ni ético, ni realista.
Estudiar, respetar, querer, ayudar, tratar de brindar comprensión y cariño, son la base de una vida mejor.
Dejemos de crear prejuicios que atentan contra una sociedad pacífica, tratemos cada día, de dar un ejemplo de solidaridad y entendimiento. No hay otra manera. Se trate de un enfermo mental o cualquiera.
Pensemos cuando tememos de la portación de rostro de alguien, cuando lo acusamos sin pruebas de su posible devenir amenazador ¿qué proyectamos de nosotros mismos? ¿Será que vemos en el inventado enemigo/a, lo que seríamos capaces de hacer? Según mi juicio, es así. Por lo menos, lo es, en el ciudadano común. Ciudadano común formateado por lo que elige ver. Si, elige.
Elijamos mirar al bien, evitar observar a la violencia, el destrato, la injusticia. Y puede ocurrir, que dejemos de ver al prójimo como un criminal en potencia. De lo contrario, insisto, hay que quedarse encerrado en la casa para siempre.

(*) Ex profesora de filosofía en enseñanza secundaria y universitaria. Especialista en investigación educativa.

Consultorio privado en C.A.B.A.
CEL: 1136560318

viernes, 22 de julio de 2022

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SOCIEDAD


NO TE SIENTAS SAPO DE OTRO POZO
¿Será que estás en el charco equivocado?


Escribe: Lic. ADRIANA SILVIA DEZA - Psicóloga


Como sabemos, el hombre es un ser macabro y bello. Capaz de hacer actos horribles y por suerte, los dioses o el destino, también es capaz de hacer actos buenos, nobles, altruistas. Es decir, si un grupo de mal nacidos puede llevarnos al exterminio otro grupo de bien nacidos, nos puede salvar. Con estas premisas básicas y en las que, creo podemos estar todos de acuerdo, introduzco el tema de hoy. Integración social y salud mental.

Elegí el ejemplo del sapo porque es archiconocido. “Me sentí como sapo de otro pozo” te cuenta un amigo sobre su visita a un sitio infrecuente. “Después de transitar sola casi toda la noche, una sonrisa, me hizo sentir viva.” Podemos extraer frases varias y múltiples como los sujetos portadores de estos sentimientos. Es bastante común, llegar a un grupo y sentirse raro. Lo sigue siendo, adoptar un personaje conforme al entorno. La idea a esta altura, casi de supervivencia es: integrarse a la sociedad.

Tal vez, la sociabilidad esté sobrevaluada, en algunas oportunidades hablé de la importancia de aprender a estar con uno mismo. Hoy te hablo de lo otro. Te hablo de estar con otros u otras, o como quieras llamar a ese humano con quién compartir un momento, un día o la vida. Vos elegís como nombrarlo, no necesitás de ningún lenguaje especial para incluirlo. La inclusión está en vos. Ahora bien, la gente tiene estereotipos. Con esto digo, que si bien somos diferentes, no lo somos tanto, como para pensar que nuestro perfil es único e irrepetible. Entonces, puede acontecer que estemos con personas equivocadas, las causas son muchas.

Hay seres cuya esencia está teñida de odio. Se une sólo a odiadores y cualquier pretexto alcanza.

Otros, buscan pasarla bien, sin molestar a nadie. Acá el universo es amplio.

Tanto, que cualquier ámbito en dónde ni siquiera se nombre al resentimiento, vale.

Otros sujetos/as son cazadores de sensaciones compartidas. Escribir, pintar, decorar y lo que te venga en mente.

Existen humanos sostenidos por su religión. Algunos por una determinada, otros, por cualquier otra que cubra sus necesidades de creencias metafísicas.

Personas a las que le interesa sólo hablar de temas agradables sin negar la realidad y negadores profesionales, conscientes e inconscientes.

El universo es extenso casi como lo son, sus variables. Me ocupan los padecientes y su integración social. Me ocupan mis estimados distintos al común denominador. Me ocupan porque a veces, no les permiten tener voz. Me ocupan porque tratan de convencerlos de actuar y ser, como la normatividad transitoria les exige. Me ocupan mis pacientes, consultantes, colegas de sin sabores y alegrías. Me ocupan porque la maldad no tiene nada que ver con ciertas patologías psíquicas y se engaña al contexto, entre otras razones para ocultar a los verdaderos responsables. Es más fácil hablar de locura que de los daños cerebrales provocados por el consumo de alcohol. Es más fácil nombrarte antisocial, que sugerirte que cambies de lugar, de gente, de entorno.

