Mostrando entradas con la etiqueta LIBRO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LIBRO. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de marzo de 2022

EDUCATIVAS Y CULTURALES

PRESENTACIÓN DE LIBRO


“LAS HUELLAS GENOVESAS EN BUENOS AIRES”

La inmigración genovesa y su presencia en Villa del Parque

Una publicación de Silvia Alizeri


Antonio Cambiaso y su señora,
ambos procedentes de Génova. Fueron de las primeras familias
en radicarse en estas tierras que luego se convertirían en Villa del Parque.

Liguria, región del norte de Italia, tiene como capital la Ciudad de Génova. De allí partieron muchos hombres y mujeres que llegaron a la Argentina. Fue la inmigración italiana más antigua que recibió el país. Distintos barrios de Buenos Aires poseen huellas de estos genoveses, quienes crearon instituciones, emprendieron actividades diversas y fundaron asociaciones que siguen funcionando hasta el día de hoy.

El barrio de La Boca está asociado en modo intrínseco a los llamados "xeneizes". Un ejemplo de ello son los clubes Boca Juniors y River Plate, ambos centros de raíces genovesas y con origen en este barrio. Pero la mirada se extiende cuando comenzamos a recorrer distintos puntos de la capital argentina, pasando por el ex Mercado de Abasto, el Shopping Spinetto o investigamos la historia de Almagro, Caballito, Nuñez y Florida (partido de Vicente López), entre otros.

En lo que se refiere a la zona oeste, en Villa Devoto se destaca la inmensa labor de un hombre originario de Lavagna, Don Antonio Devoto del cual toma origen el nombre del barrio.

Villa del Parque también esconde entre sus calles los rastros de los genoveses que llegaron hasta este lugar. El barrio nació el 8 de noviembre de 1908, momento en que se constituyó la “Sociedad de Fomento de Villa del Parque”, integrada por los pioneros de la zona. Dichas tierras pertenecían a Don Antonio Cambiasso, originario de Ponte dell´Acqua di Serra Riccó, Liguria, Italia. Los orígenes de la familia no fueron olvidados por lo cual, en el año 2008 se celebró la Hermandad de Villa del Parque con esta localidad italiana. En el barrio existe también una calle llamada “Génova”, que hace referencia a esta hermosa ciudad, capital de la Región Liguria.

El libro “Las huellas genovesas de Buenos Aires”, Editorial De Los Cuatro Vientos”, es una investigación que pone de manifiesto la historia de los inmigrantes ligures en distintos barrios de Buenos Aires, su gente, proyectos y actividades alrededor de esta temática.

Silvia Alizeri es escritora y especialista en Periodismo Cultural de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Colaboradora en distintos medios gráficos y radiales, difunde de manera constante la cultura italiana. Autora de “Tradición Ligur en Argentina, la inmigración italiana del oeste bonaerense”.

miércoles, 18 de agosto de 2021

EDUCATIVAS Y CULTURALES

HISTORIAS PARA CONTAR


Relatos del libro
"PASARON COSAS"


Escribe: SEBASTIAN GUELER

En el mes de las infancias, damos comienzo a la publicación de una serie de relatos escritos por Sebastián Gueler y que forman parte del libro “Pasaron cosas”, donde cuenta su experiencia como papá de . Fue escrito a lo largo del primer año de vida de su pequeño hijo Manuel, que este mes acaba de cumplir sus dos añitos.

