miércoles, 12 de mayo de 2021

EFEMÉRIDES

208º ANIVERSARIO DE NUESTRO SÍMBOLO PATRIO


HISTORIA DEL HIMNO NACIONAL ARGENTINO

Escribe: Profesor ARNALDO MIRANDA
Educador. Historiador. Investigador. Escritor. Conferencista. Académico
Director del Conservatorio Musical Juan Sebastian Bach


Con el advenimiento, el 25 de Mayo de 1810, de nuestro primer gobierno autónomo, se instaló en la sociedad porteña y luego en el resto del lato territorio que había pertenecido al Virreinato del Río de la Plata, el germen de la idea de la independencia.
Mediante un censo que la Primera Junta ordenó realizar poco después de asumir, sabemos que en Buenos Aires figuraban cincuenta músicos, entre ellos el catalán Blas Parera, quien a la sazón se desempeñaba como maestro del difícil arte en el convento de la Merced, dando además lecciones en casas particulares.1 Desde los días de mayo don Blas estuvo del lado de los patriotas y ya veremos como pondrá música, entre 1810 y 1813, a diversas marchas y canciones compuestas en honor de aquel proyecto de Nación.
Por otra parte, un prominente abogado y poeta educado en el Real Convictorio Carolingio y con decidida actuación durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807, Vicente López y Planes, escribía su primera página poética de importancia, “El Triunfo Argentino”, donde relataba magistralmente aquellos acontecimientos que dieron idea al pueblo de Buenos Aires de su propia fuerza.
En su texto, dedicado a don Santiago de Liniers y Bremont —héroe de la Reconquista—, y a los valientes habitantes de Buenos Aires que lo acompañaron, se hace clara referencia al respeto por la figura del rey de España, al decir que “morirán primero, que su gobierno abandonar nativo”.
Esta obra de López y Planes podemos considerarla como el antecedente directo de nuestro Himno Nacional.
Algunos autores sostienen que este poema de López es una paráfrasis de “Eneida”; de hecho el “Triunfo Argentino” tiene un epígrafe en latín de la obra de Virgilio que luego repite en castellano dentro del texto: “Guerra inoportuna hacemos con varones del poder de los dioses revestidos; varones invencibles, cuyo esfuerzo no sucumbe a la guerra; cuyo brío, aún subyugados, los mantiene en arma”.
Estas citas no son extrañas, si consideramos la influencia de la literatura clásica en la formación de los hombres de la época.
 Acaecida la llamada “Semana de Mayo”, los poetas de entonces, ensalzados por los acontecimientos, cantaron sus loas a la patria que recién comenzaba a gestarse y entre ellos merecen párrafo aparte Juan Manuel de Labardén, el franciscano fray Cayetano José Rodríguez, Bernardo de Vera y Pintado, y Esteban de Luca.
A este último debemos la “Marcha Patriótica” publicada el 15 de noviembre de 1810 en la “Gazeta de Buenos Ayres” y musicalizada por el maestro Blas Parera, que en su coro dice:
“Sudamericanos
 
Mirad ya lucir
 
De la dulce Patria
 
La aurora feliz"

Esta composición, la primera oda a la revolución, que será canción oficial hasta la aparición del himno, se refiere en uno de sus pasajes a la España dominada por los franceses al relatar:
“España fue presa
 
del galo sutil 

porque a los tiranos 

rindió la cerviz.
 
Si allá la perfidia
 
Perdió pueblos mil

Libertad sagrada
 
y unión reine aquí”.

Destaca con elegancia el valor de los criollos y sus mujeres:
“De la gloria el genio

ardor varonil

infunda en los pechos,

su fuerza sentid …

bellas argentinas

con su afán sin fin

os texen coronas
 
de rosa y jazmín”.

El Primer Triunvirato impartirá órdenes para que el 26 de mayo de 1812 en la plaza mayor se canten unos versos de Saturnino de la Rosa, musicalizados por Parera, los cuales, aparentemente, se han perdido. 6
Hacia 1812 aparece un poema anónimo, titulado “Marcha Patriótica”, cuyo primer verso dice:
“Que viva la Patria

libre de cadenas,

y vivan sus hijos

para defenderla".

Blas Parera será el encargado de musicalizar la “Canción Patriótica en celebración del 25 de mayo”, que compusiera fray Cayetano Rodríguez y el melodrama de Luis Ambrosio Morante titulado “El beinte y cinco de mayo” (sic).