Pensá cuántos somos. ¿Creés que no podés llevarte bien con nadie?

No te sientas sapo de otro pozo. Buscá otro charco.

La Lic. en Psicología: Adriana Silvia Deza. (M.N.: 55.836) es Magíster en Neuropsicología clínica. Especialista en investigación educativa.

Atiende en su consultorio privado en C.A.B.A.

Consultas: 11.3656.0318

viernes, 20 de mayo de 2022

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SALUD MENTAL


NO AL MALTRATO PSICOLÓGICO

Vamos a pegotearnos más.


Escribe: ADRIANA SILVIA DEZA - Lic. en Psicología (M.N.: 55.836)*



Nos invaden con muchos pensamientos, que terminamos adoptando como propios. El tan mentado sentido común, no es otra cosa, que lo que llamo “sociedad tabánica” como tábanos molestos, los medios de desinformación, las personas en sus diferentes funciones, en fin, la sociedad. Ni hablar de los estragos de la Pandemia, aún en pañales y mutando día a día. Nos dicen, nos recalcan, nos obligan a creer que somos dueños de nuestras creencias.

La solidaridad parece un valor olvidado, ser amable una virtud de pocos, la bondad como carencia del mal, directamente está en extinción y en medio de semejante deshumanización, se pone de moda “soltar”. Hay que soltar te dicen cuando hacés un duelo. Soltá cuando te morís de amor por un hombre y te acaba de dejar. Aprendé a soltar le sugieren al padre desesperado cuyo divorcio, lo tiene alejado de sus amados hijos porque a su ex, se le ocurre castigarlo con lo más preciado de su vida. Soltá, cuando la misma ex u otra, le pone dos testigos falsos y le dicta una perimetral, para que ni siquiera puede ver de lejos a sus pequeños. Soltá me dicen a mí, cuando critico a ciertas mujeres porque con el tema de la violencia de género, criticarnos se convierte en un error irreparable. Porque claro, ahora, son todas buenas madres, buenas compañeras, buenas esposas, buenas, buenas, y ellos, son todos, todos, malos. A ver, gente linda, nunca la parte es el todo. Por eso, creo, que la lucha más importante para mantener nuestra salud mental es ser libres. Dentro, de nuestras restringidas posibilidades de sujetos vinculados por lazos sociales.

Sin entrar en definiciones complejas y a efectos, de ser muy directa en este tema. Diré algo: hay una libertad física (me libero de cadenas), hay una libertad mental (estoy en mi casa pero sueño estar en otro lado) y hay una libertad de ausencia de interferencia, (decido y elijo). Esto que acabo de hacer, es por supuesto un reduccionismo de un tema mucho más complejo. ¿Por qué? Porque me interesa hablar del pegoteo. Si, ese pegoteo que nos hace demostrar afecto a las personas cercanas. Ese pegoteo, para tolerar las nimiedades y dejar los penares para los grandes eventos.

Pegotearse con los hijos, aunque sea tocándole la cabeza y preparando una rica comida. Pegotearse con la pareja y masajearle la cabeza hasta hacerlo dormir. Pegotearse con nuestra mejor amiga y llamarla todos los días, por lo menos con un mensaje o un emoticón. Pegotearse para decirles a los alumnos cuanto los extrañamos en vacaciones. Ese pegoteo para decirle al jefe, lo linda que le queda esa camisa. Ese pegoteo para decirle a nuestro hombre, lo seductor que sigue siendo, aún con el tiempo. Ese pegoteo, que alegra cuando la pareja te dice, unos kilos de más no importan, el amor no tiene peso. Ese pegoteo, que hace que el médico te pregunte algo más que su específica especialidad. Algo digo, hablo de un minuto. Ese pegoteo, para que el vendedor entienda que no tenés porqué saber el nombre exacto de lo que vas a comprar y dedique parte de su trabajo para explicarte un poco. Ese pegoteo pergeñador de sentido, cuando no funciona el sistema pero los empleados no hacen una tertulia, mientras vos esperás apurado, pensando en las mil cosas que te esperan todavía.

