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viernes, 14 de julio de 2023

INSTITUCIONALES

DEPORTIVAS


SOL DÉBOLE Y EMILIA SABIO YA FORMAN PARTE DE LAS MEJORES PÁGINAS DE LA HISTORIA DEL CESTOBALL


Pertenecientes al Club Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque, ambas atletas integran la Selección Argentina que recientemente se consagró Campeona en el Primer Mundial jugado en India.




En las mejores páginas de la historia deportiva de nuestro país y en la memoria de Villa del Parque está impresa la proeza del seleccionado de básquet que logró traer la primera copa jugada en un mundial (1950). Cinco de los dieciséis basquetbolistas (Raúl Pérez Varela, Oscar Furlong, Roberto Viau, Omar Monza y Jorge Nuré) y el técnico (Jorge Canavesi) pertenecían al club Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque.

Setenta y tres años después la historia de alguna manera se repite y G.E.VP. volvió a transformarse en el “club de las campeonas del mundo”. Esta vez la alegría la trajo cestoball, una disciplina que desde hace muchos años se practica en la entidad y le ha dado el orgullo de haber ganado infinidad de trofeos que hoy lucen en las vitrinas de la institución. Esta alta performance del plantel mayor ha hecho que dos jugadoras, Sol Débole y Emilia Sabio, formaran parte de la selección que el pasado 25 de mayo se consagró campeona en el primer Mundial de Cesto jugado en la India.

Nuestro medio tuvo la oportunidad de conversar con ambas atletas y conocer como fue esta experiencia única.

P: Para comenzar por el principio de la historia, ¿Que las trajo hasta aquí, cuándo y por qué decidieron practicar este deporte?
Sol: Comencé a los ocho años. Mis hermanos jugaban básquet con el hijo de la entrenadora de cesto, Cecilia Socias. Un día, la profe me invitó a participar de sus clases viendo que yo jugaba “1500” deportes y no me quedaba en ninguno. Cuando comencé a practicar cesto me encantó, me atrapó y hoy soy muy fan de esta actividad.
Emilia: Yo te diría que casi nací jugando cesto. Mi mamá es la entrenadora del equipo mayor del club y jugó toda su vida este deporte. Así que cuando yo tenía 3 ó 4 años ya me había anotado en la escuelita y desde ahí nunca paré. Adoro esta actividad!.

P: ¿Cómo fue el proceso para entrar a la Selección Nacional?
Emilia: Todos los años se juega el Torneo Argentino en el que participan seleccionados que representan a las provincias y a la ciudad de Buenos Aires. Nosotras integramos el equipo de Capital Federal.
En el torneo del año pasado, Manuela Ledo, la entrenadora del seleccionado nacional, estuvo observando la competencia e hizo una primera pre-selección de 30 jugadoras, entre las que estábamos nosotras.
Sol: Fue en ese momento que nos informaron que se iba a jugar un mundial en India. La noticia nos llenó de emoción y nos ilusionamos con ser parte del equipo.
Emilia: En noviembre de 2022 nos convocaron. Estuvimos cinco días entrenando doble turno. Allí quedamos clasificadas 19 chicas.
Por último, en el mes de febrero de este año nos volvieron a llamar y después de varios días de prácticas en el CENARD, nos informaron las 12 que íbamos a representar a nuestro país.
De allí en más,  hubo algunos entrenamientos con el plantel definitivo.

P: ¿Cómo quedó compuesto el equipo?
Sol: La mayoría de las chicas éramos de capital y solo tres chicas eran de otras provincias. Así que nos conocemos bastante porque habitualmente nos encontramos en los torneos de los clubes. Entre todas formamos un muy lindo grupo, nos llevamos muy bien.
Emilia: El equipo de los varones estuvo más repartido entre chicos de diferentes provincias, porque a diferencia de lo que sucede en la rama femenina, el cesto masculino se practica mucho más en otras provincias de nuestro país que en nuestra ciudad.

