domingo, 24 de abril de 2022

MEDIO AMBIENTE

ARBOLADO PÚBLICO


“TOCAR EL ÁRBOL LO MENOS POSIBLE PARA CUIDARLO"

La poda de invierno también es dañina.


Escriben: Equipo de Basta de Mutilar Nuestros Árboles.

A mediados de Marzo, en una reunión con vecinos sobre temas de seguridad, Nicolás Mainieri presidente de la Junta Comunal 11 fue claro al decir que, según las evaluaciones de los idóneos Inspectores de Arbolado en la Comuna, “se trata de tocar el árbol lo menos posible para cuidarlo”.
Palabras más que acertadas cuando se busca preservar el follaje frondoso, una de las herramientas más efectivas en las ciudades para contrarrestar el efecto “isla de calor” y las consecuencias del cambio climático como el incremento de temperatura, lluvias e inundaciones.

¿Pero cómo se implementa esta premisa cuando hay planes definidos de antemano sobre la cantidad de podas, cuando los ciudadanos reclaman intervenciones reiteradas o la realizan ellos mismos sin ningún conocimiento y cuando el árbol no es considerado ambientalmente?
En esta columna, desde Basta de Mutilar Nuestros Árboles (BDM) compartimos algunas respuestas a estas preguntas.

Mitos sobre la poda: Necesidad y época adecuada

Seguramente el lector o lectora habrá escuchado aquello de que “podar los árboles es como cortarles el pelo”, “crece más fuerte”. Nada más lejano de lo que le sucede realmente a un árbol cuando es intervenido. Lo que le pasa es más parecido a perder parte de un órgano ya que se ve afectada su capacidad de respiración y nutrición. Claramente no es como cortarse el pelo.
Si bien es cierto que tras ser podado (o mutilado, porque lamentablemente a veces las podas excesivas o reiteradas se transforman en mutilaciones) el árbol brota mucho, estos brotes (brotes epicórmicos) son una respuesta defensiva en su afán por sobrevivir, son una señal de estrés y trauma más que un signo de fortaleza.
Los árboles realizan el proceso de fotosíntesis que les permite nutrirse y respirar a través de sus hojas, proceso mediante el cual nos ofrecen el oxígeno que respiramos. Por lo tanto, esos brotes solo son intentos de recuperar el follaje perdido. Recordemos una vez más que un árbol es un ser vivo y no un mero mobiliario urbano.
Dentro de estos mitos sobre la poda también hay creencias que dicen que se puede podar en los meses que no llevan “r” o que el invierno es temporada de poda. Nada de eso es exactamente así.
Cada especie puede ser intervenida en un momento distinto, dependiendo de sus ciclos naturales. Por lo tanto, no puede tomarse ningún parámetro fijo para definir la “temporada de poda”.
Los árboles pueden ser podados únicamente cuando los periodos de actividad fotosintética lo permiten. Es necesario que el flujo de savia se encuentre atenuado por el reposo o baja actividad de las hojas. De este modo, pueden intervenirse cuando han perdido todas sus hojas si se trata de especies caducifolias y hacia fines del invierno para especies perennifolias. Fuera de estas temporadas pueden realizarse acciones de muy baja intensidad, evitando los períodos en que las hojas están amarilleando (abscisión), brotando o expandiéndose (1). Por este motivo, cuesta mucho comprender los grandes volúmenes de follaje que se ven en las calles tras la realización de las podas estivales que se conocen como “podas verdes”.


La poda invernal también es dañina

Todos estos mitos hacen que el común de la gente piense que las podas invernales son adecuadas y que no importa cuánto se pode.
Lo cierto es que aunque se realice en invierno, la poda es dañina. Basta con ver un árbol en estado natural para comprender la importancia de su arquitectura vegetal. Las intervenciones, sobre todo cuando son sucesivas, alteran el equilibrio de esta estructura cargando peso en ramas o follaje que aún no está fortalecido o queda desprotegido por la ausencia de otras ramas que antes le ayudaban a resistir las fuerzas dinámicas que lo afectan como el agua o el viento (2).
Esta es la principal razón de las roturas de ramas y la caída de árboles en las tormentas fuertes: las malas y sucesivas podas. Luego, cuando suceden los accidentes todo el mundo culpa al árbol y apunta a convertir la ciudad en un páramo con tal de evitar cualquier riesgo. Lo cierto es que si hay riesgos, estos no son responsabilidad del árbol sino de quienes afectan su estructura y salud.
Esa arquitectura natural se desarrolla porque el árbol “sabe qué necesita”. Viene definido en su genotipo. Su información genética está configurada para desarrollar una estructura que resista las condiciones exógenas a las que se ve sometido. Por esta razón también, un árbol nunca va a crecer más de lo que pueda sostener (3). Estos motivos son los que nos guían cuando decimos que los árboles NO se deberían podar.
Las heridas mal compartimentadas son otra amenaza que expone al ejemplar a pudriciones, proliferación de hongos o invasiones de otros organismos que lo debilitan y enferman. Por eso, las buenas prácticas de arboricultura definen qué cantidad de follaje puede ser intervenido en cada temporada y estado de cada árbol, así como qué ramas pueden ser podadas y cuáles no.
De este modo, aunque se ejecute en invierno, la poda puede ser muy dañina si no se realiza en intervenciones acotadas que eviten exponer el árbol a patógenos o desequilibrar su estructura incrementando los riesgos de accidentes.