Si, estimados lectores, hablo de pegoteo, ligadura, buena onda, amabilidad, afecto, comprensión, y todos los modos del amor al prójimo.

En lugar de soltar, propongo, pegotearse. En lugar de soltar, demando agarre. En lugar de soltar, llevemos flores al santuario. En lugar de solar, invitemos a nuestro cumple hasta al pariente más lejano. En lugar de solar, vayamos a buscar a los abuelos al geriátrico, aunque sea por dos horas.

No tenemos que aprender a soltar si queremos estar mejor. No tenemos que aprender a soltar, si queremos salvar al Planeta. No tenemos que soltar si queremos estar contentos.

Soltar implica en el mejor de los casos, no sentir. Propongo lo contrario.

Insisto, en lugar de soltar, agarre. Pegarse con ternura, comprensión, diálogo, inteligencia, acotación y despegarse cuando sólo es imprescindible.

No hagamos un hábito de un defecto, porque el sentido común lo dice. A ese sentido, también lo hacés vos. Podés cambiarlo.

Vamos a pegotearnos más.

(*) La Lic. Deza es Magíster en Neuropsicología clínica. Especialista en investigación educativa. Ex profesora de Filosofía secundaria y universitaria.

Consultorio privado en Paternal.
CEL: 1536560318
www.evaluacionneurocognitiva.com.ar

miércoles, 16 de febrero de 2022

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SALUD MENTAL


EL MALTRATO PSICOLÓGICO
Psicópatas.


Escribe: ADRIANA SILVA DEZA - Lic. en Psicología (M.N: 55.836) (*)