P: ¿Cómo fue el viaje?
Emilia: Larguísimo. Viajamos durante 24 horas. Primero, 15 horas hasta Etiopía. Allí hicimos una escala con espera de 4 horas y un transbordo con 6 horas más de vuelo hasta llegar a nuestro destino, la ciudad de Bangalore, que está ubicada en el Sur de la India.
Sol: llegamos muuuyyy cansadas y con el horario cambiado. Pero una vez que descansamos esa primera noche, al día siguiente ya estábamos bien.

P: ¿Cuántos equipos participaron y cómo se desarrolló el torneo?
Emilia: En la rama femenina participaron cinco equipos: Francia, India, Sri Lanka, Bután y Argentina. Estaba anotado Bangladesh pero al final no se presentó.
Había dos zonas (A y B), de tres equipos cada una. Jugamos un partido cada día y según como clasificabas, jugabas la semifinal y después la final.
Sol: Nos tocó jugar la semifinal con Francia y la final con India. Fue un partido durísimo con India porque "las dueñas de casa" contaban con toda la hinchada de su país que gritaba cada tanto que hacían. Finalmente terminamos imponiéndonos 83 a 56.

P: ¿Qué les llamó más la atención? ¿Tuvieron tiempo para visitar algún lugar?
Emilia: Nos sentimos muy bien recibidas. La gente de India fue muy cálida con nosotras y estaban pendientes que estuviéramos cómodas y no nos faltara nada. Nos impactó la diferencia cultural.
Sol: Una de las cosas que más nos costó fue adecuarnos a la comida. Ellos suelen ponerle mucho picante y nos resultó difícil asimilarla. De acá habíamos llevado semillas, barritas de cereal, granola y eso nos ayudó los primeros días, pero después se acabaron… (risas).
Emilia: El último día fuimos a recorrer museos y parques. Bangalore es una ciudad muy populosa y la gente en la calle no se comporta como acá. No se si hay señales viales, pero si las hay, nadie las respeta. Teníamos que cruzar corriendo porque los autos y las motos van a toda velocidad y cuando ven a peatones, no se detienen… en algunos momentos temí por mi vida… (risas)
Otra cosa que también nos llamó la atención fue el clima. Las temperaturas eran superiores a los 30ºC, había mucha humedad y llovía casi todos los días.

P: Cuando volvieron, ¿cómo las recibieron en el club?
Emilia: Súper lindo. Nos dieron la bienvenida con un banner enorme con nuestras fotos que pusieron en la puerta del club. Y nos hicieron un reconocimiento, nos entregaron placa y un ramo de flores en una ceremonia después de un partido.

P: ¿Cómo ven el futuro de este deporte y el de ustedes en particular?
Emilia: Me encantaría que esta disciplina siga creciendo, extendiéndose y que en el próximo mundial participen más países. Sabemos que estamos sembrando y que esto fue el principio de algo que puede ser mucho más grande. Esperamos que siga desarrollándose.
Desde lo personal espero poder seguir jugando y siendo parte de esta evolución desde donde me toque. Me voy a seguir esforzando para poder estar nuevamente en el seleccionado que va a competir por la segunda copa del mundo dentro de dos años.
Sol: Nuestro club es un importante semillero y tiene las puertas abiertas a todas las chicas que quieran venir a probar y conocer la actividad. Próximamente también habrá una rama masculina. Es un deporte increíble, se los recomiendo, no se van a arrepentir!.

