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martes, 18 de octubre de 2022

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SOCIEDAD


UNA CERTEZA...

EL AMOR PUEDE LLEGAR A CUALQUIER EDAD.


Escribe: ADRIANA DEZA - Lic. en Psicología (*)


Definir al amor es más difícil que su finitud. Sí, el amor es finito, se termina ¿Será una relación sexual controvertida? como dijo el gran “Lacan” ¿Será un amor real aquel, que se basa en el conocimiento del otro? como sostuvo el no menos grande “Platón”. ¿Será dar u ofrecer? Si pensamos en que a pocos les importa nuestro interior, la segunda premisa resultará más tentadora. Para no ser percibidos como criticadores de la raza humana, digamos que, si quieres conseguir amistades, amantes, gente que te quiera: aprende a escuchar. Y no lo digo por mi profesión, más que terapia, me dedico a evaluaciones neurocognitivas y psicodiagnósticos, a veces, algún caso, amerita la psicoterapia, depende, puede o no, ser. Escucho bastante, pero en muy poco tiempo. Hago pocas intervenciones, aunque en ocasiones, contundentes. Tanto como para decidir cambiar de profesión o de pareja.

El afecto forma parte de mi trabajo, obviamente, siempre hay una excepción pero no voy a hablar de psicópatas sino de amor.

Amor en sus diferentes formas. Se puede amar a una mascota, un amigo, un pariente, un vecino, el amor tiene diferentes estereotipos y personajes. Uno de los amores más dependientes y anormales, es el amor de pareja. Los inicios de un vínculo amoroso compartido nos hace ir a la luna todas las noches y parecer payasos, al que nunca se le borra la sonrisa. Nos hace felices, aunque por momentos nos sintamos enfermos o un poco locos. Perdemos nuestra capacidad de concentración y los diferentes canales de comunicación se convierten en sabia para nuestras venas.

¿Alguna vez te pasó? Seguro que sí. De lo contrario, te va a pasar. ¿Es cuestión de proponértelo? No completamente. Algo de eso hay. Como se dice comúnmente “nadie tocará el timbre de tu casa, para proponerte ser tu pareja” ¿Entonces?

Según mi experiencia de vida, hay algunos pasos previos que definen la posibilidad casi del 100% de conseguir pareja. Y cómo quiero verlos alegres, se los cuento.
1) Empieza por arreglarte a vos mismo. Verte bien, te dará las ganas necesarias como para intentar seducir.
2) Comienza a buscar grupos en dónde se comparta un interés de tu agrado. Café literario, canto, actuación, natación, ajedrez o lo que se te ocurra.
3) No repitas lugares que resultaron mal. A veces, no se trata de encontrar un alma gemela por los parecidos sino lo contrario, los polos opuestos se atraen.
4) Trata de hacer un viaje, cerca o lejos. Te aseguro, al regreso, serás otra persona.
5) Si te conviertes en otra persona, por fuera y por dentro, probablemente te conectes con alguien.
6) Intenta puntear cualquier relación humana con diálogo y desde el principio. Nunca se sabe, si estás disputando en una charla con tu futuro amoroso.
7) Guarda tus secretos y tus penas para tu psicoterapeuta. El secreto profesional te protege y de la angustia, salen las mejores respuestas, cuando las conversas con un psicólogo/a. Al resto, tus quejas los aleja. Es mentira que en un taxi u otro sitio, hablas como si hicieras terapia. Te aseguro y hablo con conocimiento de causa, que 6 sesiones de terapia darán una posible solución a tu problema. La catarsis, no lo es. Es como ir al baño cuando tienes necesidad de ello.
8) Insiste, si alguien es de tu agrado, insiste. No te limites en gastos. Obsequia, busca frases bellas, flores, indumentaria, calzado, entradas para un recital. Insiste, no tanto para perder otras oportunidades, insiste lo suficiente para lograr tu meta.
9) Por último, no hay edad para amar y esto es cierto como que existen muchas historias avalando esto. El refrán siempre hay un roto para un descosido, es súper acertado.

Espero haberte brindado alguna idea alentadora. La esperanza nos mantiene vivos los proyectos.

(*) Lic. en Psicología: Adriana Silvia Deza. M.N.: 55.836. Magíster en Neuropsicología clínica. Especialista en investigación educativa. Ex profesora de filosofía en enseñanza secundaria y universitaria.

viernes, 20 de mayo de 2022

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SALUD MENTAL


NO AL MALTRATO PSICOLÓGICO

Vamos a pegotearnos más.


