sábado, 23 de enero de 2021

INSTITUCIONALES

INSTITUTO GLAUX


¿DE QUÉ ESTÁ HECHA LA ESCUELA?


Escriben: ROSANA NIEVA, SILVANA GROTTAROLI, ANDREA TRICARICO
Nivel Inicial - Primaria


"Y acá estoy… con el mundo patas para arriba
Y acá estoy construyendo puentes para encontrarte y que me encuentres"
Carlos Skliar


¿Cómo hacer funcionar la escuela sin ir a la escuela? ¿Cómo es una escuela que funciona en otro espacio y en otros tiempos? No hay respuestas (ni recetas) para estas preguntas que aparecen entre nosotras todas las semanas, como un desafío, desde que la pandemia, en forma urgente, nos obligó a imaginar y a llevar adelante nuestras clases en el mundo virtual.
Ese perfume que nos envuelve cada marzo, el perfume del comienzo, que llena cada rincón de la escuela y que se multiplica en risas, juegos, abrazos, palabras se esfumó en forma repentina. El paisaje se llenó de interrogantes: cómo comunicarnos, cómo vincularnos, cómo aprender, cómo jugar, cómo divertirnos, cómo crear puentes sin estar en la escuela.
El primer objetivo que nos propusimos era tan sencillo como complejo: poder encontrarnos, poder estar cerca en una situación que parecía alterar la vida cotidiana (y de hecho lo hacía) hasta en sus más mínimos detalles. Todo se nos aparecía como especial, atípico, único.
A lo largo de las primeras semanas, enviamos tareas e información por email, videos, audios de WhatsApp, llamamos por teléfono. Con las sucesivas extensiones de la cuarentena, en nuestros espacios de trabajo, empezamos a pensar en otro formato de escuela.
Muy rápidamente, las familias nos manifestaron la necesidad de los chicos de encontrarse, de verse, de acercarse a sus docentes. Extrañaban la escuela. El deseo era compartido: extrañabamos a los chicos, teníamos ganas de verlos, de mirarlos a los ojos.
Los primeros encuentros virtuales (en Zoom, en Classroom) nos permitieron la continuidad. A través de las pantallas, los chicos se veían y hablaban unos encima de otros: se contaban cosas, jugaban, hacían chistes, se reencontraban con sus docentes. Eran escenas un poco caóticas y, a la vez, muy necesarias.
Asegurada la continuidad, decidimos mapear el escenario en el que estábamos trabajando. Nuestra escuela mantiene un vínculo muy cercano con las familias y sentimos la necesidad de saber qué estaba pasando en cada uno de los hogares de los chicos.
Armamos encuestas, realizamos entrevistas personales y reuniones familiares en videoconferencia y abrimos espacios de conversación para conocer al detalle la realidad de cada casa: desde el estado de ánimo de los chicos y de los adultos hasta los eventuales problemas de conexión y disponibilidad de equipos.
—Es el Glaux en cuarentena— nos dijimos. Nuestra escuela es inclusiva y también debía serlo en este contexto tan particular. Nos comunicamos mucho, nos adaptamos, hicimos ajustes. Incorporamos reuniones en Zoom y clases de apoyo.
En nuestras reuniones de trabajo, de las que participaban docentes y equipos directivos, investigamos herramientas, compartimos estrategias, evaluamos los recorridos de los grupos, imaginamos nuevos proyectos, le buscamos la vuelta para superar los desaciertos.
Con el correr de los meses, cuando definitivamente maduró en nosotras la idea de que este año sería un año por completo distinto y que la pandemia había llegado para quedarse, dejamos de ver a las tecnologías digitales como una “herramienta” para empezar a verlas como otra oportunidad de aprendizaje. Un espacio y un tiempo particulares que fuimos aprendiendo a habitar cada vez con más soltura.
Los encuentros por Zoom o Classroom se fueron haciendo más interactivos, más ricos. Avanza el año y ya hay nuevos hábitos de convivencia y de trabajo en la virtualidad.
Lo que algunos meses antes habían sido gritos, nervios… a veces enojos, se transformó en un respeto por los tiempos de cada uno, en un disfrute compartido alrededor de videos, cuentos, juegos, experimentos, clases. Y fue mucho más que eso: nos encontramos y compartimos cómo nos sentíamos, qué pensámos, qué nos pasaba…
El acompañamiento de las familias fue fundamental. Nos mantuvimos siempre cerca para conocer no sólo su realidad cotidiana, sino también sus opiniones. Además, participaron con entusiasmo en actividades y proyectos que tenían como escenario la propia casa de los chicos. En este año en particular, les agradecemos muchísimo este acompañamiento.
A pesar de lo difícil que fue enfrentarnos a este desafío de hacer funcionar la escuela sin poder encontrarnos cada mañana, nos sentimos satisfechas al comprobar que pudimos llevar la tarea a cabo gracias al trabajo de todos. Cerramos este año con resultados muy positivos: una gran participación y un alto grado de aprendizaje de todos los chicos.
¿La escuela es sólo un espacio físico? ¿O somos todos nosotros, chicos, docentes y familias, cada uno desde su lugar, haciendo su aporte y siendo parte? Este año raro, en el que el espacio y el tiempo parecen desdibujarse, también nos deja una respuesta a esta pregunta.
Seguimos cuidándonos, seguimos sintiendo y pensando juntos. Y también extrañándonos. Con mucha expectativa por poder volver a encontrarnos.

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