Se sabe desde hace bastante, lo ocurrido al empatizar con un Psicópata (por necesidad, miedo o lo que fuere) esta aparente concordancia, nos obliga a la negación de nuestro yo. Decir esto, equivale a decir, que nos obliga a dejar de ser quien somos. Dejar nuestros principios, nuestra ética, nuestra parte noble si es que la tenemos. Vamos a suponer que sí. Porque buenos y malos hubo desde siempre; en las enfermedades mentales, las profesiones, la sociedad y desde una mirada micro, en nuestro entorno más cercano. Este entorno, incluye a la familia. Sí, a la familia.
La familia como institución para muchos está perimida, para otros en transición y la gran mayoría según se informa o desinforma, todavía halla en ella, el único verdadero núcleo de afectos y pertenencia como para defender a ultranza con amor, valentía y compromiso de vida. Ahora bien ¿qué pasa si ingresa un familiar político psicópata? Por poner alguno de múltiples ejemplos que hay. ¿Y si este familiar político, es un yerno? O ¿una nuera?
Supongamos que venimos bien, con un hijo, dos o tres. Conflicto normal mediante, somos un equipo dirigido al mismo objetivo común. Nos ayudamos económicamente, a veces, compartimos vacaciones, fiestas de cumpleaños o aleatorias. Digamos, somos gente común con lazos de unión sinceros y cero malintencionados.
Los nuevos miembros (entiéndase novios, novias, cuñados, cuñadas, sobrinos, etc.) son recibidos cordialmente con la sana pretensión de agrandar al grupo y fortalecer aquello, que consideramos valioso; la tan mentada, hasta aquí, familia. Y no hablo de una familia extensa, al estilo de los 80, donde convivían padres, suegros, nietos e incluso, sobrinos. Y acá, atentos. No hay crítica. La clase alta suele vivir en viviendas lo suficientemente cómodas como para poder disfrutar de almuerzos y cenas de esta índole, porque luego cada integrante, vuelve al sector del inmueble habitado, con suficiente privacidad como para no desear, mudarse. Tampoco en este punto, juzgo a la clase baja o media. La falta de recursos económicos puede obligar a juntarse y esto, no es sinónimo de malestar ni mucho menos. Todo depende de la esencia de cada cual. Repito: hay buenos y malos, siempre.
El psicópata, casi no tiene sentimientos, ni remordimientos, ni piedad, no los tiene, ni con sus hijos. También se sabe, que hay diferentes niveles de psicopatología al respecto. En esta nota, no hablo de los asesinos en acto. Hablo de los psicópatas de menor valía, por decirlo de algún modo, de los asesinos potenciales. Como la gotita de la tortura medieval, corroen lentamente a los miembros más cercanos, pareja e hijo/a/s. Porque para el psicópata o la psicópata, la pareja y el hijo/a o hijos/as son de su propiedad exclusiva, no sólo para decidir por ellos sino para alimentarse. Sí, el psicópata o la psicópata se nutre de su esposo/a, hijo/a y tiene que acabar con aquellos seres honestos y nobles, que aman a sus parejas e hijos. ¿Cuál es la causa o las causas? Manipular, dominar, ejercer un poder que siempre ansiaron tener en algún otro ámbito pero nunca pudieron. En síntesis, son unos fracasados con complejo de gente poderosa. ¿Entonces? Se aprovechan de la bondad. Estudian a sus víctimas mucho antes de generar un vínculo. El psicópata o la psicópata propician la relación, nunca es al revés. Agotan casi todas las instancias para obtener a la presa. Cuando lo logran, si en algún momento, este sujeto pretende ser, lo castigan con el silencio y la amenaza de separación. Si hay hijos de por medio, esto es mucho peor. La amenaza incluye, llevarse a los niños. Sobre todo si son menores. Llegada aquí, el dolor se hace extensivo a los padres de la presa elegida, tal vez, hace añares, por estos seres malvados, que de cometer un delito terminan presos porque tienen conciencia del bien y del mal. Y mientras en el ámbito social, parecen gente normal, incluso hasta solidaria, en el ámbito privado, viven rodeados de un círculo propio y matando lentamente, al entorno de su esposo/a e hijo/a.
El psicópata/a invisibiliza a los padres de su pareja, empieza con uno, y si el otro no tolera, también es incluido en el paquete de los “enemigos”. Si tiene hijo/a, los próximos “enemigos” serán los abuelos. Que siempre hacen todo mal, aunque vean a su nieto/a una vez a la semana, un rato. Además el lavado de cerebro de su pareja, paulatinamente hace que estos, se enfrenten a su familia. En fin, el cuadro es desolador. Y si alguien hasta acá, cree que no puede ser, basta con que se informe de todos los casos, en los cuales un acosador logró abusar sexualmente de menores, utilizando el lavado de cerebro. (Muchos de estos casos, se hicieron paradigma de nuevas leyes).
Por último, el tema queda incompleto y por su complejidad, requiere nuevos artículos, por tanto, volveré a escribir sobre psicópatas.
Señales a tener en cuenta: excesiva preocupación por un desconocido/a por mostrarse confiable, incluirlo en su grupo íntimo, a partir de empezar a mostrarle que su familia o amigos tienen algunos defectos, no menores. Instarlo a hablar de sí. Tratar de contenerlo por nimiedades y hacerle creer, que son situaciones importantes. Mostrarse muy ético en lo discursivo solamente (observar al entorno y la conducta). Son intransigentes, rígidos, creen tener siempre la razón. Muy rencorosos (aunque la causa sea una tontería como por ejemplo, “me miró mal”). También suelen vanagloriarse de una intuición que nunca se equivoca. El eje de su perversión, es venderse como buena gente y ser un canalla dependiente de su presa y sus posibles presitas (hijo/a o hijos/as).
Si alguna de estas señales te hace ruido, llámate al silencio y aléjate. Todavía estás a tiempo de salvarte y salvar a la gente que verdaderamente te ama.
La mayoría de las víctimas de los psicópatas tarda aproximadamente entre 5 a 10 años en darse cuenta (tal vez, ya sea demasiado tarde). No lo permitas. Tu salvación está en tu conducta y si esta, es consciente, coherente y racional, no va traicionarte, en cambio el psicópata/a, sí.

(*) Magíster en Neuropsicología clínica.
Ex profesora de Filosofía occidental secundaria y universitaria.
Especialista en investigación educativa.
Consultorio privado en Paternal. CABA


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jueves, 30 de diciembre de 2021

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SOCIEDAD

¡ CELEBREMOS !
Fin y principio de año nuevo.