P: ¿Cómo es su vida fuera de la cancha? ¿Estudian, trabajan…?
Emilia: Estudio, trabajo y entreno. Estoy haciendo el profesorado de Educación física, trabajo en el club en las áreas de cesto y gimnasia artística. Y entreno varias veces por semana en G.E.V.P. y en el seleccionado de ciudad de Buenos Aires.
Sol: yo estoy haciendo la carrera de Trabajo Social en la UBA, colaboro con mi papá en el comercio y entreno como Emi.
Emilia: Por eso, haber llegado a la instancia de participar en un mundial, para nosotras es como una gran recompensa a todo el esfuerzo que hubo detrás. Cuando éramos chicas elegíamos resignar reuniones sociales, cumpleaños y juntadas con amigos para estar haciendo lo que más nos gusta que es jugar y entrenar este deporte. Ahora que somos más grandes, el esfuerzo es mucho mayor porque tenemos más obligaciones. Pero nos encanta lo que hacemos y le ponemos toda nuestra energía.

P: ¿Quieren agregar algo más?
Emilia: Agradecer a nuestras familias, a nuestros amigos que siempre nos bancan y nos apoyan. 
Sol: También a la Confederación Argentina y a la Confederación Internacional por todo el gran trabajo que están haciendo promoviendo la disciplina en otros países para que vaya adquiriendo cada vez más importancia internacional.
Emilia: también queremos agradecer a la Secretaría de Deportes de la Nación y a los sponsors que hicieron posible nuestro viaje.

P: Si tuvieran que seguir soñando, qué paso les gustaría que diera este deporte?
Emilia: Sería grandioso que lo incorporaran como disciplina olímpica.

EL MUNDIAL

La primera copa del mundo de esta disciplina se jugó entre el 21 y 25 de mayo de 2023 en la ciudad india de Bangalore.

El plantel femenino estuvo integrado por Candela Cicchinelli, Caterina Cicchinelli, Sol Débole, Paula Ferraro, Carla Gerbaudo, Valeria Gaccio, Chichi Labake, Belén Ladogana, Clara Ladogana, Juliana Miño, Micaela Oreiro y Emilia Sabio. La entrenadora fue Manuela Ledo.

El equipo masculino, comandado por Melina Véliz, se conformó con los jugadores Corno Franco, Cuva Maximiliano, Fernández Bruno, Frontera Santiago, Frontera Tomas, Marchetti Luis, Marturet Ricardo, Sampaolesi Martin, Suárez Gonzalo, Tijera Lionel, Veliz Federico, Veliz Pablo.

Y en el día de la Patria estos chicos alcanzaron un logro histórico, con dos resonantes triunfos que hicieron que tanto el equipo masculino como el femenino se consagraran CAMPEONES DEL MUNDO!!!

CESTOBALL

¿Cómo se juega?
Pocos saben que este deporte que actualmente experimenta un notable crecimiento a nivel mundial, se originó en Argentina 1879, a instancias del profesor de Educación Física Enrique Romero Brest, bajo el nombre inicial de pelota al cesto.

Con algunas variantes, hoy el cestoball es un deporte por equipos, integrados por 6 jugadoras o jugadores cada uno. Se enfrentan en un campo de 28 metros por 16 con un cesto en cada extremo.
Cada cesto está ubicado dentro de la cancha, a 5 metros de la línea final, lo que permite jugar y encestar desde cualquier punto a su alrededor.
La pelota no tiene bote, y se traslada mediante pases.

jueves, 22 de diciembre de 2022

EDITORIALES

NOTA DE TAPA


EL DEPORTE NOS COBIJA EN UN ABRAZO COMÚN


Escribe:  Lic. MÓNICA RODRIGUEZ  -  Dirección


Villa del Parque
después de cada partido
Estamos a punto de concluir un nuevo año de vida transcurrido y por alguna razón, quizás porque lo marca el calendario, quizás porque suelen en esta época concluir ciclos y cerrarse etapas, se convierte en un momento de balance.

En el ámbito de la salud pública, el 2022 ha sido sumamente positivo porque poco a poco vamos dejando atrás una pandemia que puso gran parte de los dos años anteriores nuestra vida en vilo y parte de nuestros proyectos en stand by. Y aunque los datos marcan el crecimiento momentáneo de casos, ahora sabemos que cuidándonos, tomando precauciones y con la protección de las vacunas, este virus pronto quedará definitivamente superado.

