LA CUESTIÓN SOCIAL
¿QUIÉN ATIENDE A LAS PERSONAS VULNERABLES EN NUESTROS BARRIOS?
El peligro de criminalizar la pobreza.
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| 6 de septiembre de 2026: Persona durmiendo en el pasaje Padre Vicente Rigoni Acceso a la Estación Villa del Parque - Ferrocarril San Martín |
Desde hace tiempo, las calles de Villa del Parque, Devoto, Villa Santa Rita y Villa General Mitre —al igual que en la gran mayoría de los barrios porteños— muestran una presencia creciente de personas en extrema vulnerabilidad. Algunas forman parte de la red informal de cartoneros que buscan materiales reciclables o comida en los contenedores; otras están en situación de calle directa.
Frente a esta realidad, la respuesta de los residentes no es unánime.
Por un lado, están quienes buscan solidarizarse. En este sector se alinean iglesias y templos de distintos credos, organizaciones sociales y vecinos autoconvocados que se organizan varias veces por semana para ofrecer un plato de comida, abrigo e indumentaria. Incluso existen asociaciones civiles que brindan espacios de ducha e higiene personal en horarios pautados.
Por otro lado, a muchos vecinos los embarga el miedo. Desde ese sentimiento infieren que detrás de esos rostros, de la ropa desgastada y de la fragilidad visible —que en ciertos casos incluye consumos problemáticos o afecciones de salud mental— se solapa un delincuente que ante la menor oportunidad puede atentar contra la integridad física de otros. Ese temor suele magnificarse cuando involucra a niñas, niños y adolescentes que están más desprotegidos frente a una posible agresión.
Aparece así el discurso que desde el sentido común dice: "Es gente que trae el tren, que deambula delinquiendo...", o afirmaciones que sostienen que la mayoría de quienes esperan una Vianda frente a la Parroquia Santa Ana y San Joaquín (Villa del Parque) "están al margen de la ley y vienen de la provincia de Buenos Aires".
Sin embargo, estas percepciones no se sostienen en los datos. El Censo Popular de Personas en Situación de Calle realizado con rigor científico en 2025 determinó que el 45% de los encuestados nació en la Ciudad de Buenos Aires y casi el 60% residió siempre en CABA. Tampoco surge de las estadísticas de la Policía de la Ciudad que la mayoría de los delitos provengan de este sector social.
Aunque las cifras están, no podemos desconocer que nuestros barrios están ubicados en la periferia de la capital y lindantes con la provincia de Buenos Aires. Es así que la línea imaginaria de la avenida General Paz diariamente es traspasada por personas que pueden llegar caminando o en cualquier medio de transporte público (incluyendo el tren) en busca de algún tipo de sustento.
Meses atrás cuando le hicimos un reportaje a Cristina Panzuto, responsable de Cáritas Santa Ana y San Joaquín y coordinadora de la labor solidaria que lleva adelante la parroquia, nos dijo en relación a los reclamos que se suscitan "Es comprensible que a nuestros vecinos no les guste que pasen estas cosas, a mí tampoco me gusta, pero nosotros no provocamos esta situación. Cáritas lo que tiene que hacer, lo hace. Nosotros atendemos la urgencia, damos de comer." Y argumentó: "Muchos no se dan cuenta que cuando el hambre o la extrema necesidad ataca a una persona, pierde el eje. Nosotros preferimos que vengan a buscar ayuda a la parroquia y no que estén golpeando las puertas de las casas desesperados. Quizás estoy magnificando un poco, pero hay que estar en la suela de los zapatos de esas personas que comen todos los días fideos y arroz". Aclarando que "...nosotros no somos los causantes de este estado de cosas, somos el último eslabón de la cadena y como tal, damos un paliativo."
En relación al origen de estas personas y su ámbito de residencia Panzuto remarcó "Nosotros atendemos seres humanos, provengan de donde provengan (...) Nosotros no discriminamos." Para cerrar diciendo: "No podemos poner una zanja en la avenida General Paz para que no pasen desde la provincia... Es verdad que hay personas que bajan del tren y vienen a buscar su vianda, será porque `Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires'".
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| Relevamiento de personas en estado de vulnerabilidad en calles, plazas y parques realizado por la Policía de la Ciudad en conjunto con la Dirección General de Fiscalización del Ministerio de Espacio Público en la Comuna 11 el lunes 21 de septiembre de 2026 |
¿LLAMAR AL 108 O AL 911?
Resulta comprensible que los vecinos no quieran personas durmiendo en las puertas de sus domicilios ni en las cercanías donde diariamente transitan. Ya sea por temor o por compasión, la comunidad busca una respuesta de las autoridades.
La pregunta clave es a quién recurrir. Quienes entienden que la persona en calle requiere contención e intervención del Estado suelen acudir a la Línea 108 para solicitar refugio y asistencia social. Quienes priorizan una mirada de seguridad suelen llamar al 911.
De allí surgen otros interrogantes centrales: ¿es rol de la Policía de la Ciudad "correr" a las personas en situación de calle? ¿Se están utilizando de forma eficiente los siempre limitados recursos policiales en esta tarea? ¿Alcanza con "invitar a irse" a quienes están en la calle, o esa práctica solo traslada el problema a unas cuadras de distancia?
El problema es complejo y las soluciones no son lineales.
Cómo funciona la Línea 108
La Línea 108 de Atención Social Inmediata funciona las 24 horas recibiendo solicitudes de asistencia para personas o familias en vulnerabilidad social, derivando los casos a profesionales del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat.
A través de la Red de Atención, los equipos del Gobierno de la Ciudad abordan a las personas en la vía pública para ofrecerles recursos de contención según cada situación. Su menú de gestión cuenta con cuatro opciones principales:
• Opción 1: Reporte de personas en situación de calle en cualquier punto de la Ciudad.
• Opción 2: Atención directa para personas que se encuentran en situación de calle.
• Opción 3: Información y orientación sobre adicciones y consumos problemáticos.
• Opción 4: Contención y asesoramiento sobre derechos de personas embarazadas en situación de vulnerabilidad.