“OID MORTALES, EL GRITO SAGRADO …”

Habiendo asumido el gobierno el Segundo Triunvirato, se instaló el 31 de enero de 1813 la tan ansiada Asamblea General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Entre sus importantes logros estuvieron la libertad de vientres para los esclavos, la abolición de los instrumentos de tortura y los títulos de nobleza; y la sustitución de símbolos, de los cuales citaremos la frase “valga para el año 4° y 5° de la Libertad”, encabezamiento de los documentos oficiales que reemplazó al anterior “valga para el reinado del señor don Fernando VII para el bienio de 1812 y 1813”. En su sesión del 5 de mayo la Asamblea declaró al 25 de mayo “Día de fiesta cívica, en cuya memoria deberán celebrarse anualmente en toda comprensión del Río de la Plata, cierta clase de fiestas que deberán llamarse FIESTAS MAYAS”.

Al Dr. Vicente López y Planes, diputado ante el órgano legislativo, se le encargó una marcha patriótica digna de exaltar en los corazones el sentimiento de pertenencia a la nación que estaba surgiendo. Cuenta la tradición que en la noche del 8 de mayo de 1813, luego de la representación del drama patriótico de Morante en el teatro de la Ranchería, a la cual había concurrido nuestro personaje, sintió este una inspiración repentina y al llegar a su casa se puso a componer nuestra canción nacional, que concluyó en las primeras horas de la mañana del siguiente día. Otras versiones más documentadas afirman que ni bien se instaló la Asamblea, se le encargó a López la composición y este, tras dos meses de labor, la presentó ante aquella.
 
Lo cierto es que durante la sesión del 11 de mayo de 1813 la Asamblea la declaró por aclamación “única canción patriótica de las Provincia Unidas del Río de la Plata”, y solicitó al maestro Blas Parera la composición de su música. Podemos afirmar que el músico demoró poco más de una semana en cumplir su cometido, por el que se le habían asignado doscientos pesos en concepto de honorarios.
La primera impresión de los versos fue realizada tres días más tarde, el 14 de mayo, bajo el título de “Marcha Patriótica” en la Gaceta Ministerial del Gobierno de Buenos Aires y con tipografía de la Imprenta de los Niños Expósitos.
Mientras tanto, la primera edición formal de letra y música se hizo en París hacia 1814 por “La Lira Argentina”, con ausencia absoluta del nombre de sus autores y una larga serie de errores técnicos de copia. Haremos referencia también a las de Juan Monro, de Londres, y a la de Luis Messemaeckers.
 El pueblo de Buenos Aires pudo escuchar la composición musical y sus estrofas en el marco de las fiestas mayas de aquel año, mientras que la historia urbana nos refiere acerca de la primera ejecución privada, que habría sido realizada en casa de doña Mariquita Sánchez de Thompson, por el propio Parera y en el piano de la familia.

El poema y su música


Respecto de su estructura y versificación, nuestro himno consta de nueve octetos decasilábicos y un cuarteto como coro, que se repite al final de cada estrofa. Los versos agudos que riman en forma consonante se alternan con los libres, de acento grave.
Comienza con un vocativo llamando a un interlocutor: “Oíd, mortales”, invocando la “Libertad” en una reduplicación. Nos habla de “rotas cadenas”, las que nos unían a España, y coloca en un pedestal a la igualdad entre los hombres, “ved en trono a la noble igualdad”. En otra estrofa, Marte, dios de la guerra, anima a los vencedores trayendo el recuerdo de los hijos de esta tierra, los incas en su “antiguo esplendor”. Alude en su estilo neoclásico a nuestra geografía y a los “pueblos de la ínclita unión”, con Buenos Aires a la cabeza.

Reaviva en otro de sus pasajes las gloriosas batallas por nuestra independencia y la bravura de los guerreros criollos, cantando la majestad del heroísmo del pueblo. Presenta a “Una nueva y gloriosa nación / coronada su sien de laureles / y a sus plantas rendido un león”, frase que simboliza la decadencia del antiguo régimen opresor y tiránico imperante en América.
 En su forma original el himno dura veintidós minutos, pero desde fines del siglo XIX la práctica en vigencia reduce esta duración a dos minutos y medio, es decir que se cantan sólo los cuatro primeros versos de la primera estrofa, los cuatro últimos de la novena y el coro, donde se potencia la idea de que los argentinos prefieren morir con gloria y honor antes que vivir oprimidos.
 El estilo rossiniano y mozartiano en boga en la época impregna la música, cuya introducción posee veintitrés compases a manera de obertura sinfónica. Con ritmo marcial y solemne precede al comienzo del canto, que consta de cincuenta y cuatro compases de estructura severa, con sincronismo y simetría.