Plan quinquenal y poda por corredores

En la misma reunión que citamos al principio, el presidente Mainieri mencionó que las podas comunales se realizan de acuerdo a un plan quinquenal que tiene previsto podar cada árbol cada cinco años. En principio, esta afirmación parece contradecirse con aquello de que “es mejor no tocar al árbol para cuidarlo”.
Si siguiéramos este criterio, los árboles solo deberían ser podados mínimamente en situaciones muy puntuales. Por lo tanto, no existiría un plan previo de podas, sino solo la evaluación idónea de cada ejemplar pretendiendo afectar la menor cantidad de follaje posible.
Un plan quinquenal como el que se sigue en la Comuna 11 y en todas las de la ciudad, implica todo lo contrario. Por un lado, está predeterminado que todos los árboles necesitan intervención, yendo contra sus necesidades biológicas, las buenas prácticas y el espíritu de la ley 3263 de Arbolado Público Urbano.
Por otro lado, establece prácticas que afectan al árbol en forma reiterada. De este modo, su arquitectura natural se vuelve más débil, riesgosa y vulnerable. A esto se suman “podas puntuales” y “despeje de luminarias” que se aplican a árboles ya intervenidos dentro del plan quinquenal.
Esta forma de trabajo surge como un interpretación equivocada del Plan Maestro para el Arbolado Público Lineal Tomo II (4) que se encuentra a disposición de la ciudadanía desde que el Gobierno de la Ciudad tuvo que crear Arbopedia como respuesta a una medida judicial que lo obligó a hacer accesible la información pública sobre arbolado y cumplir con la ley 3263.
Uno de los cometidos principales de la elaboración de este segundo tomo, fue la “determinación política de unificar el programa de un plan quinquenal que garantizase la atención anual de una quinta parte del patrimonio arbóreo”. “Atender” un árbol NO es podarlo. Atender a un árbol es observarlo, diagnosticarlo con herramientas no invasivas y determinar qué requiere. El resultado más feliz de esta “atención” sería concluir que NO necesita intervención. En caso de necesitarla, los primeros pasos deberían ser los tratamientos fitosanitarios y la aplicación de técnicas orientadas a disminuir riesgos sin reducir follaje, como por ejemplo el uso de barras de contención de ramas vulnerables como se realiza con los árboles históricos y notables. Las podas y extracciones deberían ser el último recurso.
Del mismo modo y por los mismos motivos, la poda por corredor (la poda de todos los ejemplares de una cuadra o de un grupo de cuadras) es también contraria a las buenas prácticas de arboricultura, a las necesidades ambientales frente al cambio climático y a las metas del Plan Maestro y de la ley 3263.
Entonces, si demostrado está que “tocar los árboles lo menos posible” es necesario para cuidarlos, deberíamos desactivar los planes quinquenales de poda y transformarlos en planes de “atención”, entendiendo esta como preservación y cuidado.