Escribe: ADRIANA SILVIA DEZA
Lic. en Psicología. (M.N.: 55.836). Magíster en Neuropsicología clínica.


Haber y debe. Balance. Dar vuelta la página. Terminar por fin. Empezar con fe y alegría.


Diciembre es un mes clave para realizar un análisis del año vivido. Luego de las fiestas navideñas, los recuerdos amargos y dulces, las presencias y ausencias. Llega por fin o no, la culminación del año, en este caso del 2021. Año que como todos sabemos tiene la particularidad de estar atravesado por la nueva peste del siglo XXI. Y tal cual era de esperarse al inicio del Covid, aparecieron las vacunas y con ellas, cierta esperanza de seguir viviendo. Por supuesto, los antivacunas con derecho a serlo, no estarían de acuerdo con esta frase. Este tema lo abordé hace bastante y hoy, no motiva este artículo. Su mención es aleatoria, a una cuestión más inquietante. ¿Qué hicimos este año? ¿Qué nos llevamos? ¿Para qué seguir? Y cuando digo seguir, no me refiero al simple hecho de respirar. Como dice una canción bastante conocida "transcurrir no es lo mismo que vivir, ni honrar la vida". De esto quiero hablar. De una vida valiosa y digna, cuya valía amerite continuarla. Porque no podemos ser tan hipócritas de suponer que cualquier existencia y en cualquier circunstancia nos acredita a querer seguir. Para no ponerme demasiado realista e inexorablemente oscura, voy a obviar a los refugiados, migrantes, bebés y personas en general criadas en guerra, a los abusados, en fin, a los eternos sufrientes pululando por el planeta tierra. No por acción y gracia de poderes demoníacos sino por la maldita condición humana, por suerte jaqueada, por otras condiciones humanas mejores. Gracias a las segundas, todavía el planeta sobrevive y con él, nuestro breve transitar.
Sí, el camino de la existencia es un soplo tibio en el huracán de las múltiples vidas humanas. ¿Tuvimos en cuenta este año, cuánto daño hicimos? ¿Cuánto bien? Porque suele ser bastante común, golpearse el pecho y decir y decirse. Yo no. No me equivoco, Te miro y te saco, son toda una basura. Claro, en esa totalidad ¿dónde cabemos? ¿En qué parte limpia quedamos para sentirnos excluidos de la mugre
Encuentros y desencuentros ¿es sólo eso? El conflicto forma parte de la vida. Ahora bien, si ese conflicto condujo a un ser querido a terminar con un Accidente cerebro vascular por una desmedida conducta nuestra ¿da lo mismo?
Mientras maldecís al incesto enarbolás a tu familia como el mejor modelo a seguir. La endogamia es lo tuyo y por ende, el incesto. No extrínseco sino intrínseco a tu personalidad. Por eso, a pesar de decir amar a tu pareja, no querés saber nada con su madre, padre, hermanos, cuñados/as, etc. Porque tus elecciones son siempre óptimas y las de él o ella, no.
Te pasaste todo el año trabajando pero a la hora de festejar un encuentro de dos horas. Preferís alejarlos de tu núcleo cercano. ¿Tanto te cuesta celebrar en familia la llegada del año nuevo? ¿Podés por una vez siquiera, obviar los detalles insignificantes? ¿Alguna vez te detuviste a pensar, el daño causado a la familia del hombre o mujer, que decís amar? ¿Será qué mentís? ¿Será, qué te mentís?
¿Qué te hace creer que sos bueno o buena? La bondad es carencia de mal para algunos filósofos. Es bastante aproximado a una certeza. No me vengas con que todo es interpretación porque matar siempre es malo y ayudar a quien lo necesita siempre es bueno. Tampoco me vengas con ardides falsamente éticos. Al estilo, de matar por venganza o ayudar para expiar culpas propias. No estoy hablando de eso, que por supuesto existe y exige otro artículo. Estoy hablando de algo más simple. Unirse para festejar en familia el fin del año que se va y el nuevo que llega. Sí, estoy hablando de contar del 1 al 10 regresivamente tomados de la mano. De disfrutar y no de sufrir. Brindemos aunque sea con agua, olvidemos por dos horas; el avance de la insignificancia y en comunión de almas y corazones, compartamos la algarabía de un día diferente. Tal vez, un pretexto. No importa. Lo sabés. En ocasiones, así como los cumpleaños, este tipo de fiestas son excusas para la concordia.
Hay niños y niñas solos, hay abuelos y abuelas solos, hay mucha soledad inevitable y otras soledades menos solas con nuestra colaboración. Un timbrazo, una campana, una sonrisa, un saludo. La visita a un hospital, un geriátrico, puede calmar a nuestra propia soledad además de la ajena.
Si tenés familia, tratá de anestesiar con olvido las pequeñeces y disfrutalos. Este año puede ser el último. La vida es una ráfaga prestada por el azar, el destino, Dios o los dioses. Podés malgastarla pero no arrastres a otros en un momento de disfrute.
Nada ni nadie merece la entrega sacrificial de un ser vivo. No hay causa ni persona que merezca tu nulidad como sujeto. No permitas que te nadifiquen, no te perdones nadificar a un ser estimado o querido. Si de verdad, lo querés.
En general, somos críticos feroces de nimiedades. Esta hermosa fiesta amerita focalizarse en la algazara a lo grande y sin pequeñeces tan ridículas como absurdas.
En un diccionario de etimología dice sobre celebrar: "hacer una ceremonia de respeto o alegría, festejar, honrar, elogiar. Del Latín celebrare "frecuentar, ir muchas veces; ir mucha gente; llenar; celebrar (…) numeroso (…) festejado. (…)".
Llega un nuevo año, y con él, la esperanza de un futuro mejor. ¡Festejemos y celebremos con nuestra mejor energía!