Personas en estado de vulnerabilidad
retiran a diario sus viandas en la
Parroquia Santa Ana y San Joaquín
COMUNA 11: SIN CENTROS DE INCLUSIÓN, LA RESPUESTA DEPENDE DE LAS ONG

retiran a diario sus viandas en la
Parroquia Santa Ana y San Joaquín
La Ciudad dispone de Centros de Inclusión Social (CIS) orientados a albergar a quienes atraviesan emergencias sociales y habitacionales. Estos espacios cubren alojamiento, alimentación e higiene, mientras equipos multidisciplinarios (enfermeros, trabajadores sociales, psicólogos y operadores 24 horas) evalúan a cada persona para facilitar el acceso a documentación, salud integral, talleres de reinserción laboral y actividades culturales o deportivas.
Sin embargo, al revisar el mapa porteño, ninguno de los cuatro barrios de la Comuna 11 cuenta con un Centro de Inclusión Social ni con paradores estatales de contención alimentaria. Sin la labor constante de las organizaciones no gubernamentales y las redes comunitarias, la crisis de estas personas sería aún más gravosa y el vecindario carecería de todo dique de contención.
ENTRE LO DESEABLE Y LO POSIBLE
Lo deseable sería que la crisis social no fuera tan dura. Lo razonable, que la Comuna contara con dispositivos estatales descentralizados para dar respuesta inmediata al desamparo alimentario y habitacional.
Hoy, esa ausencia la suplen cientos de voluntarios. Es el caso emblemático de la Parroquia Santa Ana y San Joaquín, que entrega entre 140 y 160 viandas diarias los 365 días del año gracias al trabajo de más de 80 personas, donaciones de vecinos, aportes de empresas y recursos generados en ferias americanas. Un servicio que no solo atiende a quienes duermen en la calle, sino también a trabajadores y residentes de la zona en situación de precariedad.
Frente a este escenario, no resultaría complejo constituir una Mesa de Diálogo Institucional a nivel comunal que reúna a las autoridades locales, a funcionarios del ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat y a las organizaciones civiles que realizan tareas solidarias en nuestro territorio. Articular un sistema de asistencia coordinado no solo es una deuda social con los más vulnerables, sino la única vía sostenible para velar por la convivencia y la paz social en nuestros barrios.


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