SIEMPRE HAY UN PREMATURO

Está claro que siempre hay que decir algo. Y a la larga, mirando desde lejos, es entendible. Simplemente a veces no es tan atinada la ocasión. Ya sea para ser parte del momento, o sea porque de verdad hay ganas de estar. Seas familiar, amigo, verdulero o electricista. Siempre hay quien quiere llevar tranquilidad a nuestras mentes y sobre todo a nuestros corazones.
Pero a Stephi y a mí no había cosa que nos molestara más. Las palabras, digo.
A veces nos preguntábamos si era necesario que la gente abra la boca para decir frases con un vacío de contenido importante para nuestros oídos. Que con la compañía silenciosa bastaba.
Y por la idiosincrasia de la vida, a medida que más gente se iba enterando de nuestra situación, más teníamos que escuchar historias de ese primo del tío del vecino que había nacido de forma prematura y ahora era un tanque de metro noventa y 105 kilos. La gran mayoría de chiquitos eran, obvio, unos terremotos, tenían hormigas en la cola y no paraban un segundo.
No necesitábamos eso.
Si hasta tuvimos la mala suerte de que el señor de la casa de sepelios cuando fuimos a hacer los trámites de Sofi nos contó que tenía un sobrino que había tenido un hijo prematuro, también de 25 semanas, y su relato se puso en modo “cassette” y nos decía con una seguridad inquebrantable que Manu iba a salir adelante. Ojalá así sea maestro, pero estamos acá por otro tema, dejanos ir paso a paso.
Claro que siempre la historia que se cuenta es el ahora. Todos recibidos con honores y oradores de charlas TED. Los más viejitos casados con dos hijos y un perro. Una casa quinta en Zona Norte también, ¿por qué no? Si hay que condimentar un poco la historia siempre, para hacerla mas épica.
Pero nadie te cuenta lo que sufrieron esos nenes y nenas, y sus padres, en el trayecto en la neo. Por eso, si bien por una cuestión de respeto escuchábamos a todos, sólo tomábamos las cosas que nos decían padres y madres que hayan pasado por la terapia.
Como por ejemplo lo que nos dijo mi hermana Vani, un día antes del parto. Eso de que cuanto antes se recupere Stephi de la cesárea antes iba a poder subir a ver a los melli a la neo. Y vaya que le hizo caso.
Del resto agradecíamos la compañía, pero algunas palabras así como entraban, salían.
Es muy border la susceptibilidad de padres de neo. Sobre todo cuando uno intenta ver para adelante y sabe que le queda un largo camino por recorrer.
Y también al principio, cuando uno está tan voleado y todo lo supera. Si bien a la distancia podemos entender con Stephi que siempre los comentarios eran para darnos esperanza, algunos no nos parecían pertinentes.
En realidad en esos primeros momentos uno no termina de saber qué es lo que necesita. Por eso sentíamos que lo único que queríamos era la compañía silenciosa de nuestros seres queridos, no sus palabras de calma.
Porque realmente hasta que uno no está todos los días adentro de una neo no puede terminar de dimensionar nunca lo que se pasa allí.
Tal vez porque se va creando una leyenda errónea de ese camino.
Tal vez porque desde un principio lo que nos inculcaron los médicos y enfermeras es que cada bebé es un mundo distinto, que no se puede comparar.
Que cada día que pasa – al principio cada hora, en nuestro caso – esa criatura es una batalla ganada contra el destino.
Que cada momento que salen airosos de alguna situación los convierte en unos leones. En unos guerreros. Porque están ahí, tan minúsculos y sin embargo pregonan un coraje pocas veces visto, que seguramente nosotros nunca tendríamos.
Se encuentran ahí, tan lábiles, como les gusta decir a los médicos. Qué palabra tan chota lábil... Tiene dos significados. Uno es que es poco estable. Y el otro es que se resbala fácilmente. El primero lo aceptábamos. Pero después de lo de Sofi no queríamos escuchar más esa palabra por su segunda apreciación. ¿Tan hija de puta puede ser una palabra? ¿Tanto te puede cambiar la psiquis un término?
En nuestro caso sí, porque no queríamos que eso pasara. Mejor dicho, no estábamos dispuestos a aceptarlo. Nos era imposible siquiera que deambule la idea sobre nuestras cabezas que Manu se nos podía escabullir también.
Iba a ser demasiado. Por eso hablamos con los médicos para que no nos nombren más esa palabra que detonaba insania en nuestro actuar.
Que nos digan que estaba inestable, que nos convoquen todas las veces que sean necesarias a la oficina de Elba de a varios para darnos todas las pálidas que quisieran. Que nosotros podíamos entender todo lo que le estaba pasando a Manu. Que nos hagan dibujitos si fuera necesario. Pero que no nos digan más que estaba lábil. Porque a esa palabra no podíamos hacerle frente.
A veces pienso que después de todo lo que pasamos en la internación, ni loco me voy a dejar amedrentar por una vacuna dentro de unos años. Pero después me doy cuenta de que sí. Por ahí no con el temor de alguien que no vivió todo ésto. Pero sí con el respeto de un padre que sufre porque le tocan un pelo a su hijo.
No siempre la historia termina bien. Y si lo hace, seguramente haya tenido varias piedras en el camino. – Y de nuevo – cuando vienen a alentarnos con la historia del sobrino de un ex jefe que nació prematuro, nos brota una bronca increíble.
Porque cada caso es distinto. Si lo sabremos. Cada bebé prematuro es una historia totalmente asimétrica. Entonces no nos conforma ni nos conforta el - “Me contó Mabel, la del almacén de la vuelta de casa, que su hijo también fue prematuro. 28 semanas. Que te quedes tranquilo que va a estar todo bien” – y toda la perorata que viene después.
Habrá sido un mes después del parto que dejamos de escuchar esas palabras vacías de contenido. Ya pasado lo de Sofi, eran muy pocos – por suerte – los que se animaban a encararnos con ese razonamiento. Menos mal.
Y así incluso, fueron disminuyendo agradablemente los “todo va a estar bien” ante cada intervención que Manu tenía que soportar.
Tal vez la familia, los afectos, la gente cercana, fueron haciéndose amigos de la idea de lo que nosotros entendimos y aceptamos desde el día uno.
No sirve para nada comparar. Cada caso es distinto. A cada niño o niña el mismo tratamiento le impacta de distinta manera.
Cada prematuro o prematura hace las cosas a su modo y a su ritmo.