En otros aspectos y como desde hace años, la mayoría de los argentinos seguimos luchando y aunque a veces sentimos que la cuesta se nos vuelve empinada no cejamos cada día de poner el tesón necesario para seguir adelante, dejando de lado el descontento, la pesadumbre y hasta cierto desencanto frente a los vaivenes que nos toca vivir.

Pero este mes de diciembre la ilusión se apoderó de la mayoría de nosotros de la mano de nuestra selección nacional de fútbol y nos hizo volver a soñar con acariciar la Copa del Mundo.

Y esa ilusión cristalizó en un sueño que se hizo realidad: Argentina después de 36 años es nuevamente CAMPEÓN MUNDIAL!!!


Una vez más y como suele suceder tantas y tantas veces, desde este deporte que es una verdadera pasión nacional, rescatamos enseñanzas positivas y alentadoras. Y si como sociedad podemos decodificarlas e interpretarlas, estará al alcance de nuestras manos hacerlas trascender a otras dimensiones de nuestra vida colectiva.

Cuando volvemos la mirada en el tiempo y nos retrotraemos al 2018 después del Mundial llevado a cabo en Rusia, volvemos a sentir el sabor amargo que nos dejó. Estábamos embargados por el descontento, la pesadumbre y el desencanto de comprobar una vez más que la jerarquía individual de los deportistas que integraban el combinado nacional (incluido al mejor del mundo) no se lograba plasmar en el funcionamiento de un equipo le lo tradujera en resultados.

A tal punto era la desazón, que después de aquel traspié ningún entrenador de renombre se atrevió a agarrar "la papa caliente" vivida como un fracaso. Técnicos con exitosas carreras en el exterior sistemáticamente se negaron a dirigir a un seleccionado que visualizaban podía poner en riesgo su prestigio. Apareció entonces un hombre joven, que hasta ese momento no había dirigido nunca a un equipo de fútbol y mucho menos al seleccionado de un país. Su trayectoria estaba centrada en haber sido un virtuoso jugador de élite e integrante del equipo técnico recientemente destronado. No tenía otros pergaminos que mostrar, sin embargo se ofreció a asumir el desafío convencido que era capaz de tomar esa responsabilidad. La dirigencia de la Asociación de Fútbol Argentino, ante las pocas alternativas que tenía entre sus manos, decidió confiar.

Los argentinos nos mantuvimos expectantes. Fueron tiempos en que leíamos, escuchamos y vimos en los medios de comunicación a un periodismo deportivo con comentarios variopintos.

El nuevo proceso arrancó sin estridencias, tomó distancia de los comentaristas de turno y supo no quedar sometido a las influencias externas y con ello ganó libertad para trabajar concentrados en el camino que se habían propuesto, tomando en sus manos la capacidad de decidir. Su único compromiso fue desarrollar un proyecto serio que incluyera objetivos de corto, mediano y largo plazo.

El primer desafío que enfrentó el nuevo equipo técnico fue el recambio generacional de jugadores, que también se transformó en la oportunidad de nutrir a la equipo de jóvenes figuras, muchas de ellas ciertamente desconocidas para la enorme mayoría, pero con el talento y las cualidades necesarias para ser convocados.

Solo quedaron algunos infaltables históricos que se animaron "a la patriada" a pesar de los sinsabores vividos con anterioridad. Allí estuvieron nuevamente Di María, Ottamendi, Messi… siempre Messi. Deportistas que nunca le dijeron que no a cada convocatoria para vestirse la camiseta celeste y blanca, aunque seguramente habrá pasado seriamente por sus cabezas la posibilidad de hacerlo, al verse vapuleados y menospreciados desde diferentes ámbitos que cargaban sobre ellos las responsabilidades de equipos que no lograban trascender. Fueron hombres que más allá de los éxitos vividos en sus clubes y aunque no conseguían las metas que se proponían, mostraron un amor inquebrantable y siguieron eligiendo representar a su país, torneo tras torneo, mundial tras mundial.