(*) Exprofesora de Filosofía Occidental en enseñanza secundaria y universitaria. Especialista en investigación educativa.

Contacto:
11.3656.01318
Consultorio privado en CABA.

jueves, 16 de diciembre de 2021

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SALUD


Nadie tiene que estar solo en estas fiestas navideñas.
CUERPO SANO EN MENTE SANA


Escribe: Lic. en Psicología ADRIANA DEZA
Ex profesora de Filosofía Occidental en enseñanza secundaria y Universitaria.
Especialista en investigación educativa.


Llega Papá Noel y con él, la gestualidad más tierna de cualquier niño o niña pequeño. El recibimiento al hogar se espera desde antes. Escribir la nunca y suficientemente ponderada carta. Cerrar el sobre, colocar el nombre del afortunado/a previa aclaración, de que hay muchos chicos en el mundo y por tanto, puede que lo pedido sea cambiado por otro juguete.
Armar el árbol de Navidad es un ritual familiar plagado de entusiasmo y creación compartida. Desde los adornos comprados hasta los fabricados con antelación y esmero para disponer de más dinero. Cuando digo familiar, me refiero a su madre e hijo/a, a su padre e hijo/a. A cualquier niño/a acompañado de un cuidador, estable o circunstancial.
Los hospitales están plagados de salas en dónde abundan niños sin familia, que contentos reciben la visita de voluntarios para festejar las fiestas navideñas. Esos voluntarios pueden ser personas solas decididas a transformar su tristeza en alegría. Ayudar a ser feliz a un niño nos hace más bien, del supuesto.
Compartir con el abuelo o abuela un brindis. Si, este ser que alguna vez fue tan pequeño como tu hijo/a, sobrino/a o vos. Ese abuelo que repite varias veces lo mismo y te aburre. Sin embargo, en los medios de comunicación te repiten todo el día el mismo relato y a pesar de que te exaspera, los seguís escuchando y hasta repetís como un perico ebrio esa sarta de barbaridades.
Insisto en que la mayoría de las enfermedades psicológicas mutadas en psiquiátricas, son causa de un mal adiestramiento familiar. No niego a las genéticas, que también las hay. Pero si aprendiendo habilidades sociales un sujeto con cierto trastorno de personalidad, puede formar parte de la comunidad sin ser discriminado. Va de suyo, la mejoría del otro y la nuestra, si aprendemos a dedicar dos horas de nuestro valioso tiempo en la construcción de afectos.
Los chicos son el reflejo del hogar. El futuro. La esperanza.
Toda persona mayor alguna vez fue un bebé. Todo anciano/a fue pequeño.
Por último y parafraseando a Hegel, la semilla es la etapa de afirmación, el tronco delgado del futuro árbol, el extrañamiento y separación de la semilla, que aún la alberga. Y al final, el robusto árbol, la afirmación de la afirmación o síntesis. No termina allí, porque este árbol vuelve a dar frutos y los frutos nuevas semillas. Estas caen a la tierra y la dialéctica sigue su inexorable curso. Por eso la realidad es dialéctica.
Lo dicho, somos un pequeño eslabón en la cadena de la vida. Vivimos en relación aunque no lo sepamos.
Si nos sentimos solos, aprovechemos esa angustia para construir un lazo de amor.
Nadie tiene que estar solo en estas fiestas navideñas.

