ENTREVISTA
UN CAFÉ CON RAFAEL NICOLAU
De los grandes escenarios del mundo al corazón de Villa Santa Rita:
Vecino ilustre de nuestra comuna, Rafael Nicolau no solo es considerado uno de los guitarristas más excelsos de la música argentina, sino también un artesano de la sencillez. En una charla íntima y sin prisa, entramos a su refugio creativo para descubrir cómo se construye una carrera brillante sin perder la pasión del primer día.
Nos sentamos alrededor de una mesa, en la que no faltó un rico cafecito y tentadoras delicias dulces con las que nos recibió mientras abríamos un diálogo que atravesó distintos pasajes de su vida profesional.
A lo largo de la charla fuimos descubriendo la música, los viajes y la vida de un virtuoso que eligió la docencia y el barrio como su mejor escenario.
P: ¿Dónde nació?
R: Nací en Pelegrini, un pueblo en la provincia de Buenos Aires, muy cerquita de La Pampa, pero en realidad mi mamá fue a parir allí porque estaba el único hospital zonal por aquella época. Yo en realidad viví los primeros años de mi infancia en Roosevelt una localidad muy pequeñita. Cuando fui creciendo mis padres querían que siga estudiando y como en el pueblo no había escuela secundaria, decidieron radicarse en Buenos Aires.
P: ¿Cómo despertó su vocación?
El primer disco de Rafael Nicolau
LOS PRECURSORES
R: Creo que llevo la música en mi ADN. Mi papá era músico, mi abuelo de la rama paterna también era músico y mi bisabuela, Catalina Fons, nacida en Mallorca (España) fue una gran y reconocida guitarrista.
Siempre admiré a mi padre, un hombre multifacético. Tenía un don natural para todas las artes. Como músico tenía la capacidad de aprender muy rápido a tocar cualquier instrumento y a la vez era un excelente dibujante y caricaturista. Él estudió violín desde muy chico y con apenas 13, 14 años ya tocaba en una orquesta que musicalizaba en vivo las películas del cine mudo. Cuando fue más grande incursionó en el piano y ya en la década del ´40, cuando sobrevino el fervor por el tango, se inclinó con entusiasmó por el bandoneón.
P: ¿Usted heredó de él estas mismas habilidades?
R: No, no, yo no soy tan versátil (risas). Lo mío siempre ha sido la guitarra con exclusividad.
P: ¿Usted, como su papá, también se abrazó al tango?
R: Como toda persona formada en el Conservatorio Nacional de Música empecé aprendiendo música clásica. Previo a eso, fui dando años libres y tuve la posibilidad de estudiar con maestros de la envergadura de Horacio Icastto y Tomás Pomilio. Más tarde tuve la suerte de ser alumno de María Luisa Nido, una de las más grandes guitarristas que dio el mundo.
Luego de egresar del Conservatorio, la Asociación Argentina de Música de Cámara me otorgó una beca y a partir de algunas investigaciones descubrí algo que significó un vuelco en mi carrera.
P: Guau, ¿Qué descubrió?
R: Algunos de los hombres que marcaron la historia política y económica de nuestro país fueron a la par cantautores y predecesores de nuestra música nacional.
Por ejemplo, Juan Bautista Alberdi, jurista, político y uno de los hombres más influyentes del liberalismo de medidos del siglo XIX, considerado autor intelectual de la Constitución Nacional que se sancionó en 1853, también fue un talentoso músico.
Amancio Alcorta, economista que supo ocupar importantes cargos en la provincia de Buenos Aires y a nivel nacional, en paralelo dejó grandes composiciones musicales.
También se destacaron en este plano Esteban Echeverría y Juan Pedro Esnaola.
A partir de este hallazgo, decidí grabar mi primer disco que se llamó “Los precursores de la música argentina” en 1977.
Esa iniciativa marcó a fuego los siguientes años de mi vida porque tuvo un éxito tremendo y me obligó a dejar de tocar música clásica.
P: ¿En qué sentido cambió su camino artístico?