Se cree que la partitura original fue compuesta en “re bemol mayor”, pero desde el año 1900 se ejecuta oficialmente en el tono “si bemol mayor”, adaptado para las voces escolares y compatible para las demás.

En 1860 Juan Pedro Esnaola subsanó deficiencias de armonización que contenía el original de Parera, basándose en las partituras de diversas bandas militares. Posteriores revisiones, entre ellas la del maestro Alberto Williams de 1910 y la de 1927, efectuada por una comisión designada al efecto por el Poder Ejecutivo Nacional, contemplaron detalles melódicos, como el “grupeto” contenido en el compás sesenta y nueve, correspondiente al “vivamos” y el “gloria” del compás setenta y cuatro, que en las versiones conocidas hasta entonces contenía un intervalo de octava ascendente de difícil interpretación, especialmente para las voces blancas. Finalmente se adoptó la versión de Esnaola con carácter oficial.

La melodía de nuestra canción patria es militar, religiosa y sinfónica a la vez, eminentemente responde al clasicismo musical, lo cual la convierte en digna de un auténtico himno, siendo uno de los pocos del mundo que reviste esta calidad, y no la de marcha, como el común de los casos. Contiene un gran valor espiritual, es flexible en su desarrollo, con melodía amplia y llena de sugerencias guerreras y contenidos morales. Estos contrastes la elevan al plano operístico.

Acerca de los autores


Don Vicente López y Planes, —a quien poco se lo recuerda por ser el autor de los versos de la canción nacional, mas sí por su destacada y prolongada vida pública—, nació en Buenos Aires el 3 de mayo de 1784 en una casa de la calle Perú 295, donde vivió toda su vida, falleciendo el 11 de octubre de 1856. Fueron sus progenitores Domingo López, natural de Santander, y la porteña Catalina Planes.

Cursó estudios en el Real Colegio de San Carlos, como ya dijéramos, tuvo entre sus maestros al padre Pedro Fernández y al Dr. Valentín Gómez. Actuó brillantemente en la reconquista y defensa de Buenos Aires, como capitán del cuerpo de Patricios, pasando más tarde a la Universidad de Chuquisaca, de donde regresó con el título de doctor en jurisprudencia.
 Dentro de su polifacética actividad en el campo político, López ocupó la Secretaría de Hacienda en el Primer Triunvirato; en 1816 el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón lo designó ministro de Gobierno, y en 1822 fue el creador del Registro Estadístico y de la Comisión Topográfica, que tan importante actuación tuviera en el desarrollo regional.
Respecto de don Blas Parera —de quien muy poco se conoce—, podemos decir que nació en el seno de una humilde familia murciana hacia 1776, y se trasladó al nuevo continente arribando a la capital del virreinato en 1797. Muy pronto se convirtió en un reputado profesor de piano y canto de la sociedad rioplatense, hasta alcanzar en 1804 el cargo de “primer músico, maestro, compositor y director de orquesta” en el naciente Coliseo provisional de Buenos Aires.13 Hasta aquel momento se había desempeñado como organista de la catedral y de las iglesias de San Ignacio y La Merced.

En 1809 Parera contrajo enlace con una de sus discípulas del coro de San Nicolás de Bari, Facunda del Rey, con quien procreó dos hijos. Dos meses después de componer la música del himno, solicitó permiso para trasladarse al Brasil, con el objeto de perfeccionar sus conocimientos musicales con Marco Antonio de Portugal. A principios de agosto de 1818 regresó a su tierra natal donde, sumido en la indigencia y el anonimato, transcurrió el resto de sus días. Falleció en la localidad de Mataró, el 7 de enero de 1840.
Un trabajo más pormenorizado, en elaboración, tratará las distintas alternativas y adecuaciones de las que ha sido objeto el Himno Nacional Argentino —llamado así desde 1824—, hasta llegar a la versión que hoy conocemos.

FUENTE: 
HISTORIAS DE LA CIUDAD. 
Una revista de Buenos Aires

N.R.: Con motivo de celebrarse un nuevo aniversario de nuestro Himno Nacional, el Profesor Miranda brindó el martes 11 de Mayo una muy interesante charla por ZOOM, organizada por el Rotary Club El Talar y auspiciada por el Instituto Belgraniano del Partido de Tigre, Provincia de Buenos Aires  





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