sábado, 15 de agosto de 2020

EDITORIAL

NUESTROS  NIÑ@S Y JÓVENES


LEVANTAR LA HIPOTECA, NUESTRA PRINCIPAL MISIÓN


Un escenario sombrío pone a prueba una vez más la capacidad de resiliencia de nuestra sociedad que no debe claudicar a desarrollarse porque eso significaría condenar a la postergación a nuestras futuras generaciones.


Escribe: Lic. MÓNICA RODRIGUEZ - Dirección


Sin duda el año 2020 quedará grabado para siempre en la historia mundial como un punto de inflexión sobre el cual aún no podemos medir el alcance de sus consecuencias.
Sí sabemos que ha golpeado de un modo muy particular a niños y jóvenes de nuestro país.
Al respecto un reciente informe de UNICEF publicado el pasado 5 de agosto dio a conocer el “Impacto de la Pandemia y las medidas adoptadas por el Gobierno sobre la vida cotidiana de Niñas, niños y adolescentes, a partir de la segunda encuesta de percepción y actitudes de la población 2020”.

En función de los resultados del estudio, el organismo alerta que entre diciembre de 2019 y diciembre de 2020, la cantidad chicas y chicos pobres pasaría de 7 a 8,3 millones, estas proyecciones darían como resultado que el porcentaje de niños y niñas pobres en Argentina para fines de este año llegaría al 62,9% en promedio, pero la medición en los barrios populares alcanzaría el 90%.
Este escenario se da en el contexto de un Estado que ha generado diferentes políticas públicas para moderar el impacto de la crisis que produjo el COVID, desde la asistencia a través del IFE (con alcance de 13 millones de personas que habitan en 2,8 millones de hogares con al menos un miembro que recibe el IFE), los programas de asistencia al trabajo y la producción, la asistencia alimentaria a través de la Tarjeta Alimentar y las ayudas directas con bolsones de alimentos y en comedores comunitarios, a la vez que se mantuvo siempre el Ingreso Universal por Hijo y otros planes sociales.
Pero la pandemia y el aislamiento social preventivo y obligatorio también afecta a los niños y jóvenes en su desarrollo social, psicológico y educativo.

En lo que hace a los aspectos sociales y psicológicos la encuesta de UNICEF revela que "desde el inicio de la cuarentena un 48% de los chicos y chicas muestra alteraciones con las comidas, un 46% alteraciones con el sueño y un 16% problemas de comunicación, situaciones que constituyen alertas de los efectos del aislamiento sobre el desarrollo infantil.
La población adolescente es la que más se siente protegida con el ASPO, y lo apoya en el 95% de los casos. Aun así, un 26,8% de los chicos y las chicas dijo sentirse angustiado, casi el 25% está asustado y hay un 11% deprimido. Consultados sobre lo que más les cuesta de la cuarentena, 7 de cada 10 respondió “no ver a los amigos”, el 51% “no salir”, el 38% “no poder ir a la escuela”, el 38% “estar encerrado/a”."
Sobre el retorno a la escuela, "hay un 43% de chicos y chicas que tiene miedo a contagiarse, un 14% que teme viajar en transporte público y un 27% cuyo temor es “no poder recuperar el ritmo de las clases presenciales”."

Y qué pasa a nivel educativo? Más allá de la situación privilegiada de algunos barrios de la ciudad de Buenos Aires, proyectado en todo el país, se estima que solo el 30% de los niños ha tenido asegurada su continuidad escolar a través de plataformas online -con todas las adecuaciones necesarias-, ya sea porque los niños/jóvenes carecen de dispositivos (computadora, tablet o celular), no pueden usar los dispositivos siempre que lo requieren porque deben compartirlo con otros miembros de la familia (hermanos en edad escolar o padres que realizan teletrabajo), tienen mala conectividad ó directamente no acceden a Internet; o porque las situaciones de habitabilidad no le permiten prestar atención en clase (en la mayoría de hogares los convivientes comparten los ambientes). De este modo, muchos niños y jóvenes no solo habrán perdido el año escolar sino que corren serio riesgo de quedar fuera del sistema si para el año próximo las autoridades no ponen especial atención en que esos niños y jóvenes se reinserten en el colegio.
Sin duda un escenario sombrío que pondrá a prueba una vez más (y van?) la capacidad de resiliencia de una sociedad que no debe ni puede claudicar a desarrollarse porque eso significaría condenar a la postergación a sus futuras generaciones.
La verdadera hipoteca de nuestro país no es financiera ni es con acreedores externos, el verdadero condicionamiento a nuestro desarrollo en un mundo inserto en la cuarta revolución industrial y tecnológica es ese más de 60% de niños de nuestro país que sufren hoy una pobreza multidimensional (alimentaria, salud, económica y ambiental) y un gran porcentaje también es estructural.
Encontrar el camino no será obra de un gobierno sino de una Nación decidida a dejar atrás el subdesarrollo.


UNICEF basa sus cálculos en datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y pronósticos del Producto Bruto Interno (PIB), provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI).

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