viernes, 8 de octubre de 2021

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SALUD MENTAL


LA OBSESIÓN
¿Único camino para enfrentar a la psicosis?

Parte 2

Escribe: ADRIANA S. DEZA (*) - Lic. en Psicología: M.N: 55836
Magíster en Neuropsicología Clínica.


En la parte uno, hice referencias varias sobre el psicoanálisis, la psiquiatría, el cognitivismo y una tesis propia “crear una obsesión útil al sujeto como primer paso para incorporar de manera consciente o no, pautas para la regulación emocional y racional”.
La etiología de la obsesión tiene varias causas (como casi todas las enfermedades, no sólo mentales), en esta oportunidad no voy a adentrarme en ellas sino en sus síntomas. Si es un mecanismo de defensa, si la represión no funcionó, si existe una falta de serotonina que afecta al cerebro, etc. Hoy, no será el tema en cuestión. Sí, la coincidencia que encuentro en dos aspectos. La obsesión es un pensamiento intrusivo, invade al sujeto y lo perturba. Asimismo, se convierte en compulsión cuando dicha obsesión se traslada a la conducta. “A diferencia de la obsesión, que es un acontecimiento mental, la compulsión es una conducta” (Sinopsis de psiquiatría, 2008, Kaplan y Sadock). En los diferentes análisis e investigaciones documentadas, en general es muy complejo erradicar una obsesión, su obstinada reiteración en nuestra mente puede convertirse en una idea delirante y en muchos casos (no todos) llevarnos a la locura. Creo que como un mecanismo de defensa la volvemos compulsión, es decir la hacemos conducta. Este comportamiento es irracional pero en el sentido, que aún sabiendo que su carácter pareciera dominarnos. Una parte de su racionalidad pugna por dominar a esa otra parte irracional, pero no puede evitarlo. Ocurre que, cuando la obsesión compulsiva no es maligna, ésta puede desviarse según la personalidad del sujeto o la sujeto y convertirse en un acto similar, a la pasión por algo. No debe ser pasión por alguien, porque el peligro radica en convertirse en un acosador, controlador o manipulador en el mejor de los casos. Entonces, el primer atajo para mejorar, es acentuar el síntoma. Sí, agregar a lavarse las manos, escribir una frase resumida de un libro en lo posible (un clásico) y luego sumar al segundo hábito, otro: memorizar la frase o el resumen de la frase. No es conveniente, agregar más de 5 costumbres seguidas porque si la persona trabaja, su labor se verá entorpecida. Pero la idea es producir un desplazamiento racional de un síntoma a otros hábitos. Inexorablemente la psiquis tiende a quedarse con dos o uno, cuando la angustia cede un poco. Este debilitamiento de la ansiedad provocadora de la angustia, se produce muy lentamente haciendo consciente lo inconsciente. Volviendo racional lo irracional. El sujeto elegirá en una situación social, una de sus obsesiones menos llamativa y acorde al contexto donde se encuentre. El límite, es el fracaso de la racionalización. Cuándo la razón no puede transformar en cualidad, un evento molesto y disocial.

(*) Exprofesora de Filosofía secundaria y universitaria.
Especialista en investigación educativa.


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Consultorio privado en: Avda. San Martín 2885. CABA


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