A poco de andar este nuevo combinado nacional comenzó a mostrar resultados dentro de la cancha, a la par que veíamos un equipo sin estridencias personales, con espíritu de camaradería, compañerismo y respeto mutuo.

Los más chicos manifestaban el privilegio que sentían de poder jugar junto a figuras consagradas que hasta hacía muy poquito eran los ídolos que miraban por televisión. Los más grandes y experimentados mostraron la capacidad de incluir y guiar con naturalidad a los jóvenes que llegaban demostrando su talento y eran capaces de dotar al equipo de un mejor desenvolvimiento.

Al momento de jugar nadie (excepto Messi) tuvo asegurado un puesto. Entrar a la cancha dependía y depende del estado físico de cada deportista pero también si sus cualidades iban a aportar a las tácticas de juego que se definieran a la hora de enfrentar al rival de turno.

Con esta idea y versatilidad el seleccionado nacional comenzó a cosechar triunfos. Primero los argentinos vimos que los partidos se ganaban o se empataban, nunca se perdían. Así sumaron 36 encuentros internacionales sin caer en el marcador.

La primera gran recompensa llegó con la Copa América, nada más y nada menos que enfrentando en la final a Brasil y en el emblemático estadio de Maracaná. Después de 28 años Argentina volvió a consagrarse campeón continental. Pero eso no fue todo, más tarde coronarían esta consagración superando a Italia en aquel memorable encuentro de la Finalissima.

Con estos pergaminos el seleccionado argentino llegó al Mundial de Qatar y aunque no eran considerados por los "especialistas" como una de las primeras "candidatas" a llevarse la copa, se sabía que Argentina se presentaba con un equipo fuerte y con estilo propio.

Y sobrevino el partido inicial de la fase de grupos. Nos enfrentamos a Arabia Saudita y contra todo pronóstico (al menos de gran parte de los aficionados) nuestro país cayó 2 a 1.

Un momento difícil para un seleccionado que en los últimos cuatro años no había conocido la derrota y para un pueblo que llegaba con toda la ilusión.

Una vez más el equipo debía mostrar el carácter que los había llevado hasta estas instancias, sin desmoralizarse y sin flaquear. Fue un momento clave para demostrar que el proyecto estaba intacto, que trascendía las individualidades porque aspiraba a un objetivo común superior. Ese fue uno de los motores que les permitió superar la adversidad y alimentó el espíritu para seguir adelante. La otra turbina fue sentirse acompañado por un pueblo con el que habían establecido un vínculo y comunión únicos.

La selección nos volvió a ilusionar, nos volvió a enorgullecer y nos unió. La alegría de cada triunfo la compartimos en nuestras casas, con nuestras familias, en el barrio con nuestros vecinos, en nuestra ciudad y en cada rincón de nuestro país.

El deporte una vez más nos cobijó en un abrazo común, borró nuestras diferencias y nos hizo olvidar nuestros pesares.

Pero lo más gratificante es que sabemos (y esperemos que así sea) que este proceso no se agotó el 18 de diciembre a la noche porque es un proyecto que ha encontrado bases sólidas para seguir creciendo.

Quizás solo queda cerrar esta nota recopilando algunas palabras que nos deja el trabajo que ha llevado adelante esta Selección Nacional a lo largo de estos más de cuatro años y serían estupendas si las pudiéramos tomar como ideas fuerza aplicadas a otras dimensiones de nuestra vida colectiva: UNIÓN - TALENTO - IDEAS - PROYECTO COMÚN - TRABAJO EN EQUIPO - COMPAÑERISMO - HUMILDAD - AMOR - ALEGRÍA.

Muy felices fiestas y excelente 2023!!!