miércoles, 12 de mayo de 2021

HISTORIAS PARA COMPARTIR

ENTREVISTA


Julio Mario Delgadino


EL HOMBRE DETRÁS DEL ARTISTA Y DEL EMPRENDEDOR


Supe de la existencia de Julio a través de una vecina promediando la cuarentena estricta que nos toco vivir en 2020. En ese momento, Lorena, que tiene un enorme aprecio por Julio apeló a las redes para pedir ayuda por su vecino.
El hombre había tenido una descompensación cardíaca y estaba internado en un hospital de la zona. Debido a las restricciones sanitarias de aquel momento, las autoridades del nosocomio no le permitían a la familia ver al paciente y tampoco le daban partes médicos sobre su estado de salud. En ese momento de tanta angustia, amigos y conocidos trataban de dar con alguien que pudiera averiguar cómo estaba Julio.
A los fines de dar una mano, Lorena, la vecina en cuestión, creó un grupo de Whatsapp incorporando a aquellos que desde un principio nos habíamos interesado y solidarizado. A través de los chats de estos vecinos que mostraban un sincero afecto por Julio, me enteré que durante muchos años había estado al frente de un comercio ubicado en Av. Mosconi y Condarco, en el barrio de Villa Pueyrredón. Como consecuencia de la pandemia y de la cuarentena estricta, había tenido que bajar la cortina definitivamente y posiblemente la tristeza que lo embargaba hizo flaquear su salud.
En ese mismo espacio supe que para estos vecinos Julio no era un comerciante más y el local que llevaba adelante no era simplemente un negocio de venta de “comidas para llevar”. Era mucho más. Se había transformado en un referente, un rincón cultural, un punto de encuentro de amigos, de personas afines que se animaban a debatir y analizar ideas alrededor de una mesa común que se armaba cada tanto, inclusive en la vereda.
Cuando Julio fue dado de alta y felizmente se recuperó volvió a regalar su poesía, esa a la que tenía acostumbrados a los transeúntes que se paraban en la puerta de su local, casi como en una cita obligada, para leer los pensamientos, reflexiones y versos de su autoría escritos con su puño y letra en una pizarra.
Todo esto motivó nuestra inquietud de conocer la historia de vida de un hombre que se había ganado el aprecio y cariño de sus pares mucho más allá de su condición de emprendedor. Y así combinamos una entrevista que compartimos con ustedes.

P: ¿Dónde naciste?
R: Nací en Paternal en 1966 y hasta los cuatro años viví en un conventillo que estaba ubicado en la calle Espinoza. Luego, con mi familia nos mudamos a un club de barrio que estaba sobre Cucha Cucha, mis padres oficiaban de caseros y allí vivimos hasta el principio de mi adolescencia, cuando nos mudamos a Ciudadela.

¿Cómo fue tu infancia?
R: Tuve una infancia maravillosa!. Recuerdo que con mi amigo Osvaldito jugábamos todo el día en la calle. En realidad, como la mayoría de los pibes de aquella época, vivíamos casi todo el día fuera de casa. La primaria la hice en la Escuela “República de Ecuador”.
A los diez u once años ya nos animábamos a subirnos al “24” para ir a ver películas en continuado al querido y glorioso CINE PARQUE y a la salida nos íbamos a comer unas porciones de “muzza” a la pizzería “Parque” -estaba en Cuenca, donde hoy está el shopping- y mientras comíamos nos quedábamos mirando la vidriera de la Juguetería “El abuelo”.
Eran otros tiempos, más lentos, más respirables y mucho menos vertiginosos de los que son hoy. Y esto lo digo en un sentido descriptivo, no como una crítica.
A veces a la distancia pienso cómo mis padres no tenían miedo que pasáramos tantas horas en la calle. Mi infancia se hizo en la vereda, en la manzana. Nuestros viejos a lo sumo nos asustaban con el “hombre de la bolsa”, hoy las cosas son mucho más duras y dolorosas.

P: ¿Y la secundaria?
R: La secundaria la hice en el ENET Nº35 “Ingeniero Eduardo Latzina” que está ubicado en Lope de Vega y Baigorria. En aquellos años era una escuela orientada pura y exclusivamente a automotores y éramos 99% varones. Tuve solamente dos compañeras mujeres y una de ellas llegó a recibirse. Era una época donde las mujeres no solían optar por los “fierros”. En el año 84/85 se sumó una nueva orientación en computación, pero para ese entonces yo ya había terminado mis estudios.

P: ¿Cuándo decidiste emprender?
R: En los primeros años de la década del ´90 alquilé mi primer local en Bolivia y Cabezón. En el año ´97 me trasladé a Av. Mosconi y Condarco y allí estuve hasta que me vi obligado a cerrar el año pasado.