R: Fue un proyecto excluyente porque antes nadie había incursionado demasiado en esta temática. Le interesó a historiadores, músicos, a los conservatorios, a las universidades, a los que les gustaba el folklore y a investigadores de nuestra cultura. Eso me abrió las puertas para trabajar durante varios años en distintos ámbitos: universidades nacionales, Secretaría de Cultura de la Nación y áreas de cultura de las distintas provincias. Acompañaba con mi música actos que se realizaban en el Cabildo y en distintos edificios históricos, incluso llegué a acompañar conferencias de grandes historiadores como Carlos Astolfi, autor, entre otros, de los conocidos libros con los que estudiábamos en la escuela secundaria.
También participé junto a Julio César Gancedo, del programa “tres minutos de historia” que se transmitía por canal 7.
P: ¿Y cómo pasó a abocarse enteramente al tango?…
R: En el año ´83 fui invitado a hacer unas presentaciones en el teatro Regio Di Torino, en la Piazza Castello de Turín, una de las óperas más importantes de Italia. Allí interpreté a grandes clásicos, pero entre bambalinas y en las recepciones que nos hicieron luego de nuestras actuaciones me pedían que tocara tango. Hice algunos de los temas conocidos. En ese momento me di cuenta que debía elaborar un nuevo proyecto profesional para volver a impulsar mi carrera.
Así que cuando volví a Argentina, me ayudó mi papá en ese proceso y luego tuve la suerte de conocer a Jorge Sobral con quien hice canto, guitarra y poesía. Eso me impulsó a ponerme a estudiar de lleno con el maestro Sebastián Piana, que me enseñó composición y armonía. A la vez la vida me obsequió cruzarme con el notable guitarrista Roberto Grela que se convirtió junto con Sobral en mis padrinos artísticos en esta nueva etapa. Con ellos participé en el famoso programa Grandes Valores del Tango (Canal 9) y realicé giras por todo el país, Brasil y España.
También acompañé con mi guitarra a cantores de la talla de Jorge Valdez, Enrique Dumas, Alberto Podestá, Nelly Vázquez y Roberto Goyeneche. Integré el cuarteto del maestro Roberto Pansera en el Viejo Almacén y de Alberto Garralda, haciendo actuaciones por las provincias de nuestro país.
Con el quinteto de Lisandro Adrover realizamos giras por toda Europa y en varias ocasiones tocamos con la Metrople Orchestra Netherlands, dirigida por este gran maestro.
Integré la orquesta del musical argentino Tanguera que produjo durante muchos años Alejandro Romai y eso me llevó a viajar por toda Europa. Con la compañía Forever Tango llegué a ir más de 30 veces a Alemania.
P: ¿En la actualidad está más dedicado plenamente a la docencia, no es cierto?
R: La docencia siempre me encantó y durante muchos años la ejercí a la par de mis actuaciones. Di clases en la Dirección de Cultura del partido de Tres de Febrero, me desempeñé en Conservatorios privados y también en el Centro Polivalente de Arte de Ezeiza. En algún momento, dadas las largas giras que hacía, me vi obligado a elegir y opté por viajar.
En el año `96 decidí abrir mi propio Conservatorio que lleva el nombre de mi padre “Rafael Nicolau”. Actualmente doy clases individuales y tengo estudiantes de todas las edades.
Mi trabajo como docente no es solo enseñar la técnica, también es estimular la alegría y pasión que nos despierta la música.
P: Una faceta menos conocida suya, pero no por ello menos trascendente, es que también es compositor…
R: Sí, he escrito varios tangos, todos instrumentales, gran parte de ellos están dedicados a mis seres queridos: a mi mamá, a mi papá, a mi tío Alberto, al profesor Icastto, entre otros.
P: Para cerrar, si tuviera que definir en pocas palabras su trayectoria, ¿Que diría?
R: Creo que tuve la virtud de formarme, atender las señales a tiempo y estar preparado para lo que venía, pero no descuento una gran dosis de suerte. Hay mucha gente que toca extraordinariamente bien, pero a veces la vida no le depara las oportunidades que me dio a mí. Soy un agradecido.


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