En lo único que se asemejan es que todos ponen todo para que cada vez que el reloj marque las doce, falte un día menos para irse a su casa con sus padres. Ojalá todos hubieran empezado por ahí.

domingo, 21 de julio de 2019

ENTREVISTA

 LIBRO

“UNA DULCE HISTORIA”

Alberto Miguel Dib presentó este libro sobre fines del año pasado. Un trabajo que le llevó 4 años de investigación y se tradujo en un compendio de características únicas.

Alberto Dib junto a Laura, y su hija
Apasionado por la historia, Alberto inició el profesorado en esta área luego de cursar sus estudios de periodismo en el ICES (Instituto Católico de Estudios Sociales), pero por diversos factores no lo pudo concluir. Sin embargo, nada le impidió seguir leyendo y nutriéndose.
Su entusiasmo por los hechos pasados se combinaron, de manera casi perfecta, con su propia historia de amor. De la mano de Laura, Alberto forma parte de la familia Reggiani (Confitería La Nueva Muguet), destacada por su dedicación a la pastelería y la cocina. Ese dueto fue mágico para él y armonizaron para dar el puntapié inicial a esta obra que hoy es una realidad.
AQUÍ VILLA DEL PARQUE tuvo oportunidad de conversar con él en una larga charla de la cual hemos extraído algunos tramos.

- Te resultó fácil escribir este libro?
- Yo había trabajado en la redacción y la producción de contenidos del libro de mi cuñado (Néstor Reggiani, Elementos, Sensaciones y Sabores), pero éste fue un trabajo de investigación de 4 años, recabando testimonios y recolectando bibliografía, porque hasta ahora no había encontrado ningún texto que contara la historia de la pastelería desde sus orígenes hasta la actualidad. Hubo autores que se dedicaron a contar la historia de algún postre, de algunos personajes, pero nadie se había ocupado de compendiarlos en un solo volumen.
Tuve la suerte de poder recurrir a grandes maestros pasteleros y panaderos que me ayudaron a reconstruir parte de la historia que nos ha llegado, en gran medida, por transmisión oral. Pero los libros, archivos y bibliotecas, que me apasionan, fueron fundamentales.

- ¿El libro cuenta la historia de la pastelería desde la antigüedad hasta ahora?
- Mi intención fue encontrar el origen de la pastelería. La ilustración de la tapa tiene que ver con esa idea: un detalle de “La Creación de Adán”, de Miguel Ángel y el origen de la pastelería. Por eso, arranco contando cómo el Hombre comenzó a endulzar, con la savia de los árboles, todo aquello que sabía amargo y les daba repulsión, pues lo relacionaban con plantas venenosas, a tal punto que el ser humano lo incorporó en su evolución. Está comprobado científicamente que la atracción por el dulce responde a un componente genético. Nos produce más sensación de placer comer algo dulce que algo amargo.

- Pero la panadería y la pastelería siempre estuvieron íntimamente ligadas.
- Tal cual. Desde la antigua Mesopotamia, Egipto (3.000 a.C.) y luego, en la época de Jesús, el panadero no se distinguía del pastelero.
Además, en aquella época los pasteles eran principalmente salados (de carne de aves, de buey…), como las tartas de hoy día, aunque luego se empezaron a elaborar pasteles dulces, con frutas.
Recién en el siglo XV un rey de Francia dictó un edicto estableciendo un Estatuto con los requisitos que debía cumplir quien se dedicase a la pastelería. Además ordenaba que sólo los pasteleros podían utilizar manteca en sus elaboraciones.
A partir de ese momento podríamos decir que la pastelería comenzó a tomar un camino independiente de la panadería.