P: ¿Cómo fueron todos esos años en Villa Pueyrredón?
R: Fue como estar en dos barrios distintos. Villa Pueyrredón fue un barrio hasta 2003… 2004… y después todo comenzó a cambiar, a transformarse. Las casas bajas se fueron demoliendo, los viejos vecinos fueron desaparecieron y los edificios de altura comenzaron a tomar protagonismo.
La mayoría de mi clientela era gente mayor que le gustaba el sabor de la comida casera que nosotros hacíamos y digo nosotros porque era un emprendimiento familiar.
Cuando el barrio comenzó a transformarse, intuí que en una década el éxito de nuestro negocio se iba a ir apagando porque la gente mayor ya no iba a estar y los nuevos vecinos que iban llegando tenían otro perfil, en lugar de la comida casera que nosotros ofrecíamos, preferían el sushi y en vez de tomarse un cafecito en el bar de la esquina, elegían sentarse en confiterías de conocidas franquicias.
Así Villa Pueyrredón pasó de ser un barrio de casas bajas a convertirse en una extensión de Villa Urquiza y Belgrano.

P: ¿Pero aún con todos los cambios pudiste seguir adelante?
R: Sí, manteníamos una clientela muy asentada aunque en los últimos años, sobretodo del 2016 en adelante, se hizo más duro. Igual estaba convencido que iba a recuperarme. Y vino la pandemia y me dio el empujón final.

P: Tu local no era solo un simple local de comidas…
R: Siempre me gustó combinar aquellas cosas que me apasionan como la literatura y toda la movida cultural. Así que comencé armando una pared donde no se ponía ningún tipo de promoción, era un espacio destinado a reflejar pensamientos de escritores, fotos de líderes, reflexiones… Poco a poco en el lugar, LA CUEVA, así se llamaba mi negocio, comencé a organizar presentaciones de algunos cantantes y a la gente le gustó y se fue naturalmente traduciendo en un refugio de quienes teníamos ganas de pensar y analizar diferentes temas. Se generó una movida muy linda, muy enriquecedora.
Mi negocio era un negocio de barrio, con atención personalizada, nos conocíamos con nuestros clientes, había confianza. Era un emprendimiento a la antigua… nunca quise poner los modernos sistemas de delivery a través de las aplicaciones.

P: Toda esa movida también se tradujo en un video…
R: Si, Santiago Crivelli, un chico divino… hizo un cortometraje en 2015 que se llama LA CUEVA y está subido a Vimeo (ver)



P: ¿Cómo es tu vida ahora?
R: En este momento estoy sin trabajo y me resulta difícil la reinserción laboral. Por un lado porque tengo 55 años, soy muy joven para jubilarme y muy viejo para competir con un chico de 28-30 años que además tiene habilidades tecnológicas que yo no tengo. Por otro, tampoco puedo dedicarme a aquello que estudié, porque todo lo que yo vi no existe más. Hoy para diagnosticar un auto necesitás una computadora y yo estudié sobre un Chevrolet 400, un Falcon.. Amigos mios que siguieron en la profesión tuvieron que ir capacitándose para agiornarse.
Encima soy cero tecnología. Me siento totalmente fuera del sistema. El otro día una amiga quería que nos encontremos por ZOOM y yo en la compu ni siquiera tengo camarita. Hasta hace pocos años tampoco tenía celular y jamás usaba mi cuenta de mail.
A veces me parece estar dentro de la serie de LOS SUPERSÓNICOS (1973) cuando el jefe le hablaba a sus empleados a través de una pantalla… y nosotros nos preguntábamos ¿esto ocurrirá algún día?… Bueno, hoy, 47 años después lo estamos viviendo.
A veces siento que hoy si nos sos una persona con tales o cuales características, como yo, estás fuera del sistema, son un excluido.

P: ¿Qué cosas te dan placer, satisfacción y hoy son tu salvavidas para sobrellevar este momento?
R: Leer a grandes autores y la música. Amo a Cortázar, Borges, Pessoa, Herman Hesse, Pizarnik. Y muero por el flaco Spinetta. Escribir y compartirlo con quienes disfrutan de mi poesía…
Y por supuesto, sigo buscando trabajo para sostenerme!

POESÍA ENTRECORTADA
La poesía esperará
ella siempre lo hace
sabrá entender que por momentos
esto es como respirar
y que a veces
no es fácil respirar
con una naturalidad que suponemos.
Cuesta llenar los pulmones de aire
y hacer con ese mismo aire
algo de poesía…
Ella entenderá
ahora que la expuso
de a bocanadas
entrecortadas
como anillos de humo.
                           Julio

2 comentarios:

  1. Bravo Julio!!!Muy linda entrevista!!!Fuerza, a tirar para adelante, siempre que llovió, paró!! Hermosa la poesía 👍💪💪😍😍😍💜💜

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