viernes, 18 de junio de 2021

LA OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

SALUD

EL MALTRATO PSICOLÓGICO EN LA SALUD MENTAL
Aprendizaje de recursos.


Escribe: ADRIANA SILVIA DEZA  -  Lic. en Psicología.M.N.: 55.836.  Magíster en Neuropsicología clínica.


Maltratar, herir, dañar y tratar de un modo incorrecto suelen encontrarse como sinónimos en cualquier diccionario etimológico que se precie de tal. La modalidad agresiva es bastante común de hallarse, no sólo en los familiares del padeciente sino en profesionales formados en las escuelas de los años 20 del siglo pasado. Se suele estipular elevar el tono de voz y mirar de forma desafiante con una única meta: intimidar. En otras palabras, acobardar, atemorizar, paralizar. Existe un bastardeo popular abyecto, y aunque el término parezca duro, no lo es. Hablamos de personas en general angustiadas, asustadas y con una mirada evasiva o en búsqueda de cuidado. Es más, aún si se tratara de un caso sospechoso para el sujeto que desconoce cómo actuar, siempre la mejor manera de abordar la situación es con delicadeza, un tono suave de voz suele producir milagros. No incluyo a un caso extremo (por ejemplo, alguien armado y a la vista de cualquiera.
Como resumen del anterior artículo, recordaré la imperiosa necesidad de dirigirse a ese prójimo sufriente, con amabilidad y en lo posible no mirarlo fijo a los ojos mucho tiempo. En circunstancias varias, la mirada puede ser interpretada como un riesgo. Tanto por parte del paciente o consultante, como del supuesto sano o normal. El desconocimiento es parásito casi inmortal del mal comportamiento. Dicho esto, prosigo como dije con el aprendizaje de recursos.
La socialización suele tener el peso de un obstáculo para el filósofo/a. En cambio para la psicología, la psicopedagogía, la neuropsicología, y otras disciplinas, se considera a la sociabilización un hecho fundamental al que incluso se lo toma en cuenta a la hora de evaluar el comportamiento de un sujeto, sobre todo, si se trata de un menor. Por ejemplo, en los informes psicológicos de niños, niñas y adolescentes hay que considerarlo. Con las evaluaciones neuropsicológicas debemos efectuar un análisis no sólo cuanti sino cualitativo de este aspecto empático del niño/a en cuestión. Por supuesto estudiamos casi todas las facetas del accionar del menor. Hay un solo tema que todavía la neuropsicología no obtiene con test, cierto tipo de movimiento neuronal en algunas patologías. Sobre la importancia de esta evaluación en los menores, volveré. Aquí solamente, hago alusión a los recursos.
1.a) En ocasiones no hay dificultad para socializarse sino falta de ganas.
1.b) Existen circunstancias, tanto en menores como en adultos, en dónde el hartazgo predictivo, arranca de cuajo a la voluntad de hablar con alguien. Sobre todo si la formación educativa de ambos semejantes, difiere. Es como intentar dialogar en dos idiomas distintos, sin que ambos participantes lo conozcan.
Recurso: establecer preguntas básicas, al estilo de ¿cómo te llamás? ¿Cuál es tu color favorito? ¿Dónde queda tal o cual calle? Según estemos en un lugar o en otro.

La cooperación es prioritaria para no ser mal etiquetado como vago/a. Puede que no se disponga del ánimo apropiado ¿qué hacer?
2. a. Ofrecerse para ordenar un rincón, pintar figuras geométricas, hacer un jugo de frutas. La tarea tiene que implicar acción y a su vez, serenidad con una cuota de libertad.
2. b. A la mayor parte de las conductas hay que sacarles una ventaja terapéutica. En el exterior: focalización en el tránsito, semáforos, altura de calles, observar una parada de colectivo por vez y tratar de retener el recorrido. Al principio, de donde sale y donde termina. Detectar el sitio de compra y preguntar por el precio (tratar de recordar) seguir 2 cuadras más en la misma dirección y volver atento/a al movimiento callejero. El dinero ahora es el centro. Llegados al negocio, producto y suma.
2. c. Si se vive en un edificio, tratar de subir un piso por la escalera. Uno por semana o cada 3 días. Ya sea, deteniendo al ascensor un piso antes o subir por subir. Cada piso es un nuevo desafío, lo mismo que saludar a un vecino o vecina. El objetivo: la terraza. Luego bajar.

3. d. Cuando la dificultad para interactuar tiene inicio antes de levantarse, en general se necesita la ayuda de cómo mínimo un acompañante terapéutico. No obstante, los antecedentes indican a personas en condiciones deplorables con una voluntad de acero, estos seres si se quiere diferentes al común, a veces se arrastran hasta el baño, toman agua y otras necesidades, hasta estar en condiciones de higienizarse, vestirse y empezar de a poco a caminar. El consumo de algo dulce y abundante agua, puede ser el comienzo de una caminata por el exterior de 15 minutos, luego 20, 30 y después de unos días, la calle, el gran desafío. En situaciones extremas, pedir ayuda también requiere un estado de salud física y psíquica mejor. Por supuesto, es preferible el socorro exterior, un llamado a emergencias, un llamado a un familiar, a un vecino. En esta situación particular, hago referencia a estados de aislamiento intensos, pero con necesidad de mejoría. Estados en los cuales, nadie sabe qué ocurre. Y lo que está sucediendo, es que un ser humano, en soledad libra la batalla más fuerte. La batalla para salvarse y contando sólo, con sus propios recursos.

Aclaración: en el artículo no influye la clase económica del enfermo. Si hay ejercicios básicos, se realizan al sólo efecto de brindarles ayuda aquellos seres dolientes, que aunque cuenten con recursos para viajar en un yate, apenas pueden salir de su propio cuarto.

Consultas:
E.Mail: traful6@gmail.com
www.evaluacionneurocognitiva.com.ar

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