- El libro está dividido en dos partes, no es cierto?
- Si. La Primera Parte la dedico a la Pastelería en el Mundo (desde la Prehistoria hasta el siglo XXI) y, para la Segunda Parte me focalicé en Argentina desde los tiempos de la conquista hasta la Pastelería del Nuevo Milenio.

- ¿Cómo se desarrollo la Pastelería en Argentina?
- Como en todo, en Argentina somos muy particulares. La Pastelería Artesanal Argentina, se ha formado a partir de una acumulación de saberes y sabores de distintas procedencias (con el aporte e influencia de las corrientes migratorias que se dieron a finales del siglo XIX e inicios del XX), agregándole toques propios de estas tierras. Sin embargo, aún perdura esa compulsión de mirar hacia otras latitudes, buscando referencias, anclajes y modelos a seguir.
Los pueblos originarios consumían muchos dulces y frutas. El primer cronista de estas tierras, que vino con Pedro de Mendoza (Ulrico Schmidl), contó que aquí existía una miel muy rica y abundante que se podía comparar con la mejor agua miel que se usaba en Alemania.
Hay una sección que la dedico a contar sobre los dulces que consumían los pueblos originarios, que la yerba mate era fundamental para los guaraníes, y que éstos comían pochoclo.
También me meto con la leyenda que dice que el dulce de leche es argentino, cuando en realidad tendría su origen en Filipinas e Indonesia y habría llegado aquí con los españoles, aunque también es muy probable que haya venido por el Pacífico.

- Hoy en día la cocina es muy vista en televisión y los cocineros son figuras destacadas y reconocidas, pero siempre fue así?
- No, para nada. Hubo un tiempo en que la cocina era cosa de pobres y esclavos. Las señoras de la alta sociedad daban el toque final a cada plato. Por ello, enviaban a sus esclavas a aprender a cocinar. De hecho, entre 1806 y 1815 hubo un francés, Monsieur Raymond Aignasse (“musiú” Ramón) que abrió una escuela de cocina en Buenos Aires y allí enviaban a sus criadas las familias acaudaladas para que se formen en el arte de la cocina. Y todavía, a principios del siglo XX no estaba bien visto que las señoras de la alta sociedad se dedicaran a cocinar.
A finales del siglo XIX y principios del XX, no había métodos tan efectivos para la conservación de las carnes y, ante la abundancia de vacas para alimentarse, los blancos consumían la carne asada. Pero las achuras se tiraban a la basura. Como señal de opulencia, de elitismo, pero ante todo de ignorancia, las achuras eran consideradas, en ciertos círculos sociales “comida de esclavos” y, a partir de esta “cultura del desperdicio”, surgieron platos que recién tomarían relevancia para un menú gourmet, con la llegada al mundo culinario del primer cocinero negro que llegó a las cocinas del Congreso Nacional: Antonio Gonzaga. De allí su bien ganada fama…

- ¿Cuándo se publicó el primer libro de cocina en Argentina?
- En 1890. Se llamó “Cocina ecléctica” y en realidad fue una recopilación que hizo Juana Manuela Gorritti a partir de recetas de cocina que le fueron enviando sus amigas desde diferentes lugares del mundo.
En ese libro hay un postre, llamado Torta Argentina, que es el que hoy en día conocemos como Rogel.
Pero también destacaron Francisco Figueredo, brasilero, El Arte Culinario (1888); Teófila Benavento (Seudónimo de Susana “Pototo” Torres Arana de Castex), argentina, La Perfecta Cocinera Argentina (1890) y Marta (seudónimo de Mercedes Cullen de Aldao, una acaudalada dama de la provincia de Santa Fe), titulada Cocina Criolla (1914) .

- ¿Qué es lo que más te gustó de hacer este libro?
Rescatar historias y a los personajes que dieron lugar a esas historias, para que no los olvidemos. Me ayudaron mucho el historiador Isabelino Espinosa y los pasteleros Ramón Aranguren y Francisco Sánchez.
Quise contar una historia de carne y hueso, humanizada, con nombres y apellidos.
Por ello, en el futuro tengo la esperanza de poder hacer un archivo de voces para conservar los testimonios de estas valiosas personas, por la importancia de su aporte y que su labor se mantenga viva.
Por ello, personajes como Carlos Gontaretti, Santiago Canale, Cayetano Brenna, Guillermo Talou, Ramón Aranguren y Francisco Sánchez merecen no ser olvidados.

“La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo (…)”. Isabel Allende.