sábado, 19 de diciembre de 2020

NOTA DE TAPA

EDITORIAL



Escribe: Lic. MÓNICA RODRÍGUEZ -  Dirección


Un año sumamente complejo en el más amplio sentido de la palabra está llegando a su fin y de alguna manera el cambio en el calendario en esta oportunidad genera una emoción muy particular.
Por supuesto que el 1º de enero de 2021 no se habrá borrado de un plumazo -ni mucho menos- la incertidumbre sanitaria que está abrumando al mundo desde aquel fatídico 31 de diciembre de 2019 cuando a través de la Oficina de la OMS en China comenzamos a anoticiarnos de varios casos de una neumonía de etiología desconocida -causa no precisada- detectados en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei (China), y que en pocos meses se transformó en una pesadilla que puso patas para arriba a gran parte de los países de los cinco continentes.
En Argentina la pesadilla comenzó el 3 de marzo cuando se registró el primer caso “oficial” de COVID -19 y luego fueron sobreviniendo los acontecimientos por todos conocidos: el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio que se extendió hasta hace poco más de un mes con diferentes grados de acatamiento hasta el actual estado de distanciamiento que recala en la responsabilidad individual y se asienta en tres cuidados fundamentales para evitar la transmisión del virus: mantener una distancia prudencial de persona a persona, el uso de barbijo en espacios cerrados y públicos y la higiene periódica de manos.

En el balance de todos estos duros y largos meses la cara más dolorosa es la pérdida de las miles de personas que contrajeron la enfermedad y no pudieron superarla como aquellos que fallecieron de otras dolencias por no haber sido atendidos en tiempo y forma sumado a la desazón de los seres queridos que no pudieron acompañarlos hasta su morada final; el desamparo de quienes perdieron sus fuentes de trabajo, la desesperación ante la imposibilidad de hacer frente a las necesidades básicas e indispensables, la soledad de los adultos mayores y las personas que padeciendo comorbilidades debieron y aún se mantienen prácticamente aisladas y lejos del contacto físico con sus allegados, el limbo en el que quedaron niños y jóvenes cuya escolaridad se vio interrumpida y hoy están prácticamente fuera del sistema educativo por no haber accedido a las clases virtuales o haberlo hecho de manera esporádica y circunstancial, los tragos amargos de encontrarse con personas que demuestran una clara indiferencia y desprecio por el prójimo…
Pero la adversidad siempre tiene dos caras y la mitigación de tanto dolor también llegó de la mano de toda la gente linda que hace lo posible y lo imposible por brindar ayuda colaborar y dar lo mejor de sí; del Estado que se hizo presente con medidas que aún cuando se consideren insuficientes, sin ellas todo habría sido infinitamente peor; de los abnegados médicos, enfermeros, paramédicos y todo el personal vinculado a la salud que siguen trabajando a destajo en los centros de atención para salvar vidas y a muchos de ellos le costó la propia; los docentes que tuvieron que adaptarse en tiempo récord y en esa dualidad de tener que aprender-enseñando para que la mayor cantidad de chicos posibles no quedaran a la deriva y sin la contención necesaria de la escuela, todo el personal esencial que le puso el cuerpo a las diferentes situaciones que atravesamos, las organizaciones intermedias y la infinidad de voluntarios que se movilizan por aquellos que están pasando necesidades extremas ya sea para que no les falte un plato de comida y/o acercarles recursos que les permita paliar el mal momento; las ayudas silenciosas pero no por ello menos importante de vecino a vecino para sortear las dificultades que se fueron presentando y finalmente el apoyo inconmensurable de la familia que en tiempos tan duros como estos toman su verdadera dimensión.
Sin duda el 2020 lo queremos despedir con “bombos y platillos”, muchos hasta lo quieren borrar del calendario, pero como decía una gran amiga… “lo que no mata, fortalece” y superar esta pandemia nos hará más fuertes, ojalá también nos haga más unidos porque si alguna enseñanza han de dejar estos difíciles días transitados es que nadie se salva solo, nos necesitamos los unos a los otros y en mancomunión todo será mejor, más fácil y el futuro más prometedor.
Despidamos este año y recibamos el nuevo con las esperanzas renovadas y con todas las expectativas que se abren gracias a la próxima vacunación masiva que llaga gracias al trabajo inmenso e intenso de la ciencia mundial y una carrera tecnológica para hallar fórmulas sanitariamente seguras y efectivas a la hora de producir inmunidad de “rebaño” que hoy resulta indispensable para superar la pandemia.
Disfrutemos estas fiestas de manera especial, recibiendo el 2021 colmados de esperanza!!!

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