Escribe: ADRIANA SILVIA DEZA - Lic. en Psicología (M.N.: 55.836)*



Nos invaden con muchos pensamientos, que terminamos adoptando como propios. El tan mentado sentido común, no es otra cosa, que lo que llamo “sociedad tabánica” como tábanos molestos, los medios de desinformación, las personas en sus diferentes funciones, en fin, la sociedad. Ni hablar de los estragos de la Pandemia, aún en pañales y mutando día a día. Nos dicen, nos recalcan, nos obligan a creer que somos dueños de nuestras creencias.

La solidaridad parece un valor olvidado, ser amable una virtud de pocos, la bondad como carencia del mal, directamente está en extinción y en medio de semejante deshumanización, se pone de moda “soltar”. Hay que soltar te dicen cuando hacés un duelo. Soltá cuando te morís de amor por un hombre y te acaba de dejar. Aprendé a soltar le sugieren al padre desesperado cuyo divorcio, lo tiene alejado de sus amados hijos porque a su ex, se le ocurre castigarlo con lo más preciado de su vida. Soltá, cuando la misma ex u otra, le pone dos testigos falsos y le dicta una perimetral, para que ni siquiera puede ver de lejos a sus pequeños. Soltá me dicen a mí, cuando critico a ciertas mujeres porque con el tema de la violencia de género, criticarnos se convierte en un error irreparable. Porque claro, ahora, son todas buenas madres, buenas compañeras, buenas esposas, buenas, buenas, y ellos, son todos, todos, malos. A ver, gente linda, nunca la parte es el todo. Por eso, creo, que la lucha más importante para mantener nuestra salud mental es ser libres. Dentro, de nuestras restringidas posibilidades de sujetos vinculados por lazos sociales.

Sin entrar en definiciones complejas y a efectos, de ser muy directa en este tema. Diré algo: hay una libertad física (me libero de cadenas), hay una libertad mental (estoy en mi casa pero sueño estar en otro lado) y hay una libertad de ausencia de interferencia, (decido y elijo). Esto que acabo de hacer, es por supuesto un reduccionismo de un tema mucho más complejo. ¿Por qué? Porque me interesa hablar del pegoteo. Si, ese pegoteo que nos hace demostrar afecto a las personas cercanas. Ese pegoteo, para tolerar las nimiedades y dejar los penares para los grandes eventos.

Pegotearse con los hijos, aunque sea tocándole la cabeza y preparando una rica comida. Pegotearse con la pareja y masajearle la cabeza hasta hacerlo dormir. Pegotearse con nuestra mejor amiga y llamarla todos los días, por lo menos con un mensaje o un emoticón. Pegotearse para decirles a los alumnos cuanto los extrañamos en vacaciones. Ese pegoteo para decirle al jefe, lo linda que le queda esa camisa. Ese pegoteo para decirle a nuestro hombre, lo seductor que sigue siendo, aún con el tiempo. Ese pegoteo, que alegra cuando la pareja te dice, unos kilos de más no importan, el amor no tiene peso. Ese pegoteo, que hace que el médico te pregunte algo más que su específica especialidad. Algo digo, hablo de un minuto. Ese pegoteo, para que el vendedor entienda que no tenés porqué saber el nombre exacto de lo que vas a comprar y dedique parte de su trabajo para explicarte un poco. Ese pegoteo pergeñador de sentido, cuando no funciona el sistema pero los empleados no hacen una tertulia, mientras vos esperás apurado, pensando en las mil cosas que te esperan todavía.

Si, estimados lectores, hablo de pegoteo, ligadura, buena onda, amabilidad, afecto, comprensión, y todos los modos del amor al prójimo.

En lugar de soltar, propongo, pegotearse. En lugar de soltar, demando agarre. En lugar de soltar, llevemos flores al santuario. En lugar de solar, invitemos a nuestro cumple hasta al pariente más lejano. En lugar de solar, vayamos a buscar a los abuelos al geriátrico, aunque sea por dos horas.

No tenemos que aprender a soltar si queremos estar mejor. No tenemos que aprender a soltar, si queremos salvar al Planeta. No tenemos que soltar si queremos estar contentos.

Soltar implica en el mejor de los casos, no sentir. Propongo lo contrario.

Insisto, en lugar de soltar, agarre. Pegarse con ternura, comprensión, diálogo, inteligencia, acotación y despegarse cuando sólo es imprescindible.

No hagamos un hábito de un defecto, porque el sentido común lo dice. A ese sentido, también lo hacés vos. Podés cambiarlo.

Vamos a pegotearnos más.

(*) La Lic. Deza es Magíster en Neuropsicología clínica. Especialista en investigación educativa. Ex profesora de Filosofía secundaria y universitaria.

Consultorio privado en Paternal.
CEL: 1536560318
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