Pedidos de poda y podas privadas

Como hemos comentado en otras columnas, la mayor parte de la población desconoce las prácticas de la arboricultura y los parámetros de cuidado de los árboles (y no tiene por qué conocerlos ya que para eso están los expertos y la autoridad de aplicación), así como las necesidades y derechos ambientales. Partiendo de esta situación, darles la potestad de que pidan intervenciones predeterminadas sobre el arbolado es, cuanto menos, inadecuado.
Lo correcto sería brindar la posibilidad de solicitar la “atención” de un ejemplar dado, enmarcando mucho mejor la gestión dentro del Plan Maestro y permitiendo un campo de acción más amplio al personal idóneo.
La famosa “poda de despeje de luminarias” es un claro ejemplo de cómo se mal interpreta esta práctica y como se descuida el arbolado. Las luminarias deberían estar ubicadas lejos y debajo de los árboles, de modo de no interferir con su estructura. Si se trata de tocar lo menos posible a cada ejemplar arbóreo, las antiguas luminarias colgantes que se ubicaban en el centro de las calles eran mucho más adecuadas que las actuales, que dicho sea de paso no iluminan con la cantidad suficiente de lúmenes que indicaba el pliego de licitación por el que fueron colocadas.
Por último, en esta insistencia ciudadana por intervenir los árboles sin conocimiento, en este propósito de que no ensucien con sus hojas, brotes y flores y no rompan nada con sus ramas o raíces, muchos vecinos y vecinas deciden intervenir el árbol por ellos mismos, acción prohibida por el artículo 9 de la ley ya citada.
En estas situaciones se realizan podas salvajes y dañinas con herramientas inadecuadas, en volúmenes desmedidos que condenan al árbol a enfermar, acortan su expectativa de vida e incrementan el riesgo de rotura y caída.
Si el plan de intervenciones comunal se orientara al ambiente y a la salud pública, dedicaría una “atención quinquenal” a cada ejemplar y no una poda. Así se podrían detectar las intervenciones privadas, tanto para tratar el árbol afectado y ayudarlo a recuperarse como para sancionar la acción colaborando en la educación y transmisión de la información para que la ciudadanía conozca los beneficios de los árboles y las prohibiciones legales respecto a su maltrato.

En defensa del follaje frondoso: qué hacer ante una poda inadecuada

Así como muchos ciudadanos intervienen árboles sin cuidado ni conocimiento o insisten en podas innecesarias, muchos otros reconocen sus beneficios y se dedican a protegerlos.
Por eso, ante una poda que se cree inadecuada se pueden tomar algunos recaudos:
1. Verificar que se trate de una acción autorizada por la Comuna solicitando la acreditación del personal interviniente y los informes de intervención sobre cada ejemplar (ficha técnica firmada por profesional idóneo).
2. Asegurarse de la presencia del Inspector de Arbolado Comunal quien debe acreditar su rol y supervisar toda la operación dando las indicaciones necesarias a la cuadrilla interviniente.
3. Verificar que se realicen intervenciones mínimas y puntuales, en ramas de pequeño porte y afectando una porción reducida del follaje total del árbol. Para conocer más sobre estas cuestiones recomendamos el instructivo sobre podas que hemos realizado desde BDM (5).
4. Denunciar cualquier intervención que no cumpla estas pautas llamando a la autoridad policial, a la Fiscalía o al área de Ambiente de la Defensoría del Pueblo, indicando el incumplimiento de los artículos 9, 10, 11, 12 (según corresponda) de la ley 3263. Para más información sobre cómo denunciar también se puede consultar el instructivo citado.

La poda NO es una práctica necesaria. Solo es adecuada en casos muy puntuales y cuando afecta mínimamente la estructura del ejemplar arbóreo. Es cierto que en las ciudades, a diferencia de los contextos naturales, los árboles deben convivir con obstáculos que hacen necesaria cierta adaptación.
El trabajo de la autoridad de aplicación es priorizar el follaje, “tocándolo lo menos posible” y previendo soluciones creativas que apelen a la poda como ultimísima instancia.
De cara al cambio climático y a los compromisos que la Ciudad de Buenos Aires ha asumido al respecto; considerando el respeto por la vida y la naturaleza; priorizando el patrimonio colectivo y poniendo el bien común, los derechos ambientales y la salud pública en primer lugar, los planes a nivel comunal y de la ciudad toda deberían partir de una única premisa: preservar, plantar y cuidar.

Referencias:
(1) Arbolado público. Conceptos. Manejo. Marcela Ledesma. INTA - EEA Manfredi, Córdoba
2008 https://inta.gob.ar/sites/default/files/script-tmp-inta_libro_arbolado_publico_ledesma.pdf
(2) Docentes de la UBA advierten sobre podas en CABA. http://sobrelatierra.agro.uba.ar/docentes-de-la-uba-advierten-sobre-las-podas-en-caba/
(3) Ciclo de Charlas BDM. Charla del Ing. Agr y Arborista Carlos Anaya https://www.youtube.com/watch?v=wVmd3GsZYDU&t=5s
(4) Plan Maestro para el Arbolado Público Lineal de la CABA Tomo II https://www.buenosaires.gob.ar/jefaturadegabinete/atencion-y-gestion-ciudadana/gestion-comunal/arbopedia/normativa
(5) Instructivo sobre podas Basta de Mutilar Nuestros Árboles https://docs.google.com/document/d/1xjmr_kcM70nOmOX9S9ZmDgr2jh6MhOWH/edit

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