sábado, 13 de febrero de 2021

EDITORIAL

FEMICIDIOS EN ARGENTINA


“NOS QUEREMOS VIVAS, LIBRES Y SIN MIEDO”.


NI UNA MENOS.


Entre el compromiso real, la hipocresía y la desidia.


Escribe: Lic. MÓNICA RODRIGUEZ - Dirección


Días pasados amanecíamos con la noticia del femicidio de Úrsula Bahillo, pocos días después otra joven fue asesinada en Marcos Paz a manos de su pareja y delante de sus pequeños hijos.

Estos casos que trascendieron en los medios de comunicación masiva no son más que una pequeñísima muestra de tantísimos casos que permanecen silenciados ante la opinión pública escondiendo una verdadera endemia que se agrava año tras año.
Sin haberse cumplido al cierre de nuestra edición los primeros 45 días de iniciado el 2021, ya se contabilizaban 46 femicidios, más de uno por día, según el parte del Observatorio Lucía Pérez (*). En la mayoría de cada una de estas tragedias quedaron niños huérfanos. Pero mirar estas cifras es tan solo contabilizar los casos más extremos y los que llegan a esclarecerse. Quedan otros tantos en investigación, los intentos de femicidios que no terminaron de perpetrarse, la violencia de género, familiar y todos los tipos de acoso que subyacen cotidianamente contra las mujeres y niñ@s.

Ante este cúmulo de violencias es claro que la voz de las mujeres y de los varones de bien se alza cada vez más alto para luchar con verdadero compromiso contra este flagelo.

Es evidente también que el sistema debe y puede mejorarse para contar con más herramientas que permitan actuar y neutralizar a los agresores mucho antes.

Pero no podemos permitir que la hipocresía nos gane y sea un factor que distraiga y postergue abordar de una vez por todas esta emergencia nacional.

El Estado argentino hoy cuenta con los elementos e instrumentos necesarios para impedir estos femicidios. Y el caso de Úrsula Bahillo desnuda como la desidia fue además del autor material, la causante de una muerte que podría haberse evitado.

Mientras el Estado se permita mantener calentando sillas a “funcionari@s que no funcionan” -como dijo una alta mandataria no hace mucho tiempo- ocupando cargos en el ámbito público en todos los poderes y niveles, personajes elegidos a dedo, por amiguismo, acomodo y hasta por “herencia” y no sean reemplazados por funcionarios probos que lleguen a ocupar esos puestos después de haber atravesado concursos públicos transparentes donde demuestren su capacidad, idoneidad y sobre todas las cosas su verdadera vocación de ser servidores públicos, nada cambiará.
Estos malos funcionarios y malos empleados públicos seguirán siendo una “maquina de impedir” cualquier política pública que se proponga implementar y serán un freno para la actuación de quienes sí intentan por todos los medios ejercer su función de manera eficiente y eficaz.
Es decir, aquí que nadie se haga el distraído mirando para otro lado. Pongamos el foco donde debemos ponerlo porque podremos crear más organismos federales, provinciales y/o municipales, cambiar y dictar las leyes más progresistas pero no pasarán del papel y la muerte de mujeres por violencia de género se seguirá multiplicando si las sanciones no recaen sobre toda la cadena de responsables que por no cumplir con su deber en tiempo y forma (por acción o por omisión) terminan siendo participes/facilitadores para que los femicidios ocurran.

Y esto es lo primero que debemos exigir el colectivo femenino y todos los varones de bien. De lo contrario, solo alimentamos el gatopardismo (cambiar todo para que nada cambie).

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