domingo, 21 de febrero de 2021

EN EL RECUERDO

HOMENAJE


JULIO CORTÁZAR
Nuestros barrios, presentes en la profusa obra del memorable escritor


Julio Cortázar en su juventud junto a su madre
Un 12 de febrero de 1984 fallecía en París (Francia) el escritor Julio Cortázar, sus restos descansan en el cementero de Montparnasse.
Fue una figura singular y marcó la literatura argentina. Su pluma dejó trascender este rincón de Buenos Aires, el barrio Rawson (Agronomía) que el escritor en sus cuentos identificó con Villa del Parque, donde vivió durante su juventud.
Julio Cortázar nació en Bélgica el 26 de agosto de 1914. Sus primeros años de vida transitaron entre ese país, Suiza y España. Cuando tenía 4 años su familia decidió venir a vivir a Argentina, radicándose primero en Bandfield y años después (1934), él, su madre y hermana Ofelia (Memé) se mudaron a un departamento en el tercer piso del Pabellón I de la calle José Gervasio Artigas 3246 en el barrio Rawson, Agronomía. Vivió allí de manera permanente hasta 1937.

El edificio del barrio Rawson
donde Cortázar vivió durante su juventud
Se recibió de Maestro Normal egresado del Colegio Mariano Acosta y Profesor en Letras. 
Inició la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires pero el imperio de la realidad y la necesidad de trabajar lo trasladarían a Bolívar para dar clases. En ese período solo volvía al barrio de Agronomía a pasar los veranos. Cuando se trasladó a Chivilcoy para seguir ejerciendo la docencia, la mayor cercanía de esta localidad le permitía visitar a su madre y a su hermana los fines de semana.


En 1951 Julio Cortázar decide emigrar y asentarse definitivamente en Francia, con esporádicos viajes por el resto de Europa y América Latina. El último viaje que realizó a nuestro país fue a fines de 1983, tras el advenimiento de la democracia.

Vista aérea de barrio en aquellos años
La obra de Cortazar está atravesada por una particular sensibilidad artística y preocupación social que lo identifica con las clases marginadas y los movimientos de pensamiento progresistas. 
Es considerado uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo por su maestría del lenguaje, dominio del relato corto, la prosa poética y la narrativa breve en general, creador de importantes novelas que inauguran una nueva forma de hacer literatura en el mundo hispano, rompe los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal siempre al borde entre lo fantástico y lo real.
Es una de las grandes figuras del llamado “Boom” de la literatura latinoamericana junto con Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato.
Entre sus obras se destacan “La casa tomada” escrita en el departamento del barrio Agronomía, “La autopista del sur”, “Bestiario” un libro que incluye el cuento Omnibus donde dedica un párrafo a Villa del Parque, “Historias de cronopios”, “La vuelta al día en ochenta mundos” y “El perseguidor”.
En 1963 se publica “Rayuela", obra incluida en la lista de las cien mejores novelas en español del siglo XX.

En su literatura están presentes elementos que fueron trascendentes y que marcaron su vida mientras vivió en Agronomía y que de alguna manera él lo identifica con Villa del Parque. Una de esos elementos es su amada biblioteca que lo inspiró a escribir “Rechiflao en mi Tristeza” Poema de 1976.

Te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria
una buena biblioteca.
Te quedaste allá,
en Villa del Parque,
Con Thomas Mann y Roberto Arlt y Dickson Carr,
con casi todas las novelas de Colette,
Rosamond Lehmann, Charles Morgan, Nigel Balchin,
Elías Castelnuovo y la edición
tan perfumada del pequeño
amarillo Larousse Ilustrado,
donde por suerte todavía
no había entrado mi nombre.


Esta marca vuelve a observarse en el cuento “Ómnibus”, que forma parte del libro Bestiario. Allí el literato escribió: “A las dos, cuando la ola de los empleados termina de romper en los umbrales de tanta casa, Villa del Parque se pone desierta y luminosa. Por Tinogasta y Zamudio bajó Clara taconeando distintamente, saboreando un sol de noviembre roto por islas de sombra que le tiraban a su paso los árboles de Agronomía. En la esquina de Avenida San Martín y Nogoyá, mientras esperaba el ómnibus 168, oyó una batalla de gorriones sobre su cabeza, y la torre florentina de San Juan María Vianney le pareció más roja contra el cielo sin nubes, alto hasta dar vértigo (…) Por la calle vacía vino remolonamente el 168, soltando su seco bufido insatisfecho al abrirse la puerta para Clara, sola pasajera en la esquina callada de la tarde".

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